7 nuevas cosas que por la mañana puedes practicar
¿Han tenido uno de esos días en los que hubieran preferido quedarse en la cama?
¿Conocen o son la típica persona que dice no ser «un morning person»?
Desde que despiertan están de mal humor, salen peleados con la mitad de las personas con las que viven; son víctimas del tráfico que cada mañana los atrapa por más de una hora y, cuando por fin llegan a su oficina, después de por lo menos una media hora de retraso, están tan enojados que sucumben ante la más mínima provocación y cazan la pelea con quien menos deben de hacerlo, transcurriendo así la mañana, el día y las semanas; no solo desgastando así su imagen profesional, sino erosionando también su espíritu, provocando que cada día les resulte aún más difícil comenzar.
La manera en la que comenzamos cada uno de nuestros días, es definitivamente determinante sobre la forma en la que viviremos cada uno de estos y, por consiguiente, también tiene un impacto por demás importante en la manera que la que nos comportamos y relacionamos con los demás y como dejamos nuestra huella o marca personal.
Por eso, y porque creo que es indispensable que cada día nos demos la oportunidad de empezar mejor, quise compartir 7 cosas que se que podemos hacer diferentes al arrancar cada nuevo día:
1- En lugar de quejarnos por tener que levantarnos temprano para ir a trabajar, demos las gracias por la oportunidad de vivir un día más y
por todo lo que ese día podremos disfrutar. Ser agradecidos en todo momento cambia totalmente la manera en que percibimos la vida y nos ayuda a identificar y apreciar todo lo bueno que tenemos cada día.
2- En lugar de tomar nuestra Black Berry, I-phone o lo que sea que usemos, para ver los emails de pendientes y presiones que ya nos han
enviado o ver las noticias amarillistas del día, leamos algo que nos agregue valor, algo que nos enseñe algo nuevo o algo inspirador.
Leer algo inspirador no solo puede levantarnos el ánimo, pero también enseñarnos los que otros en el pasado han hecho para resolver los problemas por los que a penas hoy nosotros estamos pasando.
3- En lugar de apretar el botón de snooze de nuestro despertador 6 u 8 veces cada 5 minutos hasta que no tenemos otra opción más que despertar, ganémosle la batalla a la cama y aprovechemos esa media hora para caminar y meditar un rato, pasar media hora así, procurando nuestro cuerpo y nuestra mente, es mucho más productivo que pasarla dormitando entre alarmas.
4- En lugar de salir con el estómago vacío y adolorido con gastritis, tomémonos unos minutos para preparar nuestro desayuno y el de nuestra
familia y hagamos un espacio para sentarnos a la mesa con ellos. Pasar este tiempo con ellos a final de cuentas rendirá muchos más frutos que
cualquier junta mañanera, así que, de ser posible, agenda tus reuniones de trabajo para después de las 10am, y date y a los demás tiempo de empezar tu día con lo que importa de verdad.
5- Si te es posible, y va de acuerdo a las políticas de tu trabajo, en lugar de salir a las 7:30am a hacer una hora u hora y media transportándote hasta tu
trabajo, acuerda llegar a las 10am, sal de tu casa a las 9:30 y la hora ganada, aprovéchala para trabajar desde casa. O aún mejor, busca
poder trabajar desde casa un día a la semana. No creerías lo mucho que puede crecer tu productividad poniendo esto en práctica aunque sea un solo día a la semana y nada más.
6- Al manejar o transportarte a tu trabajo, en lugar de escuchar las noticias amarillistas y angustiantes o avisos inútiles sobre el embotellamiento en el que ya estás, mejor escucha un programa que te haga reir o música que haga cantar. Creemelo mucho mejor que llegar amargado a la oficina, es llegar silbando o tarareando una canción acompañada de una gran sonrisa que compartir con los demás. Y de las noticias importantes, de todas maneras te vas a enterar.
7- Al llegar a tu oficina, en lugar de pasar como fantasma inadvertido hasta tu escritorio, asegúrate de detenerte a saludar a la gente con
quien convives todos los días, conócelos un poco más, pregúntales como están, te sorprenderías de todo lo que puedes aprender de ellos tan solo tomándote unos
minutos para convivir.
Y así podríamos seguir buscando más y más formas de arrancar en grande cada uno de nuestros días, ademas de como cerrarlo igual, pero ese será cosa de otro
post.
¿Y tú que cosa especial haces diferente cada mañana al despertar?
Cuidado con tu Gremlin personal
¿Recuerdan a los Gremlins? ¿Esas pequeñas y destructoras criaturas que en tan solo una noche logran desquiciar a toda una pequeña ciudad usando el miedo como su mejor arma?
¿Cuándo fue la última vez que vieron un Gremlin? Definitivamente no fue en 1990 cuando se estrenó la segunda entrega de esa película.
Lo más probable es que lo hayan visto esta semana, incluso hoy mismo. Tal vez no vieron una enana criatura verde con dientes afilados y orejas de murciélago, pero vieron algo mucho peor: su propio rostro en el espejo.
Así es, todos tenemos a nuestro propio, único, exclusivo y siempre servicial Gremlin, dedicado 24/7/365 a destruir y descontrolar cualquier proyecto de vida que queramos realizar.
Además, nuestro exclusivo Gremlin particular, no necesita comer después de la media noche para cambiar y ni una sola gota de agua es necesaria para que se multiplique por cien; nuestro ego se encarga de eso y más.
Pero al igual que en la película, afortunadamente existen algunas acciones que podemos practicar día con día para poner a nuestro Gremlin personal a raya, quieto y en su lugar:
1) Cuidado con lo que consumes. Y no me refiero a lo que comas después de la media noche, aunque tampoco es muy recomendable que comas tan tarde. Más bien estoy hablando de la información que permitimos que entre a nuestra mente todos los días.
Ya en muchas ocasiones he hablado de la manera tan dosificada en que en lo personal veo, escucho o leo las tan lamentables noticias que circulan todos los días. De modo que ahora, con solo una pregunta, me referiré a todo lo demás: ¿cómo no queremos escuchar tanta tragedia en las noticias si nosotros mismos enseñamos a nuestros hijos que asaltar, robar, golpear y hasta matar es normal y hasta heroico? ¿Qué no lo hacemos? Nada más chequen los video juegos que tienen en su casa, no hace falta que ni los vean, solo lean sus títulos; o vean las series o incluso caricaturas que ponemos en la TV donde un Capo de las drogras, un asesino en serie y un defraudador son ahora los héroes…
¿Cómo queremos mantener a nuestro Gremlin personal en paz si todos los días lo alimentamos de tragedia y caos?
Mejor cultivemos mejores hábitos y sembremos un mejor contenido en nuestra mente y la de nuestros hijos. Y no, no les estoy vendiendo el viejo discurso que ataca a los medios y a las marcas por lo que generan y transmiten; ellos están en todo su derecho de hacer lo que quieran con sus recursos y productos, pero ¿saben algo? Ustedes también. La decisión esta de su lado de la cancha, de la misma manera que pueden también elegir controlar los pensamientos que quieren que pasen por su mente.
2) No te salpiques. No solo los gremlins se multiplican al mojarse, también los miedos y los rencores lo hacen. Piénsalo bien, el efecto domino siempre se hace presente cuando el coraje y el enojo te hacen perder el control: dices cosas hirientes, actúas de mala fe, buscas retribución, reaccionas impulsivamente, en fin. La cosa es que por supuesto tu situación solo se pone peor. Es tu Gremlin personal en su máxima expresión.
Cómo decía un viejo amigo: «No escupas para arriba porque inevitablemente te salpicas».
3) Usa tu luz. En la película, la luz era la mejor arma para luchar contra los gremlins, en la vida real también.
En mi parecer todos tenemos dentro una luz que compartir con los demás, y por luz me refiero no solo a un tema energético, sino a la capacidad que todos tenemos de iluminarle el día a alguien más. Quiero decir, no se necesita ser un «iluminado», un chamán o un Yogi para compartir y darle un poco de luz a los demás. Basta con que cada día hagamos algo simple, sencillo y desinteresado por alguien más, puede tratarse de un ser querido, un amigo, un compañero de trabajo o un desconocido total. No importa a quien, todos necesitamos saber que no estamos solos y que las personas, en efecto, aún nos preocupamos por el bien estar de los demás. Tampoco se requiere de esfuerzos desmedidos, sacrificados o masificados, aunque si tienes la capacidad de ayudar a muchos a la vez, no estaría de más; acciones sencillas como detener la puerta del elevador 5 segundos más para otra persona que va a subir, escribir de nuestro puño y letra una nota de agradecimiento o apreciación, regalar nuestro tiempo en una sincera charla de corazón a corazón y sin juicios, pueden bastar.
En fin, este es un hecho que cada quien, por si mismo, tiene que comprobar: Entre más compartimos y hacemos algo por los demás, mejor y más en paz nos sentimos con nosotros mismos; y nuestro Gremlin personal, se transforma en un apacible, alegre y apretujable bola de pelos que hasta queremos cuidar.
5 pasos que aprender y recordar.
Soy humano, demasiado de hecho y como tal suelo cometer muchos errores, sobre todo cuando alguna emoción fuerte está involucrada.
También, como humano, entiendo que aún hay muchísimas cosas que debo aprender a dominar, y no hablo solo de habilidades y trucos nuevos que pueden ayudarme adelantar rápidamente los pasos requeridos para mi carrera, sino habillidades básicas para poder mejorar en mi vida personal, como por ejemplo 5 simples acciones que hacer o dejar de hacer al enojarme:
- Callar: Lo primero que queremos hacer cuando estamos discutiendo con alguien y la conversación sube de tono y vamos sintiendo que el coraje crece como burbuja en nuestro estómago, es querer responder. No importa qué, lo que sea con tal de ganar la discusión para así demostrar que nosotros tenemos la razón. Pero en realidad lo que sucede es que más frecuente que no, lo único que logramos es empeorar, a veces gravemente la situación, pues el velo del enojo que cae sobre nuestra ya nublada mente nos hurta la razón dejándonos solos para decir cualquier idiotez de la que seguramente nos arrepentiremos incluso desde el momento que esas palabras abandonan nuestros labios.
- No reaccionar: a veces, el enojo es tanto que más que hablar queremos reaccionar, hacer algo para liberar tanto coraje y energía negativa que estamos acumulando en nuestro cuerpo; y seamos francos, cuantos de ustedes no han dado el más que ocasional portazo, golpe, almuadazo, patada, aventón o lo que sea que hayan hecho para descargar la rabia que se les había juntado. La verdad es que pocos se sienten cómodos admitiendo que enojados pueden perder el control y hacer rabietas dignas de TAZ o de un niño de 4 años mejor dicho. El problema es que tarde o temprano, nuestras rabietas pudieran lastimar a algún tercero o a nosotros mismos también dejando un pésimo ejemplo e imagen para nuestros hijos y familiares. Después de todo ¿Quién quiere ser recordado como un ogro escandaloso, violento y gritón?
- Respirar: Creo que aquí está la clave de todo. Darnos tiempo para respirar. No permitir que el enojo altere nuestro ritmo de respiración. Cuando lo hacemos, dejamos de respirar calmada y plácidamente y lo comenzamos a hacer en rápidas y cortas inhalaciones y exhalaciones que naturalmente acelaran nuestro organismo haciéndolo sentir que está en un momento de peligro, lo que cual favorece que no podamos controlar nuestra reacción.
- Escuchar: ya que estamos dándonos el tiempo de respirar con calma y romper con la agitación, aprovechemos el momento para escuchar a la otra persona que nos está hablando. Tratemos de entender, quiero decir verdaderamente comprender lo que nos está diciendo. Talvez hasta descubramos que no había ningún motivo por el cual enojarse desde un principio o, por lo menos, veamos que puede haber un acuerdo común para llegar a una solución sin necesidad de destrozarte el estómago.
- Pensar: No solo antes de hablar o para controlar tu reacción, pero también pensar después de la discusión. Meditar al respecto y tratar de identificar qué de todo fue lo que encendió tu enojo, qué sentiste y por qué, entender si ese sentimiento está ligado con otros más, comprender si en verdad es un tema por el que valga la pena tanta pasión o si bien es cualquier cosa que puedes dejar pasar en lugar de enojarte porque creías que, de acuerdo a tus conductas aprendidas a lo largo de la vida, enojarse era la correcta reacción.
Y ustedes ¿cómo manejan su enojo?
¿Recuerdan a Voltron?
¿Recuerdan a Voltron? Si tienen más 25 años probablemente sí y si son mayores de esto probablemente esta comparación les haga sentido; ahora, si tienen más de 45 años y veían todavía a Voltron, quizás sean un tanto más geek de lo normal 🙂
Voltron, para quienes no lo recuerdan o no lo conocieron era una caricatura sobre un grupo de ¿Soldados? ¿Agentes? ¿super héroes? Qué se yo!…El caso es que era un grupo de personas que conducían naves en forma de león, mismos que en el momento más crítico de su batalla, se unían en una sola unidad que formaba a un gigantesco y poderoso robot llamado….exacto! Voltron.
El líder del grupo colocaba su león en… sí sí, lo adivinaron! en la cabeza y torso de Voltron, mientras que los otros vehículos formaban las piernas y pies y los brazos y manos.
Entonces, en movimientos perfectamente bien coordinados que seguían al pié de la letra las instrucciones giradas por la cabeza del robot y potencializadas por el torso de Voltron, cada extremidad o unidad hacía su parte, logrando así… síp lo adivinaron de nuevo… ganar la batalla.
Por supuesto cada integrante del equipo era el mejor en su especialidad y nadie más podría conducir mejor que ellos su propio vehículo, en eso cada quien brillaba a lo grande.
Y claro, como toda estrella, cada uno quería lucir por sí solo y demostrar lo buenos que eran, y así se enfrentaban a sus “enemigos” hasta que, por hacerlos solos y descoordinadamente, comenzaban a perder.
Entonces el líder del grupo llamaba a todos los integrantes a unirse y formar a Voltron una vez más.
¿Pero se imaginan si en media batalla el brazo izquierdo decide ir a la derecha y el brazo derecho a la izquierda, mientras que la pierna izquierda quiere ir hacia adelante y la derecha hacia atrás; y la cabeza no define cuál es el movimiento que hay que hacer?
Seguramente entre discusiones, jalones, estirones y empujones, Voltron se…si! Lo adivinaste de nuevo! Estás muy agudo el día de hoy! …voltron se separaría y su gran poder quedaría aún más débil que antes de que sus diferentes partes se unieran.
Y una vez separados, el ego y la soberbia de varios les impediría darse cuenta de lo importante que es volverse a agrupar , y se ocuparían solo de culpar a los otros por no escucharlos a ellos.
Voltron quedaría inutilizado, no tendría capacidad para hacer ni el más mínimo de los esfuerzos y lentamente dejaría de exisitir.
“¿Pero de qué estás hablando Efraín? ¿En verdad nos estás contando una caricatura?” Algunos se estarán preguntando, pero…
¿A poco no es justo esto lo que vemos que pasa con más frecuencia que no en todas las organizaciones?
Empleados que creen ser los poseedores de la verdad absoluta predicando día con día que ellos saben justo lo que su organización necesita para ser mejor, actuando por separado tratando de lucir más que su equipo, mientras los catalizadores de la empresa, los gerentes y directores de las diferentes áreas, quienes pueden potencializar las habilidades de sus equipos, permanecer inmóviles sin tomar decisión alguna para no arriesgar quedar mal ante la cabeza que no termina de tomar la decisión del camino que hay que seguir.
¿Lo ven? Pies y brazos queriendo ir en distintas direcciones y torso y cabeza sin tomar una decisión.
Visto así, sí que resulta ser mucho más importante que recordar tan solo una caricatura ¿no?
¿Vives tu marca personal o la de los demás?
Te lo tienes que preguntar.
¿Estás haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer o estás haciendo lo que crees que no tienes otra opción más que hacer?
¿Te dedicas hoy a lo que siempre soñaste o estás trabajando solo en lo que piensas que es tu única opción?
¿Eres tú la persona que quieres ser o dejas que te defina el título que indica tu tarjeta de presentación?
¿Estás viviendo como quieres vivir o sobreviviendo la vida que otros impusieron sobre ti?
¿Te comportas como eres o actúas como otros esperan que lo hagas?
Es increíble la cantidad de esfuerzo, recursos y tiempo que dedicamos a hacer lo que los demás esperan de nosotros, cuando tomaría el mismo esfuerzo hacer lo que nosotros queremos hacer.
Me resulta tan poco razonable como día a día nos desgastamos y desvivimos por satisfacer las expectativas que creemos que otros tienen de nosotros, mientras ellos buscan a su vez agradarles a otros también.
Es absurdo que si tenemos la capacidad de trabajar y cumplir con lo que los demás quieren, no utilicemos esa capacidad para crear la vida que queremos para nosotros mismos.
Y es que si dedicamos tanto tiempo y esmero para envolvernos de la marca que nos imponen los demás, ¿qué nos detiene para desarrollar nuestra verdadera marca personal?
La capacidad de hacerlo, claramente está ahí. Si todos los días nos vestimos del rol que otros han impuesto en nosotros, seguro podemos hacerlo con nuestro sello personal.
¿O será que no queremos la responsabilidad de ejercer nuestra marca personal?
Reconoce, entiende y actúa.
En el organismo humano, cuando algo anda mal, el dolor que sentimos es la señal de aviso de que algo a lo que tenemos que ponerle atención, no está bien.
Entonces, si el dolor es tan solo una tolerable molestia, actuamos con la típica actitud desentendida que tanto nos caracteriza e ignoramos las señales. Simplemente decidimos darle prioridad a otras cosas, típicamente mucho más triviales que nuestra propia salud.
Y así, si el dolor no se vuelve más intenso, dejamos que ese pequeño malestar, se vuelva parte de nuestra cotidianeidad, convirtiéndose en un enemigo silencioso que poco a poco, sin darnos cuenta va desgastando nuestro organismo hasta que ese diminuto e ignorado problema se convierte en una seria condición que amenaza nuestra salud o hasta nuestra vida tal vez.
Lo mismo sucede en las organizaciones. El dolor en este caso no es un rayo intenso y agudo en el estómago u otro lugar; más bien se presenta en la forma de uno o varios clientes quejándose del pobre servicio que están recibiendo o en el cambiante y descendente desempeño de los integrantes de la empresa.
A veces, cuando se trata solo de un empleado y estamos envueltos en el remolino de lo urgente, preferimos hacernos de la vista gorda y dejar que esa persona continúe haciendo mal su trabajo, engañándonos y pensando que solo se arreglará o que su actitud no afectará a los demás. En otras, preferimos incluso encubrir sus problemas con tal de continuar “avanzando” hacia nuestros objetivos.
Llegamos al extremo de engañarnos a nosotros mismos haciéndonos pensar que podemos ignorar la situación, en lugar de tomar decisiones y acciones importantes al respecto.
Y así el tiempo avanza y la situación solo hace lo natural: empeorar.
Entonces, llega la crisis: Clientes abandonando nuestros servicios y empleados destacados renunciando o peor aún adoptando una actitud similar.
Y solo en ese momento, cuando la cuota del trimestre se ve amenazada y alguien más arriba en la organización pregunta que está pasando, es que por fin tomamos acción.
A veces, si tenemos suerte, contamos con los recursos y las personas que nos pueden ayudar y aún no es demasiado tarde, logramos resolver el problema y recuperar nuestra salud o la de la organización. Otras, tristemente la única acción que queda es la de la extirpación.
Es decir, terminamos liquidando al sujeto quien provocara la crisis, explicándole lo mal que hizo su trabajo, a pesar de haberle dado buenas evaluaciones por meses y meses; y como su pobre desempeño, ese que ignoramos y hasta promovimos durante tantos meses, afectó tanto a la empresa.
Extirpamos el problema. ¿O no? Porque ¿De qué sirve quitar el elemento dañado, sin que nosotros cambiemos de actitud y volvamos a olvidar que hasta la gripa más simple puede provocar una gran neumonía terminal?
Cuando haces lo que amas se nota
Cuando haces lo que amas se nota, y se nota de verdad.
La semana pasada asistí, con mi esposa, a ver el espectáculo de danza de Joaquín Cortés.
He de confesar de antemano que en lo personal la danza, y en específico el Flamenco, no es algo que me mueva ni emocione (hay gustos para todo), sin embargo ver a este señor en acción fue inspirador.
No porque el espectáculo haya sido bueno, es más, hasta podría no calificarlo así. De hecho seguro muchos estarán de acuerdo conmigo en que la producción puede ser mucho mejor; pero definitivamente sí por ver como él y cada miembro de su elenco: cantantes, músicos y bailarinas, disfrutan tanto lo que hacen.
Y se sincero, ¿Cuándo fue la última vez que durante absolutamente toda una jornada de trabajo, aún en los momentos más estresantes y las tareas más difíciles del día, mantuviste en tu rostro una auténtica y cálida sonrisa? difícil de responder, lo se.
Quienes en verdad hacen lo que aman hacer disfrutan cada momento en que lo hacen. Aún cuando se enfrentan a situaciones difíciles, riesgos y retos, reconocen que es un privilegio poder hacer lo que más aman hacer en la vida. Lo disfrutan tanto que dejan de trabajar para comenzar a vivir; y así, día a día practican fervientemente su vocación. Estudian, practican, aprenden y logran contagiar su pasión a los demás.
Es fácil reconocer a quienes hacen lo que más aman hacer; son esas personas que se entregan tanto a su vocación que hacen ver simples y sencillas las grandes hazañas que hacen día con día, y que, a pesar de los retos y los problemas, simplemente no pierden el ánimo y dejan de sonreír.
Así pues que…¡a sonreír!
¿Lo recuerdan?
¿Lo recuerdan? Esa sensación cuando éramos niños y estábamos a punto de vivir algo nuevo. Lo sentíamos cada año escolar que comenzaba, cada navidad esperando a Santa Clause o cada noche de verano en la que dormir resultaba imposible ante la víspera del viaje de vacaciones que al día siguiente emprenderíamos con nuestra familia. Lo sentimos durante años y años, en distintas etapas de nuestra vida, al pasar a secundaria o al graduarnos de la Universidad o cuando por fin conseguimos nuestro primer trabajo formal.
Pero el ser humano es rutinario por naturaleza y después de un rato el olor a nuevo de esos días se va perdiendo ante la repetición casi automática de aquellas actividades del día a día que en un inicio pensamos que nunca nos hartarían.
Entonces tratamos de suplir lo aburrido de nuestra cotidianeidad con placebos alternativos que en muy poco tiempo terminan por gastar su novedad. Compramos alguna prenda de moda, un viaje de fin de semana o nos mudamos de casa, incluso algunos de país.
Pero olvidamos que no importa cuántos cambios hagamos, siempre habrá la misma constante en todo lo que hagamos: nosotros mismos.
Y así cada vez que “cambiamos” algo en nuestra vida, al poco tiempo volvemos a sentir que nos falta esa emoción de hacer lo que queremos hacer; y todo porque entre tantos cambios y cambios, perdemos de vista que lo que en realidad tenemos que cambiar es nuestra actitud.
Dejar atrás aquello que no nos gusta hacer pero que creemos que no tenemos otra opción más que hacerlo, perder el miedo a arriesgarnos a hacer lo que en el fondo sabemos que más queremos y mejor sabemos hacer. Vernos al espejo y decirnos a nosotros mismos que merecemos darnos la oportunidad de dar un giro real a nuestra vida, tomar la iniciativa y volver a sentir esa profunda emoción que esta noche, después de tantos años, no nos dejará dormir otra vez.
¿Lo recuerdan? ¿Y qué esperan para vivirlo otra vez?
El hábito de agradecer.
¿Qué tan agradecido eres?
Y no me refiero nada más a si aprecias o no todo lo bueno que tienes en la vida.
Por supuesto esto es clave, he descubierto y comprobado en los últimos años, para ser más feliz.
El simple hecho de contar todos los días todas las razones por las que debes estar agradecido, te hace, con el tiempo, darte cuenta de lo realmente afortunado que eres y eso en sí, simplemente te hace sentir mucho mejor.
Agradecer cada día al despertar que tenemos un día más para hacer lo mejor que podamos para nuestra vida y la de los demás, agradecer que gozamos de buena salud, agradecer que nuestra familia está sana y segura, agradecer que estamos rodeados de amigos y seres queridos, agradecer que tenemos que levantarnos temprano para ir a trabajar, agradecer que tenemos un hogar, agradecer que estamos vivos, sencillamente nos hace estar mejor.
¿Pero saben que otra forma de agradecimiento nos ayuda a sentirnos mejor también? Cuando le damos las gracias a alguien por lo que hizo por nosotros, cuando le dejamos saber lo mucho que apreciamos su presencia en nuestra vida y el impacto tan grande que en realidad tiene en esta por todo lo que hace, su ayuda, sus lecciones, su apoyo y comprensión.
Decir gracias no es indicación de una buena educación es, más bien, símbolo de un gran corazón.
Dar las gracias es gratis y sin embargo cuando esa palabra sale desde el corazón, vale mucho más que cualquier reconocimiento material.
Dar las gracias con sinceridad es más un hábito personal que una costumbre social, pues se trata de apreciar de verdad lo que hacen los demás. Y como todo hábito, a ser agradecido se aprende, se practica y se adopta como una manera de vivir.
Así que no queda más que preguntarnos cuántas veces damos las gracias de verdad y cuanto más lo habremos de hacer a partir de hoy.
De modo que a todos ustedes por compartir en DLC, gracias, grazie, thank you, merci, danke, obrigado, arigato, spacibo, salamat.
Audio y video
Normalmente durante estos días todos hablan de la importancia de reflexionar sobre nuestras acciones, nuestros logros, avances, retos vencidos y por vencer, errores y aprendizajes obtenidos durante todo el año; acto seguido por la elaboración de una larga, o corta en algunos casos, lista de “buenos” propósitos para llevar a cabo en el año que está a punto de comenzar.
Nos auditamos entonces poniendo toda nuestra atención en asuntos tales como si obtuvimos el ascenso que queríamos, si compramos el auto con el que soñábamos, si tenemos la pareja que tanto esperábamos, si viajamos tanto como queríamos y si fuimos fieles a la dieta y el ejercicio que nos prometimos.
Entonces quedamos listos para hacer lo mismo un año más… Y yo me pregunto: ¿y?
Por eso este año estoy convencido de que el tipo de análisis que tenemos que hacernos a nosotros mismos, no es contra una lista de promesas faltas, rotas, cubiertas, ciertas o incompletas.
Este año, tenemos que asegurarnos de que nuestro audio esté bien sincronizado con nuestro video.
¿Han visto una película japonesa doblada al Inglés o al Español? Esas películas en las que los personajes, al decir en Español una frase de dos palabras siguen moviendo la boca como si recitaran un trabalenguas completo y en las que solo mueven la boca una solo vez pero en el audio se escuchan por lo menos 4 o 5 palabras más.
Pues justo así es como muchos de nosotros frecuentemente nos vemos al no tener nuestro audio bien sincronizado con nuestro video todos los días. En pocas palabras: decimos una cosa pero hacemos otra.
Predicamos que para nosotros lo importante es ser felices y sin embargo olvidamos sonreír.
Prometemos que cuidaremos mejor nuestra salud pero a la mañana siguiente la cama le gana al ejercicio y en la mesa el pastel de chocolate le gana la batalla a una simple ensalada.
Decimos que queremos trabajar, pero buscamos cualquier pretexto para no tener que hacerlo.
Insistimos en que lo más importante es nuestra familia pero pasamos todo el día en la oficina.
Alardeamos de nuestra “avanzada” preparación, pero al tratar a la gente olvidamos toda educación.
Presumimos que ser feliz es más importante para nosotros que el dinero, pero nos negamos a arriesgarnos a hacer lo que en verdad nos hará felices pues queremos tener seguras las “comodidades” que el dinero “nos da”.
Y así, mal sincronizados, se nos pasa un año más.
Así que esta vez, en lugar de solo revisar nuestra olvidada lista de propósitos para el 2009, regalémonos el tiempo de ajustar nuestro video con nuestro audio en todo lo que hacemos.
Asegurémonos de tener muy claro qué es lo que más valoramos en la vida, a dónde queremos llegar y qué estamos dispuestos a hacer para llegar ahí y que no, y comencemos a actuar de una vez por todas de manera congruente con lo que decimos valorar.
Tal vez hacerlo no nos traiga limosinas ni viajes en primera clase (o quizás sí, si eso es lo que quieres en verdad), probablemente no nos traiga fama ni gloria (a lo mejor sí, si eso es lo que valoras en realidad); pero definitivamente sí que nos acercará mucho más a lo que cada uno de nosotros llama para sí, felicidad.
Y el carrusel sigue girando…
Esto sucedió hace algunos años ya: 5 profesionales de la mercadotecnia digital nos encontrábamos reunidos en un obscuro y escondido rincón del área de exhibición del festival creativo que estaba por comenzar; y mientras Dani, Zemog, Calleja y yo, liderados por Miguel Carlderón, calificábamos lo mejor de los pocos trabajos digitales que habían sido inscritos, el resto de los jurados trabajaban en grandes habitaciones calificando a lo mejor de la publicidad.
Dos años más tarde, me encontraba en una reunión a la que asistieron distintos participantes importantes de la industria de la mercadotecnia y la comunicación. Algunos trabajaban desde hacía ya tiempo en medios digitales y otros teníamos tan solo algunos años haciéndolo, pues veníamos del mundo de la mercadotecnia “tradicional”. Y sin embargo, todos nos conocíamos ya. Ya con la mayoría había tenido la oportunidad de colaborar, solo que esta vez algo se notaba diferente: el carrusel de la industria había girado nuevamente y, como sucede casi casi en ciclos perfectamente definidos, todos habíamos cambiado de lugar; quienes trabajaban para la empresa A ahora lo hacían para la C y los que estábamos en la organización B, ya trabajábamos para la A.
Todos viejos conocidos, haciendo cosas “nuevas”, pero prácticamente ni un solo rostro nuevo alrededor.
Y así, casi al mismo tiempo algunas caras nuevas comenzaron a surgir; empresas y operaciones independientes, desarrolladores de sitios y tecnología empezaron a ofrecer los servicios de marketing interactivo que las grandes agencias y anunciantes por tanto tiempo habían ignorado ya.Gente brillante, excelente para desarrollar y producir más no para hacer mercadotecnia y publicidad.
Pasó el tiempo y pude ver como la rueda giraba otra vez y como muchos de esos viejos y ahora también nuevos amigos intercambiaban una vez más su lugar.
Durante un par de años la industria giró y giró, casi como si quisiera que la fuerza centrífuga de sus giros la hiciera crecer, olvidando que justo como cuando hacemos girar un removedor en leche, lo único que crece es la ilusión de las burbujas de aire y nada más.
Cada vez más de esos amigos iban cayendo en la opresiva persecución de la cuota anual o trimestral.
Excelentes directores creativos ahora parecían directores de finanzas, los desarrolladores que tanto comenzaron a aportar ahora comenzaban solo a querer cobrar. Y así también, quienes tanto promovían y navegaban con la bandera de la formación, la dejaban tirada por perseguir su bono anual.
Y por unos años funcionó. La industria creció. Tan solo un par de puntos porcentuales que inflaron las burbujas, pero creció.
Y hoy el carrusel está nuevamente a punto de girar. No conozco una sola organización, anunciante, medio o agencia que no tenga grandes objetivos de crecimiento en el corto, mediano y largo plazo y que no estén teniendo problemas reclutando el talento que requieren para hacerlo.
Reclutarlo digo porque prácticamente nadie quiso darle el peso debido a la formación de su personal actual. Todos se ocuparon de vender y cobrar y nunca de desarrollar. Tanto así que incluso hace poco alguien me replicó: “No me importa entrenar a nadie si no me compran a mi”.
Y ahora, que tanto medios como agencias y anunciantes requieren de un equipo mejor preparado para enfrentar la realidad del mercado actual nos damos cuenta de que nuestros equipos aún manejan los mismos paradigmas de hace años. Al grado que incluso algunos de quienes trabajan del lado de los medios “innovadores” trabajan bajo la caduca idea de que alguien tiene que perder para que ellos puedan ganar.
Y no se limita esto a los medios nada más. Muchas veces he escuchado ya a distintas agencias decir que no quieren entrenar a nadie pues no vaya a ser que la competencia se los vaya a llevar…
Así que el problema ahí está, el talento de la gente que se quiere preparar y entrenar también y solo hace falta de abramos los ojos y comencemos a desarrollar el talento de la la gente que durante años ha estado aquí esperando a que la queramos impulsar.

Parásitos vs colaboración
De acuerdo a la Real Academia de la lengua Española la palabra parásito define a «un organismo animal o vegetal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y desgastándolo sin llegar a matarlo.»
También define a «una persona que vive a costa ajena.»
Y cosa increíble resulta que aún en esta época que muchos hemos calificado con la «era de la colaboración», aún veamos a algunos parásitos merodeando día con día por ahí.
Los vemos de distintas formas, todos los días. Desde el hombre sano de casi 40 años de edad que aún vive dependiendo de sus papás, hasta las empresas que absolutamente nada regresan a su comunidad. Lo vemos también en los empleados que deciden hacer una carrera anónima en la organización para la que trabajan y que cada día asisten a cumplir con el mínimo indispensable para seguir cobrando su salario sin tener que esforzarse ni un poco más y evitando ser visto ni para bien ni para mal; y lo vemos peor aún en el vendedor que solo está buscando la manera de, literalmente, arrebatarle el dinero a sus clientes, o en unos casos, hasta a sus compañeros de trabajo para cumplir con la cuota del mes.
En la biología, se cree que en algunos casos, este tipo de relación puede evolucionar, a lo largo de muchas generaciones de parásitos y hospedadores, a una simbiosis mutuamente beneficiosa.
Pero para mala suerte de los parásitos profesionales, esto no es así.
Trabajar con la cabeza agachada para que nadie allá arriba te vea y te dejen en paz, no funciona; siempre habrá quien claramente te puede ver.
Ser una empresa que solo quiere vender y cobrar tampoco funciona; más temprano que tarde la gente se da cuenta de esto y simplemente se aleja de ti.
Y tratar de sangrar a tus clientes y colegas como si fueran un barril sin fondo, funciona aún menos que lo anterior; siin duda alguna ese pozo muy pronto quedará seco.
Hoy no debemos pensar en solo sacar y sacar. Necesitamos poner.
Hoy no podemos más tratar de solo obtener algo de los demás.
Por el contrario, hoy más que nunca necesitamos aportar, necesitamos generar, necesitamos contribuir a la vida de los demás.
No se trata de impactar a millones y millones de personas, aunque si lo podemos hacer, no estaría nada mal.
En tanto, basta con que cada día que pasa toquemos la vida de una persona más para saber que por fin hemos empezado a aportar a la vida de los demás.
Así que te pregunto: ¿seguirás siendo un parásito o comenzarás a colaborar?


