30 minutos para aprender.
30 minutos es el tiempo promedio de recorrido en coche de distancias medias en una ciudad como el Distrito Federal. También el tiempo mínimo recomendado para hacer ejercicio saliendo a caminar todos los días.
Media hora es también el tiempo que típicamente dura un capítulo de un programa de comedia (sitcom), con todo y cortes comerciales , que se transmite en un canal de televisión; y es la octava parte del tiempo que el usuario promedio de Internet en México pasa navegando la red o la mitad del tiempo que pasa leyendo revistas o periódicos.
Y es también uno de los más desperdiciados regalos que tenemos para darnos a nosotros mismos…
En media hora muchas cosas pueden pasar y hay mucho que podemos aprender.
Uno de mis mantras de todos los días es: “Keep Learning” / “Continua Aprendiendo”, a lo que hace poco una persona me rebatió que estudiar todos los días era imposible y que simplemente no hay tiempo para hacerlo.
Está totalmente equivocada.
Todos los días tenemos la oportunidad, el tiempo y el espacio para estudiar y aprender algo nuevo.
Hacerlo no es fácil.
Primero que nada hay que romper con el viejo paradigma que dicta que para estudiar uno tiene que estar sentado en un salón de clases frente a un profesor que será el único responsable de decirle la suya como la verdad absoluta que tiene que aceptar. Y una vez que entendamos que la única persona realmente responsable de asegurar nuestro aprendizaje y crecimiento somos nosotros mismos, estaremos libres para buscar aprender todo el tiempo.
Ahora, hacerlo es fácil.
¿Lo imaginas? ¿Regalarte a ti mismo 30 minutos todos los días para aprender algo nuevo?
Quitándole 30 minutos a las repeticiones de Friends o a la Telenovela del 2 (No finjas, sabes que las ves), para leer por lo menos un capítulo de un libro. Haz cuentas, si el libro promedio que lees tiene 15 capítulos, habrás leído un libro en 15 días, es decir dos libros en un mes, o sea ¡24 libros en un año!
O dedicando 30 minutos a leer 2 a 3 posts de blogs referentes a tu carrera profesional o intereses personales. Si ya estas pasando hasta 4 horas navegando en la red todos los días, ¿qué tal quitarle media hora a ese voyeurismo y chisme en FaceBook o en twitter para aprender algo nuevo de aquellas destacadas personas que hoy nos comparten su conocimiento en la red?
O 30 minutos viendo videos, pero no musicales, sino de los que hoy miles de personas que mucho se han destacado por su buen desempeño profesional en su campo de acción, comparten en plataformas como YouTube, Vimeo, etc. En lo personal yo uso 30 minutos de mi rutina de ejercicio todos los días para ver o escuchar una o dos entrevistas a las personas a quienes más admiro en mi campo laboral o respecto a mis hobbies o simplemente por lo que han hecho en otras áreas
¿Tienes Ipod, Iphone, Ipad, Android o cualquier otro dispositivo móvil donde puedas ver videos y escuchar música? ¿Qué tal si en el gimnasio, en lugar de amargarte con los noticieros que ponen en la televisión, ves un par de videos que puedes descargar desde YouTube, Vimeo, BNet, TED o cualquier otro lugar en la red? ¿O qué tal escuchar un podcast mientras estás atorado en el tráfico de la ciudad?
30 minutos para hablar con un mentor que pueda compartirte su experiencia y aprendizajes, o media hora en la que puedas tú compartir tu conocimiento con alguien más.
Piensa en la ventaja competitiva que tan solo 30 minutos diarios dedicados a aprender algo nuevo te pueden dar en un año sobre el resto de los candidatos cuando te entrevistes para un nuevo trabajo o cuando compitas por un nuevo cliente y traigas contigo un arsenal de 24 libros, 10,950 horas de videos o podcasts o charlas con más de 360 personas diferentes de las que pudiste algo aprender.
Por eso…
JDP
En la industria en la que he desarrollado mi carrera profesional, el uso de los acrónimos es tan recurrido que resulta casi imposible tener una sola conversación o reunión de trabajo en que palabras como KPI (Key Performance Indicators), CTR (Click Through Rate), KBB (Key Brand Benefit), no sean mencionadas.
El mismo nombre de este blog: DLC, es la abreviación de Desarrollo, Liderazgo y Colaboración; y de lo que hasta hace poco más de un año era, en su título orginal: De Lo Cotidiano… y lo no tanto.
Así que me es muy natural usar un acrónimo más para titular al tema central de esta entrada: JDP.
JDP: Jamás Dejes de Preguntar.
No deja de sorprenderme la cantidad de oportunidades grandes y pequeñas que dejamos pasar o que dejamos de crear por el absurdo miedo a hablar.
Si estamos en una conferencia o en una clase y quien está al frente abre el espacio a preguntas y respuestas, el temor a quedar en ridículo, provoca que muy pocos tomen la iniciativa de aclarar esa duda adicional.
Si queremos invitar a una persona en particular a un evento especial, nos quedamos con las ganas por el miedo a recibir un no.
Permanecemos en el mismo puesto por años y años porque jamás nos atrevimos a preguntar qué más podíamos hacer para agregar más valor, para innovar, para crear.
Nos quedamos atorados en el asiento de en medio de la fila de tres que no se reclina, en el vuelo de 12 horas porque pensamos que molestaríamos a alguien al pedir un cambio.
Pero la realidad es que, más frecuente que no, la gente está mucho más dispuesta a ayudarnos de lo que pensamos. Eso claro, si tan solo sabemos hacer la pregunta correcta de la manera adecuada.
Dicho esto, saber hacer la pregunta correcta tiene su chiste y, desde mi punto de vista, requiere de por lo menos 4 puntos clave:
1) Es clara y específica: no deja a la libre interpretación de la otra persona lo que estamos pidiendo, sino que puntualmente plantea qué es lo que queremos o necesitamos lograr. No preguntamos: “¿Me puede dar un mejor asiento?”, preguntamos “¿Me puede dar el asiento x que está junto al y?” porque ese es el que es mejor para nosotros.
2) Es amable y cordial: preguntar o solicitar algo, nos pone del lado de quien pide, por lo que los delirios de grandeza, las exigencias inmediatas y los reclamos prepotentes, están totalmente fuera de la discusión. La soberbia solo lleva a un destino, y no es precisamente al que quieres llegar con tu pregunta o petición. Una sonrisa auténtica y una actitud amable te pueden llevar mucho más lejos que cualquier posición que creas tener.
No olvides que con el paso del tiempo la gente no recordará lo que le pediste, mucho menos el título que tenías cuando lo hiciste, pero jamás olvidarán como los hiciste sentir.
3) Es gradecida, objetiva y comprensiva: tenemos que entender que a veces lo que pedimos no está totalmente en manos de la persona a quién lo estamos solicitando y que esta, a pesar de tener la mejor intención de ayudarnos, podrá tener o no ciertas limitantes y reglas que seguir. Así que tenemos que ser comprensivos, pero sobre todo agradecidos por el esfuerzo que, por ayudarnos, están haciendo.
4) Es recíproca: “En el pedir está el dar” dicen por ahí, pero esta frase no solo se refiere a ser amables al pedir algo, sino a buscar la oportunidad de hacer algo por la otra persona también. Quid Pro Quo no es solo un burdo trueque en especie o intercambio de favores, eso sería no mejor ni peor que una común transacción. Quid Pro Quo es buscar crear valor para quienes crean valor para nosotros también.
En mi caso, seguir estas sugerencias y atreverme a preguntar me han ayudado en cosas tan variadas y tan simples o complejas como:
– Conseguir upgrades a vuelos en clase ejecutiva.
– Conocer personalmente a algunas de las personas que más admiro como Robin Sharma o John Batelle, y en algunos casos hasta entablar buenas amistades con algunos de ellos como Mitch Joel .
– Desempeñarme profesionalmente en áreas distintas a mi carrera.
– Ayudar a amigos y compañeros de trabajo a lograr sus objetivos y proyectos
Y todo por simplemente atreverme a preguntar.
¿Alguna pregunta?
De oportunidades y de gente.
Oportunidades. Todos quieren una.
¿Pero realmente qué hacen por contar con esta?
Después de mucho pensar y leer sobre el tema y conversar con más de uno al respecto, he llegado a la conclusión de que podríamos dividir a la gente en tres tipos, de acuerdo a su posición o etapa y visión ante las oportunidades.
Por un lado tenemos a quienes siempre están en espera de que la vida les regale en charola de plata esa gran oportunidad que cambiará su historia para siempre. Pero se quedan esperando por años, viendo la vida pasar porque ni siquiera saben qué clase de oportunidad están buscando. Son quienes en lugar de tomar la responsabilidad de entender quiénes son, como son, qué les interesa, cuáles son sus más grandes fortalezas y más críticas áreas que requieren desarrollar, cuáles son su principios, sus valores y su pasión; dejan en manos de otros lo que en su vida pueda o no suceder. Son como quienes rezan todas las noches pidiendo ganarse la lotería, pero jamás compran un boleto.
Por otro lado están esas personas que están listas para aprovechar al máximo todas y cada una de las oportunidades que se les presenten. Se conocen bien a sí mismos y tienen muy claro a dónde quieren llegar. Saben perfectamente qué les apasiona y hace sentir realizados y a como dé lugar buscan cumplir con su pasión en la vida, por lo tanto están siempre abiertos a abordar cualquier oportunidad, por mínima que sea, para cumplir con su pasión.
Pero esto no es suficiente. Esa incesante búsqueda por solamente satisfacer su pasión y hacer lo que para ellos(as) parece mejor, los guía por una vida de carencia, egoísmo y compromisos cuartados, promesas rotas y brechas incompletas de las que saltan cada vez que una “mejor” o más innovadora oportunidad se presenta frente a ellos.
Y finalmente están quienes, como los anteriores, también entienden con claridad quiénes son y a dónde van, conocen sus principales fortalezas y saben de qué pié cojean también. Saben cuáles son sus más grandes pasiones y lo que mayor sentimiento de realización les da. Pero mucho más allá de querer aprovechar las oportunidades que se les presentan para satisfacer su pasión; aprovechan esta última para, junto con sus fortalezas, valores y todos sus recursos, desarrollar un sentido de propósito en la vida y así poder crear nuevas oportunidades para los demás.
Entienden que no importa si se trata de gigantescos esfuerzos para cambiar al mundo o de pequeñas contribuciones a la vida de alguien más, lo importante es aprovechar y crear una nueva oportunidad. Crear una nueva y mejor historia que contar.
Sin duda, estos últimos, son a los que más oportunidades la vida les da.
10 años
¿Se imaginan a Roger Federer sin entrenar por lo menos 6 horas al día durante tantos años de carrera deportiva?
¿Pueden ver a Stephen Covey sin «afilar su sierra» día con día durante tantas décadas?
¿Pueden imaginar a Karla Wheelock sin prepararse diariamente para escalar su siguiente cima?
Definitivamente todos ellos tienen un enorme talento nato para hacer lo que los ha hecho tan exitosos. Pero más allá de ese talento, su más grande fortaleza radica en entender que su talento no es suficiente y que para llegar a donde han querido llegar es necesario ejecutar y trabajar mucho; muchísimo más que todos los demás.
No estoy seguro si es una moda o el síntoma de una enfermedad de nuestra época, pero cada vez es mayor la cantidad de personas que pretenden generar una artificial y casi espontánea buena reputación solo en base a su talento y no en base a su trabajo, esfuerzo y generación de un real valor para alguien más.
Por supuesto no pretendo, con esto, decir que no deban aprovechar y usar sus más grandes fortalezas para crear y desarrollar su carrera, pero definitivamente no pueden esperar que tan solo estas les lleven al éxito que creen de facto merecer.
«10 años al menos es lo que toma tener un éxito de la noche a la mañana» escuché decir alguna vez a Seth Godin, refiriéndose a la absoluta importancia de trabajar intensamente, con pasión, entrega y disciplina en la ejecución y realización de tus planes.
10 años de esfuerzo y trabajo para desarrollar, potencializar y pulir tus talentos y entonces, después de eso 10 años, seguirán otros 10 años y 10 años más para mantenerte en donde quires estar.
Por supuesto está muy bien confiar en tus más grandes fortalezas y enfocarte en desarrollar y afilar tus más destacados talentos para crear y desarrollar tu carrera profesional, pero no importa que tan especiales sean estas, sino los aprovechas con disciplina, enfoque y trabajo, más seguro que no, no llegarás muy lejos.
¿Algún otro consejo que me quieran compartir?
- Ten claro cuales son tus prioridades en la vida: la familia, la salud, el bienestar.
- No tengas un plan de carrera. Ten un plan de vida. Define que quieres de la vida y como quieres vivirla.
- No caigas en la tentación de la escalera corporativa, los grandes sueldos y los títulos nobiliarios. Si solo te enfocas en estos, tarde o temprano seguro que los obtendrás, pero tan solo lo harás para luego descubrir que, a pesar de todo lo que haz logrado, estás haciendo exactamente aquello que no te hace feliz.
- No busques trabajo, más bien encuentra un motor económico que te ayude a construir la vida que quieres vivir, haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer.
- Jamás ignores o digas que no a un abrazo, a una caricia o a un beso de tus seres más amados. Después de todo, cuando todo termine ellos son quienes estarán a tu lado.
- Manten tu vida simple y sencilla. Tener lujos está bien pero jamás deben serte necesarios para vivir. Conoce y define bien tus necesidades para vivir bien y todas las noches poder dormir.
- Cuida tu salud y mantente en buena condición física, la necesitarás para seguir luchando y para disfrutar tus logros también.
- Mantente siempre fiel a tus principios y valores, estos simplemente no son negociables o intercambiables.
- Conoce tus fortalezas y tus áreas de oportunidad; y enfócate sobre todo a mejorar las primeras.
- Se autentica y profundamente agradecido con la vida y con quienes te rodean.
- Rodéate de quienes te inspiran a esforzarte para ser mejor. Si crees que eres el que más sabe o más puede en la habitación donde estás, seguramente no te encuentras en donde deberías estar.
- Estudia, lee, escucha música, conoce gente nueva y aprende de ellos.
- Viaja y conoce otras maneras de ver la vida.
- Aprende a descansar y a recrear.
- Pasa tiempo contigo mismo y aprende de la soledad.
- Házte de un coach y de un mentor. El mentor te compartirá todo lo que sabe y te mostrará su camino. El coach te acompañará y apoyará en el recorrido de tú propio camino.
- Asume tu responsabilidad. Habla menos, ejecuta más.
- Se siempre humilde, honrado, amable, considerado y honesto con los demás.
- Da de ti, de tu tiempo, de tu experiencia y conocimiento y haz muchos más favores de los que puedes pedir.
- No solo busques aprovechar cada oportunidad que se presenta ante ti, crea oportunidades para los demás también.
Son solo algunas de las cosas que me recuerdo a mi mismo cada vez que me encuentro preguntándome que debo hacer para continuar construyendo la vida que quiero vivir.
Y ustedes ¿Qué otros consejos me quisieran compartir?
Nuestra carrera y la sostenibilidad.
Hoy no resulta extraño escuchar la palabra “sustentabilidad” en todo tipo de plática, desde una conferencia en la que el tema central es la responsabilidad social y las práctica sostenibles de la empresa, hasta en charlas en la mesa de al lado donde hablan de las prácticas ecológicas que cada quien tiene en su casa mientras, quienes platican, beben café en un vaso de papel reciclado.
Vaya, hasta un cursos sobre energía personal sustentable, tuve oportunidad de tomar hace poco más de un mes, en el que el concepto rector es la buena administración de nuestra energía personal como recurso auto-sustentable.
Sin embargo, hasta ahora, no he escuchado a muchos hablar sobre la sostenibilidad de nuestro desarrollo profesional y personal.
Carreras profesionales y vidas sustentables.
“No me importa todo eso que dicen del coaching, ni del balance de vida con el trabajo, mucho menos del “work smart” y que puedas hacer bien tu trabajo en menos horas, lo cierto es que, en esta organización, la gente que más crece es la gente que trabaja más horas y hace más cosas”, me respondía el “country manager” para México, de una muy importante empresa global, ante mi aseveración sobre la enorme importancia de apreciar y reconocer el esfuerzo de los integrantes de una organización y del crucial respeto que hay que tener por su vida personal, sus intereses particulares y desarrollo personal.
De acuerdo a varias definiciones, el término sustentabilidad se refiere al equilibrio que hay entre una especie con los recursos del entorno al cual pertenece. En otras palabras, la sustentabilidad, trata de satisfacer las necesidades de la actual generación pero sin que por esto se vean sacrificadas las capacidades futuras de las siguientes generaciones.
Pero si seguimos el camino que esta persona sugiere y solo trabajamos largas horas, haciendo más y más para satisfacer nuestras necesidades de desarrollo profesional y las de la empresa para la que laboramos ¿no estaríamos, precisamente, descuidando totalmente las necesidades del resto del ecosistema social al que pertenecemos? ¿en verdad es sostenible esa manera de trabajar?
Es entendible y deseable querer desarrollar una sólida y éxitosa carrera profesional llena de ascensos meteóricos y la acumulación de incrementos salariales; es totalmente necesario que todos busquemos la mejor forma de cubrir las necesidades económicas, de seguridad y estabilidad de nuestras familias; y es absolútamente importante que todos seamos agradecidos y leales a la organización para la que trabajamos. Pero ¿hasta qué punto tenemos o podemos llegar sin sacrificar otros aspectos de nuestra vida y de la de los demás?
Y no solo me refiero a cuidar el tiempo de descanso y distracción, como muchos, equivocadamente, creen que es tener un balance entre lo personal y lo laboral, sino a un equilibrio básico que, como personas, tenemos que cuidar para desarrollarnos, sí en lo profesional, sí en lo personal, pero también en lo familiar, en lo social, en nuestra comunidad y en lo cultural.
¿Dónde está el equilibrio? ¿Hasta dónde podemos llegar, sin que el viejo modelo industrial en el que alguien tiene que perder para que otros puedan ganar, termine por romper el poco balance que queda? ¿Cuántos profesionales con crisis nerviosas o agotamiento por estrés, cuánto talento desperdiciado y sin desarrollar, cuántas más familias con hijos descuidados y desatendidos tenemos que tener a cambio de una oficina ejecutiva más?
Y con esto, para nada pretendo decir que no debemos trabajar ni que debamos hacerlo con menor tesón, por el contrario, siempre debemos hacerlo con dedicación y pasión, pero esa misma dosis de pasión, de enfoque y dedicación la debemos de inyectar a los otros aspectos de nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro cuidado personal, a nuestra cultura y a nuestra comunidad.
Porque ¿por qué habría que sacrificar uno o varios aspectos de nuestra vida por uno solo nada más? ¿Sería eso sostenible? La respuesta, creo que yo, es para cada quien algo muy personal.
El precio de no atraverse
Has pensado en mil y una sólidas razones para justificar tu falta de acción. Has buscado incluso la comprensión de otros para validar tu decisión (o falta de esta) de no ir adelante con ese proyecto: “No cuento con los recursos”, “Necesito mucho dinero para hacerlo”, “Me falta experiencia”, “Requeriría una red de contactos mucha más grande”, “No tengo el tiempo suficiente para hacerlo” o la mejor de todas, “¿Por qué cambiar las cosas si así funcionan bien?”
Incluso, recuerdo hace poco haber escuchado a un importante ejecutivo de un muy importante medio digital comentar que no podía imaginarse por qué habría personas que quisieran trabajar en un lugar distinto a ese que él representa, si no solo está a la cabeza de la categoría, pero también ofrece estabilidad y seguridad para sus empleados.
En tiempos como en los que estamos viviendo, una reacción así resulta hasta compresiva, es decir ¿por qué alguien querría dejar de lado todos los beneficios que trabajar en lugar así donde, a pesar de toda la innovación y cambios propios de la industria, la mayoría de los asuntos para los empleados están prácticamente solucionados?”
¿Quién querría, estando en una situación, relativamente privilegiada, romper con el estatus quo? Muy pocas personas diría yo.
Pero la realidad es que si no existieran esas personas decididas a estudiar y entender la situacion actual, definir estrategias y tomar riesgos, algunas veces menos calculados que otras, ese estatus quo que tantas personas quieren defender y conservar no sería tan perfecto, caducaría, vencería… tarde o temprano terminaría por no funcionar.
Como dice Charlie Rose “Puedes perderlo todo si lo único que te interesa es proteger solo una cosa”.
Y es que piénsenlo un momento, no importa que tan cómodos nos sintamos con como las cosas están, ¿de qué nos sirve el estatus quo de otro?
El otro día leí una cita que, desde mi punto de vista lo resume todo muy bien: “Atreverse es perder el piso temporalmente, no hacerlo es perderse a si mismo para siempre”, Aabye Kierkegaard.








