#DLC, De Lo Cotidiano algo EXTRAORDINARIO

Críticos y criticados.

La crítica. Definitivamente una de las más eficientes herramientas para empujarnos a  mejorar lo que hacemos o para herir, generalmente sin intención real de hacerlo, los sentimientos de otros.

“La retroalimentación es un regalo” dicen por ahí, pero para que así lo sea estoy convencido que tanto crítico como criticado tienen que saber dar y recibir dicha crítica.

El problema es que, a pesar de que a absolutamente a todos nos toca, en distintos momentos, estar de un lado y del otro, realmente muy pocos saben cómo dar una retroalimentación efectiva, positiva y productiva y unos tantos menos sabemos también recibir y aceptar una crítica sin sentirnos agredidos del todo.

Por supuesto, para nada me asumo un experto en el tema. Más frecuente que no, he cometido serios y a veces dolorosos errores tanto ofreciendo retroalimentación como recibiendo críticas que van directo al ego que no precisamente fue hecho para tolerar comentarios ácidos de parte de otros; y sin embargo, creo que podría enlistar algunos de los mejores consejos que o bien he recibido, he leído o he visto como ejemplo de otros sobre cómo dar y recibir críticas y retroalimentación.

Si eres quien recibe la crítica:

  • Toma de esta solo que te sea útil para mejorar, el resto descártalo y nada más. Como dice Tim Sanders en uno de sus libros “Las críticas son como los frutos a los que tienes que quitarle la cáscara que los rodea para poder llegar a lo rico de estos».
  • Recuerda que si decides hacer algo diferente que de una u otra manera te haga destacar, llamarás la atención de otros e inevitablemente estarás expuesto a ser criticado, así que engruesa tu piel, abre los ojos, agudiza tus oídos, prepara tu mente y suaviza tu corazón para saber escuchar y entender de la mejor forma lo que otros te tienen que decir.
  • Decide ser vulnerable. No por temor a ser criticado dejes de compartir. Muchísimo menos dejes de seguir tu propio camino. Dibuja tu mapa y ocúpate de lo tuyo.
  • Toma en cuenta de parte que quién viene la crítica. En muchas ocasiones la crítica viene de quienes solamente están buscando desahogar su propia frustración y no tienen nada personal en tu contra; en otras quienes te retroalimentan, aunque al hacerlo parezca lo contrario, en realidad solo quieren ver que hagas mejor las cosas, quieren verte exitoso y por ello debes estarles agradecido; y, por fortuna, en muy pocas ocasiones quienes te critican, por alguna razón que no podremos entender jamás, solo buscan un lugar donde sembrar su temor y coraje, a estos no les regales ni una milésima de tu atención.

Si eres quien critica:

  • Antes de hacerlo pregúntate a ti mismo si lo que estás por decir responde a un temor o frustración propia y en ese caso piensa mejor con quién tienes que compartir esa retroalimentación.
  • Pregúntate si es oportuno, relevante y constructivo lo que estás a punto de compartir. No esperes a que haya pasado la oportunidad de regalar de frente tu retroalimentación, para después decirlo abiertamente a todos los demás menos a quien se la debías de dar.
  • Define si eso que vas a criticar tú lo podrías hacer mejor. Si la respuesta es sí ¿Qué esperas para hacerlo? Deja de criticar y ponte a trabajar.
  • Jamás olvides que toda retroalimentación, si en verdad es de corazón y para mejorar, es mejor darla de frente, en privado y a tiempo. Hacerlo en un frío mensaje por Internet o a modo de chisme en una reunión, borra toda buena intención que originalmente hayas tenido. Hacerlo así, en un principio podría para algunos pocos sonar divertido y “envalentonado”, pero esa es solo la falsa sensación de valentía que el supuesto anonimato que crees tener provee.

NOTA: este post NO lleva dedicatoria personal a nadie. Si te sientes identificado o aludido, antes de sentirte criticado, pregúntate a ti mismo(a) por qué lo sientes así.

Creando tu juego.

Este post, más que ir con dedicatoria, lleva mi profundo agradecimiento a mi hoy amigo Chris Brogan quien hace un par de años me diera uno de los más importantes consejos que he recibido en mi carrera profesional: “Learn the game, learn the rules, learn to move around them and if it doesn’t work for you… build your own game”, “Aprende el juego, aprende las reglas y a moverte en ellas y eso no termina de funcionarte, crea tu propio juego”.

¡Gracias Chris!

Pasamos tanto tiempo adaptándonos al estatus quo de alguien más y aceptando de facto las reglas impuestas por otros que con frecuencia olvidamos el por qué lo estamos haciendo.
Por supuesto, todos debemos aprender a colaborar en uno y otro ecosistema y tenemos que saber adecuarnos a las normas y costumbres que en ese sistema se han establecido para poder llegar a la visión que en conjunto, líderes y colaboradores, han definido y decidido compartir. Eso está muy bien.
El problema es cuando la visión de esa organización deja de ser la visión de todos para convertirse en la visión de una sola persona o un pequeño grupo de gente que está buscando solo beneficiarse a sí mismo y ya no al resto del ecosistema.

Desde mi punto de vista, es entonces cuando precisamente tenemos que aprender a retar al status quo y aprender a modificar las reglas del juego para retomar la visión de todos.

A veces, sin embargo, cuidar el puesto, justificar el trabajo, conservar el pequeño silo de poder, etc. pueden ser motivadores muy fuertes para que los “guardianes del status quo” defiendan a capa y espada su estado ideal, no dando lugar ni a la más mínima sugerencia de cambio.

Entonces somos enfrentados con la necesidad de tomar una importante elección: Por un lado, aceptar al status quo y hacer lo que se nos dice, por el otro encontrar los “huecos” en las reglas e impulsar un cambio positivo y propositivo; o bien crear un completamente nuevo juego que refleje y reagrupe esa visión de grupo por la que originalmente decidimos formar parte del ecosistema, cosa que no resulta para nada sencilla, pues hacerlo es casi garantía de que molestaremos a una que otra persona en el proceso.

Pero, después de todo, estoy convencido de que el Status Quo solo fue creado para ser retado, cambiado y mejorado todo el tiempo, no importar realmente a quiénes incomodemos en el proceso.

Así que cuéntenme: ¿A quién han incomodado últimamente?

(Por cierto, pueden ver una entrevista que le hice a Chris aquí)

Los sueños se sí se cumplen… pero hay que trabajar en ellos.

Tengo que confesarlo. Siempre he sido muy afortunado en lo personal y en lo profesional también.
En lo que concierne a mi carrera profesional, he contado con la oportunidad colaborar con algunas de las más importantes empresas de marketing y comunicación a nivel global y he tenido el privilegio de aprender de los mejores profesionales de la mercadotecnia en México, en América Latina y en el mundo también. Y me siento profundamente agradecido por esto.Después de todo, recuerdo que desde la preparatoria, mi sueño era desarrollarme en este medio. Y sí, mi sueño se cumplió, pero no solo por fortuna sino por un enfoque claro, asumir riesgos, trabajar duro con pasión y dedicación.

Pero la cosa con los sueños es que siempre hay uno nuevo. Siempre hay un nuevo objetivo que lograr y una nueva meta a la cual llegar.

Hace unos años (4 ó 5 para ser más exacto) mi sueño se había convertido en poder incrementar el alcance de mi trabajo como publicista,  “mercadólogo digital” y conferenciante. Entonces una de las más importantes puertas en mi carrera profesional se abrió, mi hoy amigo Gonzálo Alonso,  me invitó a formar parte del equipo de Google en México, precisamente trabajando en la “evangelización” y entrenamiento en marketing digital para las agencias de publicidad, medios y comunicación en el país.

Dos años más tarde, mi sueño mutaba a poder continuar en el camino de la formación y el entrenamiento para ayudar a desarrollar el talento de los profesionales de esta industria que tanto me ha dado y la puerta se abría de nuevo, ahora para cambiar de equipo dentro de Google e integrarme al área de entrenamiento y capacitación; probablemente el más arriesgado movimiento que haya hecho hasta ahora en mi carrera. Desde un punto de vista el más atinado cambio y desde el otro, discutiblemente, el peor error de carrera que jamás haya cometido. Por un lado tenía la oportunidad de adquirir nuevas habilidades profesionales y desarrollar nuevas competencias que, sin duda, hoy me ayudan a continuar con mi sueño. Por el otro dejaba de lado toda la influencia con que contaba en el brazo comercial de este gigante de los medios digitales; riesgo difícil de asumir y privilegio menos fácil de abandonar, pero aún así dí un paso más hacia la realización de mi sueño.

Y como es común con los sueños ya se comenzaba a formar uno nuevo: la creación de una plataforma de colaboración de algunos de los más destacados profesionales de marketing y comunicación quienes, además de ser responsables de algunas de las más importantes campañas, marcas y medios digitales en México y Latino América, comparten también la vocación y la pasión de desarrollar el talento de la industria en nuestro país.
Entonces, compartiendo el sueño con mi socio y amigo Engel Fonseca, asumiendo el enorme riesgo que implicaba; escuchando, con dos granos de sal, a mas críticos de los que quisiera contar; y dispuesto a las largas horas de trabajo adicional que esto representaba, pero creyendo firmemente en este gran sueño; de la combinación de una red social de nicho, de un programa de radio por internet y de la pasión por compartir y aprender, nació Neurona Digital, S.C.

Entra entonces al juego, la sincronizidad.

Sincronizidad,  es la experiencia de dos o más eventos que aparentemente no están relacionados entre sí; que son poco probables de suceder a la vez; y que, sin embargo, al ocurrir, son vistas como si hubiesen sucedido intencionalmente juntas, explicaba en los años 20 el psicólogo Suizo Carl Jung.

“Synchronicity is the coming together of inner and outer events in a way that cannot be explained by cause and effect and that is meaningful to the observer”.  Carl Jung.

Lanzamos entonces esta nueva plataforma, que con el paso de unos meses pasó de la virtualidad y de los eventos en diferentes lugares, al “Click & Mortar” como un buen amigo y colaborador de Nuerona Digital, bien nos describió.

Aún recuerdo esa importante sesión que tuve con mi coach respecto a mis pasos a seguir, mi plan de acción y mis fechas límites para hacer que todo sucediera; y recuerdo también los consejos que amigos, algunos importantes figuras del medio, que en esos momentos dejaban la vida corporativa para convertirse en emprendedores, me compartieron.
No todo fue miel sobre hojuelas debo decir. Mi rol, ahora regional en Google, requería muchos más viajes de lo que es comprensiblemente disfrutable para una persona tan hogareña y familiar como yo,  además de que en más de una ocasión comentaron la necesidad de mudar mi rol a un sitio más cercano al hub de la región, es decir a Sao Paulo, Brasil.
Al no aceptar este movimiento mi rol perdía peso a pasos agigantados y la brecha entre el impacto que tenía mi trabajo como Neurona Digital en la industria y el que cada vez menos tenía mi trabajo dentro de Google, era cada a día mayor. Y la necesidad de una sana separación era para todos más que evidente.

He aquí la sincronizidad…

Fast forward a un año y medio después y ese día llegó. Justo un mes y medio antes de la fecha límite que en lo personal me había fijado. Uno propone y la vida dispone, dicen por ahí.
Y con todo el agradecimiento y enorme apreciación por todo lo aprendido y logrado en Google, llegó el momento de dejar esa empresa que, corriendo el riesgo de sonar más cursi de lo que me gustaría, siempre llevaré en el corazón; para dedicarme ahora a continuar construyendo este sueño hecho ya realidad.

Y es que como dije al principio, los sueños sí se cumplen, pero hay que trabajar con pasión, claridad y dedicación para hacerlos realidad; y estar dispuestos a asumir los riesgos que realizarlos puede implicar, porque definitivamente el mayor riesgo sería no arriesgarse a hacer nuestros sueños realidad.No por nada en mis Daily 8’s siempre incluyo: Keep dreaming & Take action / Sigue soñando y actúa. Porque nadie más que tú puede dedicarse a hacer tús propios sueños una realidad.

¿Y ustedes en qué están soñando hoy?

No hay fórmula mágica…

Ni bala de plata, ni receta infalible, ni remedios milagrosos…
Si quieres crear campañas de comunicación y marketing exitosas, o si quieres tener éxito en cualquiera que sea la actividad que realices todos los días, solo hay una verdadera constante que está presente: siempre tienes que tomar riesgos.

Por supuesto hay metodologías de planeación estratégica que nos ayudan a entender dónde estamos parados y qué está sucediendo con nuestro consumidor y al respecto del mundo de nuestra marca y su categoría; procesos que nos ayudan a definir claramente los objetivos que queremos lograr; y modelos que nos ayudan a determinar nuestra estrategia y el plan de acción que vamos a ejecutar para lograr estos objetivos, en base al análisis de las diferentes variables que hemos tomado en cuenta.
Y claro que contamos con diversos aprendizajes previos y modelos predictivos y «benchmarks» para guiar nuestra toma decisión y elegir el que creemos que será el mejor camino para llegar al punto que queremos.
Pero seamos claros: No importa cuanto queramos curarnos en salud estudiando y replicado el pasado éxito de otros (o el propio), tenemos que estar dispuestos a arriesgarnos y abiertos a equivocarnos, pues esa es la única forma en la que en verdad podemos seguir avazando.
Hace unos días, mientras explicaba en mi clase de planeación estratégica, que quienes vivimos de la mercadotecnia y la publicidad tenemos que aprender a vivir y trabajar en «prueba y error» o mejor dicho «prueba y lección», una alumna replicó que eso no hacía sentido, que ella se había inscrito a ese diplomado para aprender lo que sí funciona y nada más…
E inmediatamente me llevo a pensar en la cantidad de veces que, en alguno y otro foro, me han preguntado y pedido ver cuáles son los casos de éxito y la fórmula casi secreta que estos desarrollaron para lograrlo.
Y cada vez respondo, a veces con menos paciencia y otras con mayor gracia, que la única constante real que puedo ver entre todos estos «casos de éxito» no es la buena aplicación de su metodología de planeación, ni la buena y clara definición de sus objetivos o la buena creatividad y ejecución que lograron, pues todas estas pueden variar dependiendo de los ojos con que sean vistos. En realidad la única constante verdadera que veo yo es que en todos esos casos entendieron que lo que tenían que hacer era precisamente dejar de buscar fórmulas secretas y balas de plata y simplemente arriesgarse a hacer, a tomar acción, estar dispuestos a equivocarse y a aprender.
Piénsenlo, ¿podrían empresas como P&G, Unilever, Google, FaceBook, Ford, etc. haber llegado a donder están hoy sin haberse arriesgado, sin haber estado dispuestos a equivocarse y a aprender?
Después de todo, como dice Seth Godin en su último libro, Poke the Box: «Recompensamos a quienes dibujan los mapas, no a quienes los siguen».

A pesar de tus críticos.

A pesar de tus críticos y sus semillas de duda, sigue adelante con tu plan. 

A pesar de los críticos y sus cinismo, sigue adelante con tus sueños.

A pesar de los críticos y su “mejor forma” de hacer las cosas, sigue adelante ejecutando tu plan de acción.

A pesar de los críticos y su opinión respecto a tus asociados, sigue adelante fortaleciendo tu relación con tus colaboradores.

A pesar de los críticos y su desconfianza, sigue adelante creyendo en ti.

A pesar de los críticos y sus juicios, manténte fiel a tus valores y principios.

A pesar de los críticos y sus “sugerencias”, sigue adelante con tú visión.

A pesar de los críticos y su agenda, sigue adelante con tu vocación.

Hacerse de críticos es muy sencillo. Basta hacer algo distinto, nuevo, diferente, en otro momento o con alguien más para que, casi al instante, tengamos un séquito de críticos observando e impacientemente esperando tener el más mínimo pretexto para poder obsequiarnos su crítica.

Pero a pesar de ellos, sigue adelante en tú camino pues al final, quien tendrá que vivir con las consecuencias de tus decisiones, con tus errores, logros y lecciones eres tú y nos tus críticos.

Live (at your best) and let live.

A veces empezar bien el día, resulta más difícil de lo que quisiéramos. Sobre todo cuando vemos como el mundo parece estar fuera de control… catástrofes naturales en un lado del mundo, absurdas guerras en otro, la violencia y el tráfico de drogas y de armas en el nuestro y, como si no les fuera suficiente, personas que solo mal gastan su energía y la de los demás peleando innecesaria y públicamente con otros individuos que, con buenas o no tan buenas intenciones (depende del punto de vista de cada quien y de conocer la historia completa) han provocado en sus detractores una sobre reacción y ganas de destruir lo que otros han creado.

Destruir el trabajo de otros es mucho más fácil que construir la propia obra de cada persona; y crear una artificial imagen de «moralidad», pisoteando el error de otros hasta el cansancio (o por lo menos el de quienes te siguen o leen) resulta también mucho más sencillo que tomar la iniciativa de crear algo positivo y propositivo que construya en favor de otros. Sin mencionar claro la cómoda posición de no hacer nada para solo criticar desde la seguridad de un teclado, en lugar de escoger la vulnerabilidad de crear algo.

Por supuesto el hacer grandes cambios en la sociedad y en el mundo no es para todos y no podemos esperar que el mundo esté lleno de Gandhis, Bransons, Mandelas y Sharmas.

Pero lo que sí es cierto es que cada quien puede, desde su pequeño cuadrito de mundo, tomar acciones para mejorar en mayor o menor medida, la vida de quienes habitan los otros cuadritos de mundo a su alrededor.

No es necesario hacer mucho, ni gastar dinero. Ni siquiera se requiere de mucha energía. Es más, en ocasiones, hacer nada es mucho mejor. Pero si quieres hacer algo positivo por alguien más, ¿por qué no empezar con pasos que pueden parecer pequeños para ti, pero que pueden ser realmente significativos para alguien más?

  1. Celebra el trabajo de alguien más. Hazles saber lo mucho que aprecias su esfuerzo y dedicación.
  2. Presta tu atención y empatía al amigo que tan solo busca desahogar  por un momento su frustración.
  3. Comparte con alguien más lo que sabes. Permíteles que se beneficien de tu experiencia, de tus aciertos y de tus equivocaciones y las lecciones que de estas has aprendido.
  4. Sonríe. Sonríe con sinceridad.
  5. Aprende algo nuevo. Asegúrate de que no se te vaya el día sin llevarte una lección más.
  6. Crea nuevas oportunidades para alguien más. Presenta a quienes pueden beneficiarse de esa nueva relación, aún si tu no tienes nada que ganar.
  7. Impulsa el trabajo de otros. Ayúdalos en la medida que puedas a cumplir sus objetivos y a llegar a la meta que quieren alcanzar.
  8. Se agradecido. Agradece profundamente todo lo bueno que tienes en tu vida y agradécelo con sinceridad.
  9. Desarrolla tu talento. Sueña, planea y vuelve a soñar como puedes explotar todas las destrezas, habilidades y fortalezas que tienes. Pero después ponte a trabajar. Acciona y ejecuta tu plan. Arriésgate, equivócate, tropiézate, levántate y vuelve a caminar.
  10. Respeta a los demás. Respeta sus ideas, sus preferencias, sus intereses, su origen, su historia y su trabajo. El que no coincidan del todo contigo, no necesariamente quiere decir que estén mal.

Escoge lo que quieras. Escoge no hacer nada si así lo prefieres. Pero no elijas destruir el trabajo de quienes sí han querido poner su granito de arena, aún cuando la manera en que lo estén haciendo no sea la que mejor te parece a tí. En ese caso, ocúpate de ti mismo y, como dicen por ahí… «live and let live».

¿Algún otro consejo que me quieran compartir?

  • Ten claro cuales son tus prioridades en la vida: la familia, la salud, el bienestar.
  • No tengas un plan de carrera. Ten un plan de vida. Define que quieres de la vida y como quieres vivirla.
  • No caigas en la tentación de la escalera corporativa, los grandes sueldos y los títulos nobiliarios. Si solo te enfocas en estos, tarde o temprano seguro que los obtendrás, pero tan solo lo harás para luego descubrir que, a pesar de todo lo que haz logrado, estás haciendo exactamente aquello que no te hace feliz.
  • No busques trabajo, más bien encuentra un motor económico que te ayude a construir la vida que quieres vivir, haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer.
  • Jamás ignores o digas que no a un abrazo, a una caricia o a un beso de tus seres más amados. Después de todo, cuando todo termine ellos son quienes estarán a tu lado.
  • Manten tu vida simple y sencilla. Tener lujos está bien pero jamás deben serte necesarios para vivir. Conoce y define bien tus necesidades para vivir bien y todas las noches poder dormir.
  • Cuida tu salud y mantente en buena condición física, la necesitarás para seguir luchando y para disfrutar tus logros también.
  • Mantente siempre fiel a tus principios y valores, estos simplemente no son negociables o intercambiables.
  • Conoce tus fortalezas y tus áreas de oportunidad; y enfócate sobre todo a mejorar las primeras.
  • Se autentica y profundamente agradecido con la vida y con quienes te rodean.
  • Rodéate de quienes te inspiran a esforzarte para ser mejor. Si crees que eres el que más sabe o más puede en la habitación donde estás, seguramente no te encuentras en donde deberías estar.
  • Estudia, lee, escucha música, conoce gente nueva y aprende de ellos.
  • Viaja y conoce otras maneras de ver la vida. 
  • Aprende a descansar y a recrear.
  • Pasa tiempo contigo mismo y aprende de la soledad.
  • Házte de un coach y de un mentor. El mentor te compartirá todo lo que sabe y te mostrará su camino. El coach te acompañará y apoyará en el recorrido de tú propio camino.
  • Asume tu responsabilidad. Habla menos, ejecuta más.
  • Se siempre humilde, honrado, amable, considerado y honesto con los demás.
  • Da de ti, de tu tiempo, de tu experiencia y conocimiento y haz muchos más favores de los que puedes pedir.
  • No solo busques aprovechar cada oportunidad que se presenta ante ti, crea oportunidades para los demás también.

Son solo algunas de las cosas que me recuerdo a mi mismo cada vez que me encuentro preguntándome que debo hacer para continuar construyendo la vida que quiero vivir.

Y ustedes ¿Qué otros consejos me quisieran compartir?

Equivocarse está bien, no hacerlo, no.

¿Cuándo fue la última vez que se equivocaron? ¿Cuáles fueron las consecuencias de su error? ¿Qué aprendieron entonces y cómo aplicaron su lección?

¿Cuándo fue la última vez que criticaron a alguien por el error que cometieron o peor aún lo juzgaron y condenaron, haciéndolo que “pague” por su equivocación?

Equivocarse está bien. Hacerlo muchas veces y con frecuencia ¡está muy bien! Quiere decir que seguimos intentando, que estamos aprendiendo y cada vez más acercándonos a aquello que queremos lograr.

Cometer exactamente el mismo error una y otra y otra vez, no está bien. Tenemos que aprender a reconocer con humildad cuando nos hemos equivocado y abrirnos a aprender la lección que ese difícil momento nos da.

Jamás cometer un error, está simplemente mal.  Presumir que nunca te has equivocado es confesar que nunca te has arriesgado a hacer algo nuevo y que ni siquiera lo has querido intentar.

Y criticar y condenar a quienes se equivocan una y otra vez, mientras observan seguros y cómodamente detrás de un escritorio es mucho, muchísimo, peor.

Así que si en algún momento sentimos las ganas de criticar a alguien en nuestro trabajo, en nuestra familia o en nuestro círculo social, por el error que cometieron, tomémonos un momento para preguntarnos ¿Y últimamente en qué me he equivocado yo?

 

Nuestra carrera y la sostenibilidad.

Sustentabilidad. Una palabra muy en boga últimante y un concepto que le ha estado dando muchas vueltas a mi cabeza en los últimos meses.

Hoy no resulta extraño escuchar la palabra “sustentabilidad” en todo tipo de plática, desde una conferencia en la que el tema central es la responsabilidad social y las práctica sostenibles de la empresa, hasta en charlas en la mesa de al lado donde hablan de las prácticas ecológicas que cada quien tiene en su casa mientras, quienes platican, beben café en un vaso de papel reciclado.
Vaya, hasta un cursos sobre energía personal sustentable, tuve oportunidad de tomar hace poco más de un mes, en el que el concepto rector es la buena administración de nuestra energía personal como recurso auto-sustentable.

Sin embargo, hasta ahora, no he escuchado a muchos hablar sobre la sostenibilidad de nuestro desarrollo profesional y personal.

Carreras profesionales y vidas sustentables.

“No me importa todo eso que dicen del coaching, ni del balance de vida con el trabajo, mucho menos del “work smart” y que puedas hacer bien tu trabajo en menos horas, lo cierto es que, en esta organización, la gente que más crece es la gente que trabaja más horas y hace más cosas”, me respondía el “country manager” para México, de una muy importante empresa global, ante mi aseveración sobre la enorme importancia de apreciar y reconocer el esfuerzo de los integrantes de una organización y del crucial respeto que hay que tener por su vida personal, sus intereses particulares y desarrollo personal.

De acuerdo a varias definiciones, el término sustentabilidad se refiere al equilibrio que hay entre una especie con los recursos del entorno al cual pertenece. En otras palabras, la sustentabilidad, trata de satisfacer las necesidades de la actual generación pero sin que por esto se vean sacrificadas las capacidades futuras de las siguientes generaciones.

Pero si seguimos el camino que esta persona sugiere y solo trabajamos largas horas, haciendo más y más para satisfacer nuestras necesidades de desarrollo profesional y las de la empresa para la que laboramos ¿no estaríamos, precisamente, descuidando totalmente las necesidades del resto del ecosistema social al que pertenecemos? ¿en verdad es sostenible esa manera de trabajar?

Es entendible y deseable querer desarrollar una sólida y éxitosa carrera profesional llena de ascensos meteóricos y la acumulación de incrementos salariales; es totalmente necesario que todos busquemos la mejor forma de cubrir las necesidades económicas, de seguridad y estabilidad de nuestras familias; y es absolútamente importante que todos seamos agradecidos y leales a la organización para la que trabajamos. Pero ¿hasta qué punto tenemos o podemos llegar sin sacrificar otros aspectos de nuestra vida y de la de los demás?

Y no solo me refiero a cuidar el tiempo de descanso y distracción, como muchos, equivocadamente, creen que es tener un balance entre lo personal y lo laboral, sino a un equilibrio básico que, como personas, tenemos que cuidar para desarrollarnos, sí en lo profesional, sí en lo personal, pero también en lo familiar, en lo social, en nuestra comunidad y en lo cultural.

¿Dónde está el equilibrio? ¿Hasta dónde podemos llegar, sin que el viejo modelo industrial en el que alguien tiene que perder para que otros puedan ganar, termine por romper el poco balance que queda? ¿Cuántos profesionales con crisis nerviosas o agotamiento por estrés, cuánto talento desperdiciado y sin desarrollar, cuántas más familias con hijos descuidados y desatendidos tenemos que tener a cambio de una oficina ejecutiva más?

Y con esto, para nada pretendo decir que no debemos trabajar ni que debamos hacerlo con menor tesón, por el contrario, siempre debemos hacerlo con dedicación y pasión, pero esa misma dosis de pasión, de enfoque y dedicación la debemos de inyectar a los otros aspectos de nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro cuidado personal, a nuestra cultura y a nuestra comunidad.
Porque ¿por qué habría que sacrificar uno o varios aspectos de nuestra vida por uno solo nada más? ¿Sería eso sostenible? La respuesta, creo que yo, es para cada quien algo muy personal.

Five in Life

Vivimos en un época en la que es casi imposible conocer a alguien quien no esté ocupado todo el tiempo y un poco más.

La mayoría de las personas que conozco están activos cada vez más horas y cada día pasan más tiempo sin descansar.

Pero la pregunta que me queda es ¿Y estamos logrando más o solo nos estamos ocupando más, perdiendo más tiempo y desgastándonos más?

Estar muy ocupados y “hacer más” no es lo mismo que lograr más.

Hay muchas razones por las que hacemos las cosas que hacemos:

Algunos porque buscan seguridad y estabilidad: “Si trabajo todos los días de 9am a 18pm cada quince días recibiré, siempre seguro, mi cheque”.

Otros por miedo: “Si no hago lo que me están pidiendo justo en este momento puedo perder mi trabajo”.

La mayoría hacemos lo que resulta fácil, rápido, divertido y poco comprometido: “Tengo mucho que hacer pero estar posteando en Twitter es más divertido”.
Y solo algunos pocos están haciendo eso que requiere de un mucho mayor esfuerzo pero que es realmente estratégico e importante para lograr aquello que quieren lograr.

Y el círculo vicioso siempre empieza igual: primero muy pocos saben con claridad a donde quieren llegar y a falta de esta visión adoptan la “certeza” como condición. Toman un trabajo estable en el que, si cumplen fielmente con sus tareas, ganarán una cantidad razonable para tener seguridad y estabilidad en su vida. Muy pronto esas tareas se van acumulando, algunas resultan placenteras y sencillas y otras más aburridas o pesadas, se convierten casi en una pesadilla.
Entonces viene ese efecto dulce y engañador en el que decidimos dejar de hacer aquello que teníamos que entregar para distraernos con actividades sin importancia, ni propósito que solo nos llevan a la procrastinación.

Muy pronto entonces, aquellas simples tareas que nos ofrecían esa estabilidad, se convierten, a falta de cumplirlas, en amenazas a esa seguridad y corremos espantados a hacer lo que podemos para evitar que el regaño o reprimenda sea mayor.

Y así muchos más de los que quisiéramos aceptar, se pasan toda una vida ocupándose mucho para no lograr llegar a ningún lugar.

Pero el problema no está en no hacer lo importante y estratégico. Tampoco está en ocuparse con lo estable, distraerse con la fácil y correr por lo urgente. Jugar y distraerse no tiene nada de malo, Y casi siempre tendremos que sacar del frente a esas tareas “no tan importantes” o “urgentes para otros” para poder continuar nuestro camino hacia lo importante.

El problema es: ¿Cómo nos vamos a enfocar en hacer lo importante y estratégico para llegar a nuestro destino sino sabemos a dónde queremos llegar? Ese es, simple y corto el problema, en realidad.

Por eso la crucial importancia de identificar los básicos tres que nos llevarán a nuestros “5 in life”.

Nuestros “5 in life” o “Big 5” como los llama John Strelecky, son esas 5 cosas que, en nuestro lecho de muerte al voltear atrás pudiéramos pensar: “lo hice, mi vida tuvo un propósito cumplido y no fue solo un vacío pasear”. En otras palabras, nuestros “5 in life” son nuestra métrica de éxito personal con la que evaluaremos si hemos logrado lo que en nuestra vida queremos lograr.

Para algunos será una familia unida, para otros el más alto puesto ejecutivo a lograr y para unos más tal vez conocer algún lejano lugar y mil y un cosas más.

En mi caso mis “5 in life” son:

–       Una familia unida y un hogar lleno de luz y paz.

–       Salud física, mental y espiritual.

–       Desarrollarme como Coach, conferenciante, entrenador y consultor, ayudando a otros a desarrollar su talento y potencial.

–       Crear, escribir, producir y publicar.

–       Aprender a parar y disfrutar.

Ahora, teniendo claro cuáles son nuestros “5 in life”, fácilmente podríamos definir cuáles son, en cada nuevo día esas 3 cosas básicas que tenemos que hacer para avanzar y dar un paso más.

Puede ser que cada día tengamos que hacer muchas otras cosas más, pero jamás deberíamos de perder de vista esas 3 del día que sin duda debemos ejecutar.

Puede ser que una o dos de las tres tengan que ver con las tareas sencillas que nos dan estabilidad, y puede ser incluso que en ocasiones una de estas tenga que responder a una urgencia especial. Por supuesto, podemos dejar tiempo para hacer lo divertido y que nos distrae, pero siempre, cada día deberíamos de realizar, de entre todo lo que hacemos, esas 3 cosas básicas que si hacemos todos los 365 días de cada año nos acercarán más y más a cumplir con nuestros “5 in life”.

2010 con saldo a favor.

Así es, el saldo ha sido favorable, una vez más en 2010.

Hace algunos años, después de haber pasado unos días muy difíciles con una crisis familiar que le hacía segunda a una semi crisis económica que a penas “terminábamos” de resolver, y que amenazaba con hacernos pasar una sombría navidad y un austero fin de año, decidí hacer un recuento de todo lo que en esos 365 días acaba de vivir.
A simple vista cualquiera hubiera dicho “pobre hombre, espero que le vaya mejor”, pero en realidad, después de sumar todos los problemas y retos de ese año, la respuesta era más que evidente: el saldo era totalmente a favor!
La familia seguía completa y sana, nuestro hogar intacto y las ganas de hacer más estaban presentes.
Desde ese entonces, cada año, me gusta hacer los mismo y, con profundo agradecimiento a la vida, este año también puedo decir que el saldo es a favor.

Seguro que podría hacer un recuento de todo lo que me quejé en el 2010, recordar uno que otro amargo trago, discusiones sin sentido y malos ratos. Podría reclamar que fueron demasiados viajes los que hice, abrumante la candidad de trabajo que tuve y muy poco el tiempo que goce para mi mismo.

Pero la realidad es que, si bien tal vez hubiese sido un tanto más cómodo viajar un poco menos y tener una carga menor de trabajo, este año hice, después de todo, justo lo que más disfruto y mejor se hacer.

Tuve oportunidad de compartir y aprender, de soñar y poner muchos planes en acción, de conocer a muchas personas, poner mi granito de arena en sus vidas y aceptar el suyo en la mía también.

Sin duda alguna este ha sido el año que, por trabajo, más he viajado en la vida, pero a pesar de lo cansado que eso fue, la realidad que escojo ver es que tuve oportunidad de visitar 17 ciudades en Norte, Sur, Centro América y el Caribe. Y pude conocer, compartir y aprender de más de 2mil personas en el año.

Tuve la fortuna de poder lanzar junto con mi amigo y socio fundador, Engel Fonseca, la plataforma colaborativa para el desarrollo de talento en Marketing Interactivo de Neurona Digital y fuimos lo suficientemente afortunados de contar con el apoyo de grandes profesionales, referentes de esta industria en México y América Latina con quienes estoy profundamente agradecido: Gonzálo Alonso, Martín Aceves, Pavel Álvarez, Fernando Treviño, Carlos Cantú, Carlos Martínez, Enrique Quevedo, Rebeca Dallal, Alejandro Rodríguez, Herbert Hernández y Mauricio Angulo.

Pude cumplir también con mis objetivos de desempeño y desarrollo en mi trabajo en Google y conocer a mucha más gente talentosa, de la que antes había conocido, en toda la región.

Pude también continuar colaborando con todo el equipo de IAB México y otras asociaciones en México.
Pude colaborar con un grande del mundo editorial, Don Manuel Mandujano, co-editando el libro colaborativo de Conversación-ES que, por fin, después de casi un año estamos a punto de publicar (más de esto en próximos posts).

Pude conocer a increibles y talentosísimas personas que jamás imaginé hacer como Brigitte Seumenicht y Eloy López, celebridades y líderes de pensamiento como John Battelle, Vinton Cerf, y jóvenes talentos como Edmundo Gómez, Raymundo González, Paulina Bravo y Sarai Cortés.

Pude continuar compartiendo casi todas las semanas, aquí en DLC, en el programa de Radio de Neurona Digital y además comenzar a escribir en Vuelo Digital también.

Y a pesar de lo que parezaca con tanta actividad, tuve, sobre todo, la ENORME bendición de poder pasar mucho más tiempo de calidad y en cantidad también, con mi esposa y con mi hija, mucho más incluso del que muchos padres con trabajos más “tradicionales” podrían presumir. Y aunque se que debo procurar tener una mejor condición física, gozo de buena salud también.

¡Definitivamente el 2010 es un año que otra vez, con agradecimiento profundo, aprecio y humildad, puedo decir que termino con saldo a favor!

Y solo me queda esperar que ustedes también, junto conmigo, puedan gritar:

Keep sharing, keep learning, keep dreaming, take action, stay curious, be kind, stay happy y…

¡Gracias 2010!

El precio de no atraverse

Seguramente las has sentido antes y temido tanto que las escondiste en el lugar más profundo que pudiste encontrar: las ganas de hacer ese algo que hasta ahora no te has atrevido a hacer.

Has pensado en mil y una sólidas razones para justificar tu falta de acción. Has buscado incluso la comprensión de otros para validar tu decisión (o falta de esta) de no ir adelante con ese proyecto: “No cuento con los recursos”, “Necesito mucho dinero para hacerlo”, “Me falta experiencia”, “Requeriría una red de contactos mucha más grande”, “No tengo el tiempo suficiente para hacerlo” o la mejor de todas, “¿Por qué cambiar las cosas si así funcionan bien?”
Incluso, recuerdo hace poco haber escuchado a un importante ejecutivo de un muy importante medio digital comentar que no podía imaginarse por qué habría personas que quisieran trabajar en un lugar distinto a ese que él representa, si no solo está a la cabeza de la categoría, pero también ofrece estabilidad y seguridad para sus empleados.

En tiempos como en los que estamos viviendo, una reacción así resulta hasta compresiva, es decir ¿por qué alguien querría dejar de lado todos los beneficios que trabajar en lugar así donde, a pesar de toda la innovación y cambios propios de la industria, la mayoría de los asuntos para los empleados están prácticamente solucionados?”
¿Quién querría, estando en una situación, relativamente privilegiada, romper con el estatus quo? Muy pocas personas diría yo.

Pero la realidad es que si no existieran esas personas decididas a estudiar y entender la situacion actual, definir estrategias y tomar riesgos, algunas veces menos calculados que otras, ese estatus quo que tantas personas quieren defender y conservar no sería tan perfecto, caducaría, vencería… tarde o temprano terminaría por no funcionar.
Como dice Charlie Rose “Puedes perderlo todo si lo único que te interesa es proteger solo una cosa”.

Y es que piénsenlo un momento, no importa que tan cómodos nos sintamos con como las cosas están, ¿de qué nos sirve el estatus quo de otro?

El otro día leí una cita que, desde mi punto de vista lo resume todo muy bien: “Atreverse es perder el piso temporalmente, no hacerlo es perderse a si mismo para siempre”, Aabye Kierkegaard.

Y solo dos preguntas me quedan:
¿Qué te atreviste a hacer en 2010? y ¿Que piensas cambiar en el año que está por comenzar?