Las corporaciones y los emprendedores.
He sido muy afortunado, 15 de mis 16 años de carrera profesional, los he vivido haciendo carrera corporativa colaborando con algunas de las más destacadas organizaciones que he conocido.
Y a la vez, los últimos 4 de estos 16, he podido combinar la vida corporativa con la de emprendedor, hecho que agradezco y aprecio profundamente pues el aprendizaje obtenido de esta combinación ha sido enorme.
Por un lado todo lo que los nuevos emprendimientos podemos aprender de los procesos de las grandes organizaciones (tema que tocaré en otro post) y por el otro, todo lo que los grandes corporativos deberían recordar de cuando eran tan solo un start up, y por qué hoy más que nunca estas grandes corporaciones necesitan urgentemente llenarse de emprendedores.
1) El emprendedor está mucho menos preocupado por quedar bien con el jefe y muchísimo más enfocado en generar resultados.
2) El emprendedor no solo quiere aprovechar las oportunidades que se presentan en su camino, sino que además está buscando la manera de crear nuevas oportunidades para otros.
3) El emprendedor no pasa la mayor parte de su tiempo divisando la mejor estrategia de CHA (Cover His/Her Ass) para no perder los beneficios que la corporación le da, y por el contrario está acostumbrado a arriesgar siempre un poco más.
4) El emprendedor no se recarga en la marca de la organización para sentir valor, sino que es valioso por su propia marca personal.
5) Para el emprendedor los obstáculos no son pretextos que aprovechar para dejar de hacer algo “sin culpa”, sino razones para esforzarse más.
6) El emprendedor sabe que no es el dinero, sino el tiempo su más importante recursos y aprende a distribuirlo y usarlo mucho mejor, alejándose a toda costa del 9 a 6.
7) El emprendedor entiende lo crucial que es crear una gran experiencia para sus clientes y siempre trata de dar algo más, pero a la vez comprende lo importante que resulta saber decirle que no a un cliente cuando es necesario.
8) El emprendedor aprende a dibujar cada día un nuevo tramo de su mapa sin esperar que alguien más lo haga por el.
9) El emprendedor no es auto empleado, el emprendedor hace lo que hace por pasión, amor y convicción.
10) El emprendedor comprende lo crítico que es desarrollar nuevo talento para su organización, no solo como un “plan de sucesión” sino como una manera de lograr que su empresa funcione aún sin el, rodeándose siempre de personas que en distintas áreas funcionales son mejor que el.
11) El emprendedor no está preocupado por generar riqueza y llegar a la cuota del trimestre, está dedicado a crear abundancia para su ecosistema, para sus colaboradores y para el también.
Expectativas
Expectativas, todos las tenemos y todos estamos sujetas a estas.
Manejar expectativas todos los días es tan normal como beber aguar y sin embargo muy pocos hacen un buen manejo de estas.
Pocos son quienes definen y comparte claramente sus expectativas al contratar un servicio, comprar un producto o hacer un trato; y muchos menos son los que desde el inicio comparten y definen claramente cuáles son las expectativas que en realidad pueden cumplir.
Es curioso, cuando se inicia una nueva relación, la que sea, de trabajo, comercial, amorosa, amistosa, etc. Todos queremos mostrar la amigable cara de quien todo está dispuesto a dar para que la otra persona sea feliz. En esos momentos, escasos son quienes están dispuestos ser quien le dice a un cliente que lo que está pidiendo y de la forma en la que la está haciendo no es lo que se puede entregar. Todos quieren decirle «al cliente» que sí. Y a la vez casi nadie quiere ser «el ogro» que demanda una alta calidad en los entregables que va a recibir. En ese momento, en pro de agradarse unos a otros toda expectativa real se queda por definir.
Entonces pasa el tiempo, vienen las entregas mal logradas y las promesas no cumplidas a expectativas que nadie se ocupó de aterrizar y definir.
Definir y compartir claramente lo que esperas de otras personas, sea tu pareja, tus hijos, un cliente, un socio o un proveedor, no te convierte en un ogro engreído, exigente y demandante de atención.
Definir y compartir claramente las promesas que en verdad puedes cumplirle a otros y en qué condiciones puedes hacerlo tampoco te hace un mal y apático vendedor o proveedor.
Definir y compartir claramente lo que esperas de otros y lo que estos pueden esperar de ti, talvez no te convierta en el amigo más popular, quizas incluso pueda costarte algún cliente, un «buen negocio» o una relación, pero esas, por no tener claras las expectativas desde un inicio, de todas formas, más temprano que tarde se iban a ir.
¿Para qué?
Ayer, en mi time line en Twitter leí: “Los tweets de los lunes son en realidad flojera disfrazada de positivismo”, frase que me dejó pensando un rato pues me pareció un desperdicio de tiempo y energía que haya gente que en verdad esté disfrazando su apatía, disgusto y desdén por lo que hacen todos los días con mensajes que en realidad no engañan más que aquellos a quienes no importa que engañen.
Y entonces me quedo preguntando: si no les apasiona lo que hacen, si creen que es necesario aparentar que están contentos haciéndolo y no sienten unas increíbles ganas de hacerlo cada día. Si al iniciar la mañana solo quieren regresar a la cama y lo primero que dicen es que no quieren ir a trabajar. Si en verdad no les apasiona lo que hacen… ¿para qué lo hacen? ¿para qué mal gastar el tiempo, la energía y los recursos de ustedes y de los demás?
Tomar un trabajo solo porque “no encontramos algo mejor” o porque es solo “temporal, en lo que… ahorran dinero, llega la beca, les ofrecen el trabajo soñado, se van de viaje, ponen su millonario negocio, logran el estrellato, etc.”, no solo es un gran error sino un absoluto desperdicio de tiempo, energía, recursos y talento.
Porque “lo temporal” al poco tiempo se convierte en “atemporal”; y de un momento a otro, sumido en la deprimente rutina de hacer aquello que no quieres hacer pero que crees que debes hacer aunque sea a medias “en lo que llega tú momento mágico”, te pierdes en el tiempo de alguien más y aquello que tanto querías hacer y lograr, no lo hiciste jamás, pues jamás trabajaste por ello.
Te perdiste a ti mismo esperando que alguien más trajera aquella oportunidad que tanto mereces, pero que nunca buscaste conseguir porque estabas muy ocupado haciendo a medias y “por un rato” justo aquello que no querías hacer.
Y pregunto de nuevo ¿Para qué?
Por que hacer a medias y por un rato aquello que no quieres hacer en realidad y donde no das lo mejor de ti, no es justo para quien te emplea y ciertamente tampoco lo es para ti.
¿No sería mucho mejor dejar la tibieza de medio hacer lo que no no queremos y atrevernos a luchar y trabajar por lo que sí queremos hacer?
El éxito equivocado.
Estás cumpliendo 15 o 20 años de carrera profesional. Haz tomado el camino difícil y lleno de esfuerzo, dedicación absoluta e intenso trabajo para ascender en la escalera corporativa hasta ocupar por fin la tan anhelada oficina de la esquina, desde la que dirigirás con grandeza esa importante empresa.
Te haz hecho de coches y casas, viajas a múltiples destinos cada año y en pocas palabras tienes la vida “que muchos querrían”.
O bien usaste los ahorros de tu vida en lanzar ese negocio que tanto deseabas. Ahora eres un empresario, tu propio jefe. Eres quien decide y quien define la agenda, estableces tus horarios y tienes la palabra final porque ahora el jefe eres tú y tienes la vida “que muchos querrían”.
Pero resulta ser que aún sientes un vacío. No importa que tanto hayas logrado hacer y cuantos de tus objetivos hayas cumplido ya, hay algo que simplemente no te deja estar cómodo.
Sientes que has obtenido el éxito equivocado.
Usualmente creemos que es muy fácil determinar quién es exitoso y quién no, pues durante años nos han vendido la idea de que exitoso es quien más dinero, mejor coche y mas grande oficina tiene.
Y mientras que conseguir todas estas cosas no está mal, lo cierto es que no son estas las exclusivas señales de éxito que pensábamos; pues por más que los acumules, pueden dejarte sintiendo un gran vacío.
Y es que, no importa cuanto ganemos, que tan alto sea el título que tenemos o que tan importante creamos que es nuestro trabajo… ¿de qué nos sirve todo ese éxito si es el equivocado, el que otros decidieron que era la medida exacta de logros para nosotros, el que los ideales de otras personas fijaron en nuestra mente?
Como dice Tom Peters: “No hay nada más inútil que hacer con éxito aquello que no necesitábamos hacer”.
Ahora imagínense llegar a la mitad de su vida sabiendo que han logrado todo aquello que otros esperaban de ustedes pero que ¡ustedes no querían exactamente hacer!
Por supuesto que todos queremos tener una situación financiera sólida y estable, pero nuestro enfoque debería de estar en lograrla no solo para llenarnos de gustos y caprichos, sino para contar con los recursos suficientes para poder crear y vivir el nivel, estilo y calidad de vida con que queremos vivir.
Hacerlo no es fácil. Aún tengo que encontrar a alguien que conozca la fórmula secreta para lograrlo y paso gran parte de mi día pensando al respecto.
Y, aunque me siento lejos de saberlo, he encontrado que, por lo menos resulta básico encontrar tu pasión, actuar con un sentido de propósito y establecer un motor económico que permita trabajar en lo que más te apasiona, lo que mejor sabes hacer y que además aporta un valor específico a la vida de otros.
Tal vez esto no te vuelva millonario o quizás lo haga en menos de lo supones, pero sea lo que sea, cuando menos no te dejará sintiendo ese vacío de haber logrado el éxito equivocado.
Como dice Nelson Mandela: “El verdadero éxito, el duradero, se encuentra cuando vemos en quién nos convertimos con el tiempo… si fuimos honestos, valientes y sinceros con nosotros mismos.”
Desde el parque.
7 Semanas han pasado desde que escribí el último post para DLC, siete semanas en que fue necesario por primera vez, poner en pausa, junto con otras cosas, una de las actividades que más amo y disfruto en la vida, para poder redefinir prioridades, reorganizar agendas, reestructurar planes y recursos y reiniciar y ejecutar viejas y nuevas acciones que están agregando nuevos sentidos y valiosas contribuciones a la vida de un servidor… y una de esas se ha dado desde el parque…
Son ya 5 semanas desde que abandoné la fiel y cómoda caminadora que tengo en casa, para aventurarme a recorrer 5 kilómetros y medio diarios en una pista de grava en un parque público.
El cambio fue notorio; no solo en la cantidad de esfuerzo adicional que se requiere para pisar un suelo suelto y resbaloso cuando está seco, compactado y pegajoso cuando está mojado y abultado en algunos lugares y cóncavo en otros, pero también en la cantidad de aprendizajes, analogías y conclusiones a las que uno puede llegar con tan solo observar con un poco de detenimiento lo que sucede a su alrededor.
A la semana 5 mis piernas siguen doliendo (cada vez menos) y mi cabeza sigue absorbiendo y comprendiendo lo mucho que correr junto a una serie de desconocidos en un parque, se asemeja a la vida común y corriente de todos:
- En el parque es fácil ver quiénes están trabajando por un objetivo claro y específico y quiénes están ahí por falta de un mejor lugar donde estar. Resulta sencillo identificar a quienes están entrenando y trabajando en mejorar su desempeño; corren, con cronómetro en mano, de un punto específico a otro determinado. También puedes señalar a quienes con un paso constante e intervalos de mayor desempeño, vamos a procurar nuestra salud pero no a competir.
Y por supuesto también puedes ver de bote pronto a quienes tan solo van a pretender que están ahí, ataviados con las mejores prendas deportivas que usan para desfilar durante una vuelta para después, sentados en una cómoda banca, fumar un cigarro y tomar un café… Ahora entiendo el dicho “as easy as a walk in the park”. - Tanto como en la vida, al ejercitarte en el parque también resulta fácil caer en la tentación de seguir el paso que otros están marcando. Es común ver como una persona joven que va caminando, se siente presionado a correr porque acaba de ser rebasado por alguien de mayor edad que va corriendo a mayor velocidad. O como personas que no se conocen compiten entre sí apretando el paso para ir tan solo unos centímetros adelante del otro. Todos olvidando que están ahí por ellos mismos, por su propia carrera; dejando de lado que la única marca que tienen que romper es la propia. Por eso, siempre resulta alentador y refrescante ver a los pocos que no solo se enfocan en mantener su propio paso, sino que también definen la dirección en que quieren avanzar, en lugar de tomar la ruta y el sentido que la mayoría recorre ahí.
- Tener el equipo y las herramientas correctas hace toda la diferencia para lograr un mejor desempeño y ser mucho más eficientes al lograrlo. Jamás hubiera dedicado más de 5 minutos de pensamiento a la importancia de usar los zapatos tenis correctos, no solo para lograr mejores resultados, pero para no lastimarme al hacerlo. Pero tanto como en la vida y en el trabajo, aquí también necesitamos contar con el equipo correcto y los recursos adecuados para lograr un mejor resultado.
- Sin embargo no hay que echar la casa por la ventana… seguro que tener el mejor equipo posible es lo más deseable, pero tampoco se trata de invertir todos nuestros recursos en estas herramientas a menos de que en verdad estemos seguros de que las usaremos y aprovecharemos al 100%. Una vez emocionados cuando comenzamos a desempeñar una nueva actividad, es fácil ceder ante la tentación de tener no solo todas las herramientas y equipo indispensable, pero también de hacernos de todos los juguetes y parafernalia alrededor de esta. Relojes, podómetros, tenis, MP3s, pants o tights, cambian su nombre por Polar, Nike + Ipod Sport kit y Adidas o Nike.
Y si bien es increíble contar con todos estos recursos, sin duda no son indispensables para lograr la tarea.
Crecer poco a poco e ir haciéndose de mejores recursos y herramientas conforme vamos logrando un avance real, resulta no solo más costo – eficiente pero también se convierte en un gran incentivo. - Todos necesitamos un coach. Todos los días alguien nuevo llega al parque para comenzar su nueva buena rutina, pero muy pocos comienzan con el apoyo de alguien que les ayude a trazar un buen plan para esta.
Algunos consiguen un mentor que les dice como obtuvo sus logros, más su historia difícilmente será la suya. Otros se acercan con un consultor que les dice que ejercicios (que nunca han hecho) la teoría dice que se deben hacer; y otros, la gran mayoría, llegamos solos a la pista, nos estiramos como creemos que es mejor, calentamos como suponemos que se debe hacer y nos lanzamos a la pista al ritmo y paso que asumimos es mejor, pero no nos aseguramos de contar con alguien que nos ayude a establecer un plan, definir objetivos concretos, identificar los mejore ejercicios, medir nuestro avance y retarnos a lograr más, mucho más de lo que nos creemos capaces. Y entonces es cuando confirmo que todos necesitamos un coach.
Muchos aprendizajes en 5 semanas tan solo… me pregunto que más aprenderé en las siguientes 5.
30 minutos para aprender.
30 minutos es el tiempo promedio de recorrido en coche de distancias medias en una ciudad como el Distrito Federal. También el tiempo mínimo recomendado para hacer ejercicio saliendo a caminar todos los días.
Media hora es también el tiempo que típicamente dura un capítulo de un programa de comedia (sitcom), con todo y cortes comerciales , que se transmite en un canal de televisión; y es la octava parte del tiempo que el usuario promedio de Internet en México pasa navegando la red o la mitad del tiempo que pasa leyendo revistas o periódicos.
Y es también uno de los más desperdiciados regalos que tenemos para darnos a nosotros mismos…
En media hora muchas cosas pueden pasar y hay mucho que podemos aprender.
Uno de mis mantras de todos los días es: “Keep Learning” / “Continua Aprendiendo”, a lo que hace poco una persona me rebatió que estudiar todos los días era imposible y que simplemente no hay tiempo para hacerlo.
Está totalmente equivocada.
Todos los días tenemos la oportunidad, el tiempo y el espacio para estudiar y aprender algo nuevo.
Hacerlo no es fácil.
Primero que nada hay que romper con el viejo paradigma que dicta que para estudiar uno tiene que estar sentado en un salón de clases frente a un profesor que será el único responsable de decirle la suya como la verdad absoluta que tiene que aceptar. Y una vez que entendamos que la única persona realmente responsable de asegurar nuestro aprendizaje y crecimiento somos nosotros mismos, estaremos libres para buscar aprender todo el tiempo.
Ahora, hacerlo es fácil.
¿Lo imaginas? ¿Regalarte a ti mismo 30 minutos todos los días para aprender algo nuevo?
Quitándole 30 minutos a las repeticiones de Friends o a la Telenovela del 2 (No finjas, sabes que las ves), para leer por lo menos un capítulo de un libro. Haz cuentas, si el libro promedio que lees tiene 15 capítulos, habrás leído un libro en 15 días, es decir dos libros en un mes, o sea ¡24 libros en un año!
O dedicando 30 minutos a leer 2 a 3 posts de blogs referentes a tu carrera profesional o intereses personales. Si ya estas pasando hasta 4 horas navegando en la red todos los días, ¿qué tal quitarle media hora a ese voyeurismo y chisme en FaceBook o en twitter para aprender algo nuevo de aquellas destacadas personas que hoy nos comparten su conocimiento en la red?
O 30 minutos viendo videos, pero no musicales, sino de los que hoy miles de personas que mucho se han destacado por su buen desempeño profesional en su campo de acción, comparten en plataformas como YouTube, Vimeo, etc. En lo personal yo uso 30 minutos de mi rutina de ejercicio todos los días para ver o escuchar una o dos entrevistas a las personas a quienes más admiro en mi campo laboral o respecto a mis hobbies o simplemente por lo que han hecho en otras áreas
¿Tienes Ipod, Iphone, Ipad, Android o cualquier otro dispositivo móvil donde puedas ver videos y escuchar música? ¿Qué tal si en el gimnasio, en lugar de amargarte con los noticieros que ponen en la televisión, ves un par de videos que puedes descargar desde YouTube, Vimeo, BNet, TED o cualquier otro lugar en la red? ¿O qué tal escuchar un podcast mientras estás atorado en el tráfico de la ciudad?
30 minutos para hablar con un mentor que pueda compartirte su experiencia y aprendizajes, o media hora en la que puedas tú compartir tu conocimiento con alguien más.
Piensa en la ventaja competitiva que tan solo 30 minutos diarios dedicados a aprender algo nuevo te pueden dar en un año sobre el resto de los candidatos cuando te entrevistes para un nuevo trabajo o cuando compitas por un nuevo cliente y traigas contigo un arsenal de 24 libros, 10,950 horas de videos o podcasts o charlas con más de 360 personas diferentes de las que pudiste algo aprender.
Por eso…
JDP
En la industria en la que he desarrollado mi carrera profesional, el uso de los acrónimos es tan recurrido que resulta casi imposible tener una sola conversación o reunión de trabajo en que palabras como KPI (Key Performance Indicators), CTR (Click Through Rate), KBB (Key Brand Benefit), no sean mencionadas.
El mismo nombre de este blog: DLC, es la abreviación de Desarrollo, Liderazgo y Colaboración; y de lo que hasta hace poco más de un año era, en su título orginal: De Lo Cotidiano… y lo no tanto.
Así que me es muy natural usar un acrónimo más para titular al tema central de esta entrada: JDP.
JDP: Jamás Dejes de Preguntar.
No deja de sorprenderme la cantidad de oportunidades grandes y pequeñas que dejamos pasar o que dejamos de crear por el absurdo miedo a hablar.
Si estamos en una conferencia o en una clase y quien está al frente abre el espacio a preguntas y respuestas, el temor a quedar en ridículo, provoca que muy pocos tomen la iniciativa de aclarar esa duda adicional.
Si queremos invitar a una persona en particular a un evento especial, nos quedamos con las ganas por el miedo a recibir un no.
Permanecemos en el mismo puesto por años y años porque jamás nos atrevimos a preguntar qué más podíamos hacer para agregar más valor, para innovar, para crear.
Nos quedamos atorados en el asiento de en medio de la fila de tres que no se reclina, en el vuelo de 12 horas porque pensamos que molestaríamos a alguien al pedir un cambio.
Pero la realidad es que, más frecuente que no, la gente está mucho más dispuesta a ayudarnos de lo que pensamos. Eso claro, si tan solo sabemos hacer la pregunta correcta de la manera adecuada.
Dicho esto, saber hacer la pregunta correcta tiene su chiste y, desde mi punto de vista, requiere de por lo menos 4 puntos clave:
1) Es clara y específica: no deja a la libre interpretación de la otra persona lo que estamos pidiendo, sino que puntualmente plantea qué es lo que queremos o necesitamos lograr. No preguntamos: “¿Me puede dar un mejor asiento?”, preguntamos “¿Me puede dar el asiento x que está junto al y?” porque ese es el que es mejor para nosotros.
2) Es amable y cordial: preguntar o solicitar algo, nos pone del lado de quien pide, por lo que los delirios de grandeza, las exigencias inmediatas y los reclamos prepotentes, están totalmente fuera de la discusión. La soberbia solo lleva a un destino, y no es precisamente al que quieres llegar con tu pregunta o petición. Una sonrisa auténtica y una actitud amable te pueden llevar mucho más lejos que cualquier posición que creas tener.
No olvides que con el paso del tiempo la gente no recordará lo que le pediste, mucho menos el título que tenías cuando lo hiciste, pero jamás olvidarán como los hiciste sentir.
3) Es gradecida, objetiva y comprensiva: tenemos que entender que a veces lo que pedimos no está totalmente en manos de la persona a quién lo estamos solicitando y que esta, a pesar de tener la mejor intención de ayudarnos, podrá tener o no ciertas limitantes y reglas que seguir. Así que tenemos que ser comprensivos, pero sobre todo agradecidos por el esfuerzo que, por ayudarnos, están haciendo.
4) Es recíproca: “En el pedir está el dar” dicen por ahí, pero esta frase no solo se refiere a ser amables al pedir algo, sino a buscar la oportunidad de hacer algo por la otra persona también. Quid Pro Quo no es solo un burdo trueque en especie o intercambio de favores, eso sería no mejor ni peor que una común transacción. Quid Pro Quo es buscar crear valor para quienes crean valor para nosotros también.
En mi caso, seguir estas sugerencias y atreverme a preguntar me han ayudado en cosas tan variadas y tan simples o complejas como:
– Conseguir upgrades a vuelos en clase ejecutiva.
– Conocer personalmente a algunas de las personas que más admiro como Robin Sharma o John Batelle, y en algunos casos hasta entablar buenas amistades con algunos de ellos como Mitch Joel .
– Desempeñarme profesionalmente en áreas distintas a mi carrera.
– Ayudar a amigos y compañeros de trabajo a lograr sus objetivos y proyectos
Y todo por simplemente atreverme a preguntar.
¿Alguna pregunta?
De oportunidades y de gente.
Oportunidades. Todos quieren una.
¿Pero realmente qué hacen por contar con esta?
Después de mucho pensar y leer sobre el tema y conversar con más de uno al respecto, he llegado a la conclusión de que podríamos dividir a la gente en tres tipos, de acuerdo a su posición o etapa y visión ante las oportunidades.
Por un lado tenemos a quienes siempre están en espera de que la vida les regale en charola de plata esa gran oportunidad que cambiará su historia para siempre. Pero se quedan esperando por años, viendo la vida pasar porque ni siquiera saben qué clase de oportunidad están buscando. Son quienes en lugar de tomar la responsabilidad de entender quiénes son, como son, qué les interesa, cuáles son sus más grandes fortalezas y más críticas áreas que requieren desarrollar, cuáles son su principios, sus valores y su pasión; dejan en manos de otros lo que en su vida pueda o no suceder. Son como quienes rezan todas las noches pidiendo ganarse la lotería, pero jamás compran un boleto.
Por otro lado están esas personas que están listas para aprovechar al máximo todas y cada una de las oportunidades que se les presenten. Se conocen bien a sí mismos y tienen muy claro a dónde quieren llegar. Saben perfectamente qué les apasiona y hace sentir realizados y a como dé lugar buscan cumplir con su pasión en la vida, por lo tanto están siempre abiertos a abordar cualquier oportunidad, por mínima que sea, para cumplir con su pasión.
Pero esto no es suficiente. Esa incesante búsqueda por solamente satisfacer su pasión y hacer lo que para ellos(as) parece mejor, los guía por una vida de carencia, egoísmo y compromisos cuartados, promesas rotas y brechas incompletas de las que saltan cada vez que una “mejor” o más innovadora oportunidad se presenta frente a ellos.
Y finalmente están quienes, como los anteriores, también entienden con claridad quiénes son y a dónde van, conocen sus principales fortalezas y saben de qué pié cojean también. Saben cuáles son sus más grandes pasiones y lo que mayor sentimiento de realización les da. Pero mucho más allá de querer aprovechar las oportunidades que se les presentan para satisfacer su pasión; aprovechan esta última para, junto con sus fortalezas, valores y todos sus recursos, desarrollar un sentido de propósito en la vida y así poder crear nuevas oportunidades para los demás.
Entienden que no importa si se trata de gigantescos esfuerzos para cambiar al mundo o de pequeñas contribuciones a la vida de alguien más, lo importante es aprovechar y crear una nueva oportunidad. Crear una nueva y mejor historia que contar.
Sin duda, estos últimos, son a los que más oportunidades la vida les da.
Críticos y criticados.
La crítica. Definitivamente una de las más eficientes herramientas para empujarnos a mejorar lo que hacemos o para herir, generalmente sin intención real de hacerlo, los sentimientos de otros.
“La retroalimentación es un regalo” dicen por ahí, pero para que así lo sea estoy convencido que tanto crítico como criticado tienen que saber dar y recibir dicha crítica.
El problema es que, a pesar de que a absolutamente a todos nos toca, en distintos momentos, estar de un lado y del otro, realmente muy pocos saben cómo dar una retroalimentación efectiva, positiva y productiva y unos tantos menos sabemos también recibir y aceptar una crítica sin sentirnos agredidos del todo.
Por supuesto, para nada me asumo un experto en el tema. Más frecuente que no, he cometido serios y a veces dolorosos errores tanto ofreciendo retroalimentación como recibiendo críticas que van directo al ego que no precisamente fue hecho para tolerar comentarios ácidos de parte de otros; y sin embargo, creo que podría enlistar algunos de los mejores consejos que o bien he recibido, he leído o he visto como ejemplo de otros sobre cómo dar y recibir críticas y retroalimentación.
Si eres quien recibe la crítica:
- Toma de esta solo que te sea útil para mejorar, el resto descártalo y nada más. Como dice Tim Sanders en uno de sus libros “Las críticas son como los frutos a los que tienes que quitarle la cáscara que los rodea para poder llegar a lo rico de estos».
- Recuerda que si decides hacer algo diferente que de una u otra manera te haga destacar, llamarás la atención de otros e inevitablemente estarás expuesto a ser criticado, así que engruesa tu piel, abre los ojos, agudiza tus oídos, prepara tu mente y suaviza tu corazón para saber escuchar y entender de la mejor forma lo que otros te tienen que decir.
- Decide ser vulnerable. No por temor a ser criticado dejes de compartir. Muchísimo menos dejes de seguir tu propio camino. Dibuja tu mapa y ocúpate de lo tuyo.
- Toma en cuenta de parte que quién viene la crítica. En muchas ocasiones la crítica viene de quienes solamente están buscando desahogar su propia frustración y no tienen nada personal en tu contra; en otras quienes te retroalimentan, aunque al hacerlo parezca lo contrario, en realidad solo quieren ver que hagas mejor las cosas, quieren verte exitoso y por ello debes estarles agradecido; y, por fortuna, en muy pocas ocasiones quienes te critican, por alguna razón que no podremos entender jamás, solo buscan un lugar donde sembrar su temor y coraje, a estos no les regales ni una milésima de tu atención.
Si eres quien critica:
- Antes de hacerlo pregúntate a ti mismo si lo que estás por decir responde a un temor o frustración propia y en ese caso piensa mejor con quién tienes que compartir esa retroalimentación.
- Pregúntate si es oportuno, relevante y constructivo lo que estás a punto de compartir. No esperes a que haya pasado la oportunidad de regalar de frente tu retroalimentación, para después decirlo abiertamente a todos los demás menos a quien se la debías de dar.
- Define si eso que vas a criticar tú lo podrías hacer mejor. Si la respuesta es sí ¿Qué esperas para hacerlo? Deja de criticar y ponte a trabajar.
- Jamás olvides que toda retroalimentación, si en verdad es de corazón y para mejorar, es mejor darla de frente, en privado y a tiempo. Hacerlo en un frío mensaje por Internet o a modo de chisme en una reunión, borra toda buena intención que originalmente hayas tenido. Hacerlo así, en un principio podría para algunos pocos sonar divertido y “envalentonado”, pero esa es solo la falsa sensación de valentía que el supuesto anonimato que crees tener provee.
NOTA: este post NO lleva dedicatoria personal a nadie. Si te sientes identificado o aludido, antes de sentirte criticado, pregúntate a ti mismo(a) por qué lo sientes así.











