M.A.P.A.
Autonomía: Compartir la visión de nuestro negocio y marcar un rumbo claro hacia dónde nos dirigimos es imprescindible. Delegar y asignar claramente las responsabilidades de cada quien y fijar exprésamente las expectativas que tenemos del trabajo de cada persona lo es también. Pero darle entonces a cada integrante del equipo el espacio, el poder de decisión y la responsabilidad para, con sus propios recursos, talento, experiencia y maestría, poder cumplir con los objetivos que claramente fijamos con anterioridad, es indispensable para que puedan avanzar y aportar.
Propósito: Contar con una compensación robusta y beneficios atractivos en contra prestación del trabajo realizado es de absoluta importancia, pero dejarle saber a los integrantes de nuestro equipo que con su trabajo están día a día impactando positivamente la vida de otros y que son una pieza importante dentro de la compleja maquinaria que mueve a la empresa, a una industria o a una comunidad, crea en ellos un sentido de propósito y contribución básicos para la realización personal de cualquier profesional.
Atención: Conocer de cerca a los miembros de nuestro equipo, aprender sobre sus intereses, fortalezas, pasiones, principios y valores; y poner atencíon a aquellas grandes y pequeñas cosas que mueven su vida día con día, para identificar como podemos apoyarlos ubicándolos en roles en los que puedan continuar desarrollando su potencial, a la vez que aportan más a nuestra organización es indispensable para darles Maestría, Autonomía y Propósito también.
Y la pregunta que queda entonces es: ¿Están estos cuatro importantes valores en el MAPA de tu organización?
Picture credit: PepperCam
Medio año, un tema, una rueda, una escala, una visión y un reto reducido.
Julio ha llegado y con él el inicio de la segunda mitad del año; 184 días fresquecitos y por utilizar para continuar trabajando en nuestro tema del 2010.
Digo tema porque, como recordarán, desde hace tres años decidí dejar de hacer propósitos incumplibles y cambiarlos por temas rectores para todo el trabajo, personal y profesional, que durante cada año haré para seguir avanzando hacia la visión de vida que tengo.
Si fuera una empresa (y todos somos de alguna manera nuestra propia empresa), justo este sería el momento en el que estaría haciendo mi “mid-year review” como le llaman la mayoría de las organizaciones y estaría evaluando si el camino recorrido ha sido el correcto y cuáles son los cambios que necesitamos hacer para corregir el rumbo y asegurar que lleguemos a las metas del año. Incluso, esta es justo la época del año en que muchas empresas realizan evaluaciones parciales del desempeño a sus integrantes.
Y analizar de dónde venimos, dónde estamos y a dónde vamos es algo que todos deberíamos hacer.
Dicho esto, definir si estoy cumpliendo con mis objetivos y los del área y pedir retroalimentación de mis colegas, aunque importante, me resulta incompleto, por lo menos en lo personal.
De modo que he aquí algunas herramientas que a lo largo de los últimos años (y meses, estudiando para la certificación internacional con Coach)he conocido y que hoy me están ayudando a evaluar cómo y dónde estoy y qué tengo que hacer ahora para continuar avanzando hacia mi cima personal:
- Un tema anual: Contar con un tema rector que guíe mis actividades y acciones durante todo el año me ha resultado mucho más eficiente y eficaz que fijarme propósitos u objetivos inalcanzables. Un concepto rector para el año no solo me ayuda a definir la dirección a seguir para continuar avanzando hacia mi visión de vida, sino que también me da la flexibilidad suficiente para modificar la ruta cuando así resulta necesario, sin hacerme sentir que fallo o cumplo, porque entiendo que todo es un aprendizaje y parte del camino a recorrer.
- Rueda de vida: esta es una herramienta que apenas hace poco conocí en mi clase de coaching. Consiste en trazar un círculo partido en 8 partes, temas o conceptos más importantes para la vida de cada quien, y que se califican de manera honesta y justa del uno al diez, siendo el 10 la mejor o más satisfactoria calificación. Los conceptos básicos pueden ser: familia, finanzas, trabajo, comunidad, amigos, salud y libertad personal, dejando un octavo para cualquier otro tema que queramos incluir; sin embargo esta gráfica de pie de 8 partes la podemos personalizar de acuerdo al tema que queremos analizar.

Tomarnos el tiempo de calificar cada área importante de nuestra vida, no solo nos ayuda a ver en cuáles tenemos que trabajar para mejorar, pero también nos avisa si nuestro tema rector está alineado con nuestros valores y prioridades en verdad. - La escala de satisfacción y visión en el resultado: al calificar nuestro nivel de satisfacción en cada una de las ocho partes arriba mencionadas, además de identificar las principales áreas de oportunidad, nos obligamos a crear una visión clara de cómo sería nuestra vida si cada uno de los 8 factores tuvieran 10 de calificación. De otro modo ¿cómo podríamos decir atinadamente que están en un 8, un 5 o un 1?
Y contar con una visión clara de cómo queremos que sean las cosas, resulta crítico para poder avanzar en nuestra vida. Después de todo, como dicen por ahí, no hay cosa más inútil que caminar rápidamente hacía ninguna dirección. Al definir esta visión, podemos también establecer cuales serán nuestros escalones o bloques para ir de la calificación que nos hayamos otorgado, hasta el 10 y como debería de verse cada paso avanzando. - Reduciendo los retos: esta es una lección que después de leer Switch de Dan y Chip Heath y The leader who had no title de Robin Sharma , estoy poniendo en práctica cada día.
Los retos pueden resultar con frecuencia tan abrumadores que en vez de enfrentarlos nos congelamos ante el prospecto de librarlos. Sin embargo hay algo que podemos hacer y eso es reducir los más grandes retos en pequeñas tareas o acciones diarias que fácilmente podemos lograr y que en conjunto, con el tiempo, suman como resultado vencer aquel gigantesto reto. “Pequeños pasos a diario, construyen grandes éxitos al final”. Simples acciones que día a día nos lleven más allá de esa barrera a la que David Cottrell llama “SPLAT” (tema que tocaré en un siguiente post).
Así que ahí lo tienen 4 simples herramientas que, aunque no pretendo decirles que les resolverán la vida como por arte de magia, yo estoy usando y conociendo mejor día a día mientras continuo avanzando hacia mi cima personal.
¿Ustedes que usarán para los siguientes 184 días? Me gustaría aprender un poco más.
Si tuvieras el poder para hacer que México gane el Mundial ¿Qué harías?
Yo provocaría un cambio, no de alineación sino de actitud.
Un cambio de actitud no para que la selección de México pueda lograrlo sino para cambiar la manera en que hacemos las cosas cada día.
Provocaría un cambio de actitud que haga que todos los días la gente despierte con ganas de trabajar, colaborar y contribuir.
Una actitud de ser el cambio que todos buscamos.
Una actitud de aprecio y agradecimiento profundo por todo lo bueno que sí tenemos en nuestro país.
Una actitud de honestidad y honradez.
Una actitud de respeto y aprecio por la diversidad.
Una actitud de éxito honrado y capaz.
Una actitud de gusto por aprender todos los días algo más.
Una actitud de menos soberbia y más humildad.
Una actitud de abundancia y generosidad.
Una actitud de alegría y ganas de ayudar.
Provocaría pues un cambio de actitud que haga que en México no necesitemos del éxito de once extraños sobre otros once a quienes tampoco conocemos para tener así una razón para sentirnos orgullosos de nuestro país.
Porque en verdad, razones para estar orgullosos de México, ¡sí que las hay!
El poder de las palabras.
Las palabras que usamos todos los días son muy poderosas.
Tan poderosas que han escrito nuestra historia y la de la humanidad.
Pero no son solo poderosas porque registran lo que escribimos, sino porque definen la manera en la que vivimos.
Las palabras que usamos cuentan nuestra historia y definen nuestro futuro.
Las palabras que usamos todos los días, crean memorias sobre nuestra persona en la mente de aquellos con quien las compartimos.
Las palabras que usamos al describirnos a nosotros mismos definen claramente la forma en la que nos conducimos día con día y muestran el valor que otorgamos a nuestras acciones y a nuestra persona.
Las palabras que usamos muestran como nos sentimos y definen la manera en la que pasamos cada uno de nuestros días.
Las palabras que usamos son un espejo de nuestras creencias y una ventana abierta a nuestra vida pasada, presente y futura también.
Las palabras que usamos pueden destruir al más entusiasta o inspirar al más apático.
Las palabras que usamos destruyen carreras o crean las más exitosas.
Las palabras que usamos pueden ser vendas en los ojos o hacernos ver la verdad.
Las palabras que usamos pueden evidenciar nuestra enorme ignorancia y arrogancia o pueden mostrar nuestra humildad y ganas de aprender.
Las palabras que usamos pueden engañar a otros para que nos den o pueden ayudarnos a dar de nosotros a los demás.
Las palabras que usamos pueden alejar a quienes más nos quieren o rodearnos de seres queridos.
Las palabras que usamos pueden ser el repelente más efectivo o un gran imán.
Las palabras que usamos definen nuestra realidad.
¿Y qué palabras usas tu?
5 pasos que aprender y recordar.
Soy humano, demasiado de hecho y como tal suelo cometer muchos errores, sobre todo cuando alguna emoción fuerte está involucrada.
También, como humano, entiendo que aún hay muchísimas cosas que debo aprender a dominar, y no hablo solo de habilidades y trucos nuevos que pueden ayudarme adelantar rápidamente los pasos requeridos para mi carrera, sino habillidades básicas para poder mejorar en mi vida personal, como por ejemplo 5 simples acciones que hacer o dejar de hacer al enojarme:
- Callar: Lo primero que queremos hacer cuando estamos discutiendo con alguien y la conversación sube de tono y vamos sintiendo que el coraje crece como burbuja en nuestro estómago, es querer responder. No importa qué, lo que sea con tal de ganar la discusión para así demostrar que nosotros tenemos la razón. Pero en realidad lo que sucede es que más frecuente que no, lo único que logramos es empeorar, a veces gravemente la situación, pues el velo del enojo que cae sobre nuestra ya nublada mente nos hurta la razón dejándonos solos para decir cualquier idiotez de la que seguramente nos arrepentiremos incluso desde el momento que esas palabras abandonan nuestros labios.
- No reaccionar: a veces, el enojo es tanto que más que hablar queremos reaccionar, hacer algo para liberar tanto coraje y energía negativa que estamos acumulando en nuestro cuerpo; y seamos francos, cuantos de ustedes no han dado el más que ocasional portazo, golpe, almuadazo, patada, aventón o lo que sea que hayan hecho para descargar la rabia que se les había juntado. La verdad es que pocos se sienten cómodos admitiendo que enojados pueden perder el control y hacer rabietas dignas de TAZ o de un niño de 4 años mejor dicho. El problema es que tarde o temprano, nuestras rabietas pudieran lastimar a algún tercero o a nosotros mismos también dejando un pésimo ejemplo e imagen para nuestros hijos y familiares. Después de todo ¿Quién quiere ser recordado como un ogro escandaloso, violento y gritón?
- Respirar: Creo que aquí está la clave de todo. Darnos tiempo para respirar. No permitir que el enojo altere nuestro ritmo de respiración. Cuando lo hacemos, dejamos de respirar calmada y plácidamente y lo comenzamos a hacer en rápidas y cortas inhalaciones y exhalaciones que naturalmente acelaran nuestro organismo haciéndolo sentir que está en un momento de peligro, lo que cual favorece que no podamos controlar nuestra reacción.
- Escuchar: ya que estamos dándonos el tiempo de respirar con calma y romper con la agitación, aprovechemos el momento para escuchar a la otra persona que nos está hablando. Tratemos de entender, quiero decir verdaderamente comprender lo que nos está diciendo. Talvez hasta descubramos que no había ningún motivo por el cual enojarse desde un principio o, por lo menos, veamos que puede haber un acuerdo común para llegar a una solución sin necesidad de destrozarte el estómago.
- Pensar: No solo antes de hablar o para controlar tu reacción, pero también pensar después de la discusión. Meditar al respecto y tratar de identificar qué de todo fue lo que encendió tu enojo, qué sentiste y por qué, entender si ese sentimiento está ligado con otros más, comprender si en verdad es un tema por el que valga la pena tanta pasión o si bien es cualquier cosa que puedes dejar pasar en lugar de enojarte porque creías que, de acuerdo a tus conductas aprendidas a lo largo de la vida, enojarse era la correcta reacción.
Y ustedes ¿cómo manejan su enojo?
¿Recuerdan a Voltron?
¿Recuerdan a Voltron? Si tienen más 25 años probablemente sí y si son mayores de esto probablemente esta comparación les haga sentido; ahora, si tienen más de 45 años y veían todavía a Voltron, quizás sean un tanto más geek de lo normal 🙂
Voltron, para quienes no lo recuerdan o no lo conocieron era una caricatura sobre un grupo de ¿Soldados? ¿Agentes? ¿super héroes? Qué se yo!…El caso es que era un grupo de personas que conducían naves en forma de león, mismos que en el momento más crítico de su batalla, se unían en una sola unidad que formaba a un gigantesco y poderoso robot llamado….exacto! Voltron.
El líder del grupo colocaba su león en… sí sí, lo adivinaron! en la cabeza y torso de Voltron, mientras que los otros vehículos formaban las piernas y pies y los brazos y manos.
Entonces, en movimientos perfectamente bien coordinados que seguían al pié de la letra las instrucciones giradas por la cabeza del robot y potencializadas por el torso de Voltron, cada extremidad o unidad hacía su parte, logrando así… síp lo adivinaron de nuevo… ganar la batalla.
Por supuesto cada integrante del equipo era el mejor en su especialidad y nadie más podría conducir mejor que ellos su propio vehículo, en eso cada quien brillaba a lo grande.
Y claro, como toda estrella, cada uno quería lucir por sí solo y demostrar lo buenos que eran, y así se enfrentaban a sus “enemigos” hasta que, por hacerlos solos y descoordinadamente, comenzaban a perder.
Entonces el líder del grupo llamaba a todos los integrantes a unirse y formar a Voltron una vez más.
¿Pero se imaginan si en media batalla el brazo izquierdo decide ir a la derecha y el brazo derecho a la izquierda, mientras que la pierna izquierda quiere ir hacia adelante y la derecha hacia atrás; y la cabeza no define cuál es el movimiento que hay que hacer?
Seguramente entre discusiones, jalones, estirones y empujones, Voltron se…si! Lo adivinaste de nuevo! Estás muy agudo el día de hoy! …voltron se separaría y su gran poder quedaría aún más débil que antes de que sus diferentes partes se unieran.
Y una vez separados, el ego y la soberbia de varios les impediría darse cuenta de lo importante que es volverse a agrupar , y se ocuparían solo de culpar a los otros por no escucharlos a ellos.
Voltron quedaría inutilizado, no tendría capacidad para hacer ni el más mínimo de los esfuerzos y lentamente dejaría de exisitir.
“¿Pero de qué estás hablando Efraín? ¿En verdad nos estás contando una caricatura?” Algunos se estarán preguntando, pero…
¿A poco no es justo esto lo que vemos que pasa con más frecuencia que no en todas las organizaciones?
Empleados que creen ser los poseedores de la verdad absoluta predicando día con día que ellos saben justo lo que su organización necesita para ser mejor, actuando por separado tratando de lucir más que su equipo, mientras los catalizadores de la empresa, los gerentes y directores de las diferentes áreas, quienes pueden potencializar las habilidades de sus equipos, permanecer inmóviles sin tomar decisión alguna para no arriesgar quedar mal ante la cabeza que no termina de tomar la decisión del camino que hay que seguir.
¿Lo ven? Pies y brazos queriendo ir en distintas direcciones y torso y cabeza sin tomar una decisión.
Visto así, sí que resulta ser mucho más importante que recordar tan solo una caricatura ¿no?
¿Vives tu marca personal o la de los demás?
Te lo tienes que preguntar.
¿Estás haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer o estás haciendo lo que crees que no tienes otra opción más que hacer?
¿Te dedicas hoy a lo que siempre soñaste o estás trabajando solo en lo que piensas que es tu única opción?
¿Eres tú la persona que quieres ser o dejas que te defina el título que indica tu tarjeta de presentación?
¿Estás viviendo como quieres vivir o sobreviviendo la vida que otros impusieron sobre ti?
¿Te comportas como eres o actúas como otros esperan que lo hagas?
Es increíble la cantidad de esfuerzo, recursos y tiempo que dedicamos a hacer lo que los demás esperan de nosotros, cuando tomaría el mismo esfuerzo hacer lo que nosotros queremos hacer.
Me resulta tan poco razonable como día a día nos desgastamos y desvivimos por satisfacer las expectativas que creemos que otros tienen de nosotros, mientras ellos buscan a su vez agradarles a otros también.
Es absurdo que si tenemos la capacidad de trabajar y cumplir con lo que los demás quieren, no utilicemos esa capacidad para crear la vida que queremos para nosotros mismos.
Y es que si dedicamos tanto tiempo y esmero para envolvernos de la marca que nos imponen los demás, ¿qué nos detiene para desarrollar nuestra verdadera marca personal?
La capacidad de hacerlo, claramente está ahí. Si todos los días nos vestimos del rol que otros han impuesto en nosotros, seguro podemos hacerlo con nuestro sello personal.
¿O será que no queremos la responsabilidad de ejercer nuestra marca personal?






