Alineación y balanceo.
Lo mismo creo que sucede en los seres humanos. Sabes que es momento de tomar medidas correctivas en tu vida cuando sientes que tu camino está jalando para el lado que no sientes sea el correcto, cuando por el ajetreo y ritmo tan veloz de la vida dejas de vibrar o cuando tu cuerpo o mente comienzan a tener un desgaste (cansancio) más grande de lo “normal”.
Estoy seguro de que todos, en algún momento u otro de nuestras vidas, tal vez hasta en repetidas ocasiones, hemos sentido por lo menos uno de estos tres síntomas. Pero de lo que no estoy tan seguro es con que tanta rapidez reaccionamos y corregimos estos problemas, o más importante aún que tanto “mantenimiento preventivo” nos procuramos a nosotros mismos.
Estamos tan ocupados todos los días, manejando nuestras saturadas agendas, tratando de quedar bien con todo el mundo, buscando el siguiente puesto, el próximo aumento de sueldo, el bono anual, el cierre de contrato, cubrir la cuota del año, el reconocimiento público como profesional destacado; y en la vida personal también tan enfocados a ser el padre del año, la pareja modelo, el gran anfitrión, el consejero y amigo más buscado, etc.
Que dejamos totalmente de lado darnos el tiempo (el mantenimiento) que necesitamos. Entonces viene de nuestro cuerpo, el reclamo. Notamos el desgaste, nos enfermamos: espaldas contracturadas, gripas sin razón, gastritis agudizadas, falta de sueño.
Los proyectos que antes nos llenaban de emoción se convierten en condenas de prisión y dejamos de vibrar. Nos damos cuenta que en algún punto del camino, sin notarlo tomamos una desviación.
Y nos enfrentamos al incómodo y difícil momento de “la decisión”. El punto en el que tenemos que reconocer que debemos parar y reconsiderar nuestra dirección; evaluar si estamos en el camino correcto, llevando el paso que queremos o si solo estamos siendo parte del ruido que envuelve a las masas en la indecisión.
Es momento de tomar nuestro propio balanceo y alineación, y preguntarnos:
- Lo que hago hoy ¿está alineado con los principios e intereses que más valoro yo?
- ¿Qué de todo lo que hago hoy me hace vibrar de emoción?
- ¿Tengo claro a donde quiero llegar y cómo quiero vivir, no en unos años, sino a partir de hoy?
- ¿El camino en el que me encuentro hoy, aunque sea un escalón más, me acerca en esa dirección?
Es tiempo de girar las llantas, realinear la dirección y regular nuestra vibración.

Liderear vs gerenciar
Nota: como habrán constatado en anteriores entradas publicadas aquí, en De lo Cotidiano, siempre he creído en la absoluta importancia de asumirnos como líderes y desarrollar nuestras principales fortalezas y habilidades, sin embargo, esta entrada la escribo no solo pensando en esto, sino inspirado por el concepto de Tribus de Seth Godin (si pueden obtener el libro del mismo título, no dejen pasar la oportunidad de leerlo).
¿Estás en verdad liderando talento o solo gerenciando recursos?
Lo pregunto pues en alguna ocasión alguien me dijo: “Un manager (gerente) maneja los proyectos, los retos, los problemas, los recursos. Por eso es un manager, porque maneja”. ..Pues sí, y un director, dirige, y un ejecutivo ejecuta. Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre un simple gerente, director, ejecutivo y un líder? Simple y enorme.
Si gerencias o manejas recursos, impones tu visión o la del estatus quo que estás representando, de lo que hay que hacer y de cómo hay que hacerlo; restándole valor absoluto a la aportación de los miembros de tu staff. No cedes ni un centímetro más de lo mínimo indispensable para que tus empleados accionen las palancas que tú les has indicado que usen para cumplir con una lista determinada de tareas con las que asumes lograran que tu organización prospere.
Sin embargo, el problema con esta visión es que el estatus quo es así, “ideal” porque no cambia, se mantiene fijo y por lo tanto no crece, no evoluciona, se queda estancado y, por mucho que lo intentes sostener, tarde o temprano se cae.
Este es el modelo que a tantas compañías, incluso a algunas que se auto declaran innovadoras, les está costando tan caro, no solo respecto al incremento de sus costos y decremento de sus ingresos, pero sobre todo respecto a la retención de talento en la organización, pues no comparten una visión basada en valores, principios y objetivos con los que otros se pueden identificar y comprometer; de modo que la única manera de lograr que los demás lleven a cabo sus instrucciones es con la caduca práctica de la zanahoria y el palo, y más pronto que tarde hasta el empleado más apático se cansa de este modelo y busca como seguir adelante con su vida.
Por otro lado, si desistes en querer administrar a las personas como un activo más de tu organización y te enfocas en definir una misión digna, en compartir claramente la visión de tu organización y en convertirte en un catalizador del talento de quienes integran tu equipo, además de convertirte en un líder que potencializa las fortalezas y habilidades de sus compañeros, transformarás a tu empresa en un magneto de líderes; en una tribu de personas talentosas cada una ejerciendo y maximizando sus propias fortalezas y habilidades, colaborando y contribuyendo con tu organización.
Las organizaciones que saben que el verdadero valor de su empresa está en su gente, en su tribu;es decir, en sus colaboradores (empleados) y contribuyentes (clientes y proveedores), son las que hoy llevan ventaja y no están perdiendo su lugar en el mercado.
Los líderes de estas compañías saben que el éxito no está en una única fórmula secreta ni en un procedimiento metodológico estudiado ni en establecer incentivos a clientes, proveedores y empleados; sino en crear una tribu de gente con valores, principios e intereses tan alineados con los de su grupo que no repararán en traer a la mesa de trabajo sus fortalezas, conocimientos, experiencia, habilidades, compromiso y a los miembros de sus otras tribus también.
3 simples razones por las que nunca debemos dar retroalimentación interpersonal por e-mail.
Si participas en cualquier tipo de institución sea una corporación global, una organización sin fines de lucro, un colegio, una familia o simplemente un grupo de amigos, por lo menos una vez, pero seguramente muchas más, has tenido que dar y recibir retroalimentación sobre tu trabajo, tu desempeño, tu conducta, tus propuestas, tus ideas, de la gente con quien te rodeas o simplemente acerca de si te parece bien o malo algo que está sucediendo.
Sin duda alguna todos, absolutamente todos, damos y recibimos retroalimentación todo el tiempo, pero que lo hagamos con frecuencia no quiere decir que sepamos darla correctamente, ni siquiera si ostentamos roles de alta jerarquía o hayamos tenido algún entrenamiento para hacerlo.
Por eso quise compartir 3 razones por las cuales estoy convencido de que uno jamás debe de proveer retroalimentación personal a nadie por medio del correo electrónico:
- La retroalimentación tiene que ser oportuna y a tiempo. Si el tema por el cual estás dando cierta retroalimentación es tan importante como para que lo estés haciendo, entonces no puedes esperar a que la otra persona reciba, lea y digiera tu mensaje, ni mucho menos asumir que lo va a hacer en el momento que tu le estás enviando ese mensaje.
Si vas a dar retroalimentación o compartir tu punto de vista para ayudar a alguien a mejorar o corregir alguna acción, tienes la obligación de hacerlo cara a cara. - Dicen por ahí que la retroalimentación es un regalo. Un regalo es un presente, así que ¿cómo lo puedes dar si no lo estás? Para dar retroalimentación tienes que estar física y mentalmente presente en el momento y lugar en que lo des.
- Y la razón más importante por la que creo que jamás debemos de dar retroalimentación por e-mail la aprendí del libro de How to Wow de Frances Cole en el que comparte los resultados de una investigación realizada por el Profesor Emérito en Psicología de UCLA Albert Mehrabian que dice que de toda nuestra comunicación interpersonal, solo el 7% de la influencia que ejercemos viene de las palabras que decimos, 38% del tono en el que las decimos y 55% del lenguaje corporal que tenemos mientras las decimos. Y dado que en un correo electrónico no podemos expresar ningún tono (38%) ni mucho menos compartir nuestra expresión corporal (55%) solo estamos teniendo un 7% de probabilidad de que nuestro mensaje se entienda correctamente a través del e-mail.
Ahora les pregunto ¿Cómo comparten ustedes su retroalimentación? Porque por si no fueran suficientes estas tres razones, cuando provees tu retroalimentación por e-mail puede parecer que estas imponiendo tu visión o forzando una dirección.
Una cosa importante que entender sobre la ley de la reciprocidad.
Seguro que lo habrás escuchado, de una u otra forma, pero lo has hecho. En dichos como “Haz el bien sin mirar a quien”, “al que bien se porta, bien le va”, “El que mata a hierro, a hierro muere”, “Uno cosecha siempre lo que sembró”, etc. La ley de la reciprocidad que básicamente en términos físicos establece que “A toda acción corresponde una reacción”.
Pero esta ley, como bien lo sugieren estos dichos, no solo opera en el plano físico de las cosas, es decir no solo se encarga de que todo lo que suba tenga que bajar, sino que actúa directamente sobre nuestras acciones y comportamiento cotidiano.
Por eso es que siempre que alguien hace algún favor para alguien más, aun cuando esto no se discuta directamente, el favorecedor siempre quedará esperando en silencio a que en algún momento el favorecido le regrese el favor; de modo que el “hoy por ti mañana por mí” queda siempre latente en toda relación. Aunque he de decir que creo que aquí está escondido un error básico que hay que entender.
Claro que hay que ayudar a todos y por supuesto que todos siempre necesitaremos ayuda de otros. Por supuesto que si ayudas a distintas personas a ser exitosas en su trabajo, en su relación o en cualquier otro aspecto de su vida, por lo menos una de todas esas personas en algún momento te regresará el favor; pero por ningún motivo debe ser esto la razón atrás de tu intención de ayudar.
La ley de la reciprocidad no funciona en ese sentido. No puedes esperar tener favores especiales de alguien o de la vida a cambio de haber ayudado a alguien más.
La ley de la reciprocidad, desde mi punto de vista, funciona al revés: estás ayudando a otros en respuesta a todos los favores y bendiciones que la vida te ha dado ya.
Estás ayudando a otros, no para que alguien más te ayude a ti; esa ayuda la tienes ya de igual manera. Estás ayudando a otros porque desde antes la vida te ha regalado el favor o en otras palabras la gran bendición de estar en una posición en la que puedes precisamente hacer eso: ayudar.
Así que la próxima vez que tengas oportunidad de ayudar a alguien más, deja de lado la idea de qué podrás obtener algo a cambio y en su lugar agradece todas las bendiciones que tienes ya; porque gracias a ellas estás en condiciones de ayudar.
¿Qué tan buen socio eres?
Seguramente lo has escuchado antes o talvez hasta lo hayas mencionado tú mismo, y probablemente en más de una ocasión. Especialmente si trabajas directamente con clientes, con proveedores o fuerzas de ventas y distribuidores.
Es esa bella, simple, corta y definitivamente vacía, mal usada y desgastada frase que dice: “No pienses en mi como tu proveedor ó vendedor ó cliente ó distribuidor, veme como tu socio”
¡Vamos, seamos honestos! Sí que lo has dicho ¿o no? Prácticamente toda la gente de negocios que conozco, incluyéndome a mi mismo, hemos utilizado esta frase un sin fin de veces en el momento de buscar cerrar un negocio.
El problema es que tanto hemos usado esta muletilla que ha perdido sentido o peor aún, su significado ha cambiado tanto que, para muchos hoy, escuchar esto de boca de un profesional de las ventas es un signo de alerta que activa un traductor invisible de significados y que te hace escuchar “solo me interesa tu dinero y en tanto me firmes pasaré a ver a mi siguiente “socio” para que me pague un poco más que tu”.
Y por favor no me mal entiendan, no estoy diciendo que no deberíamos enfocarnos en generar ingresos para nuestra empresa; de lo que estoy hablando aquí es del como.
Un verdadero gran socio de negocio no se preocupa solo de cuanto su “socio” le puede generar de ingresos; un socio (sea un cliente, un proveedor o un distribuidor) no es una granja de ganancias ni una fuente interminable de dinero que podemos drenar todo el tiempo.
Tener un socio de negocios exige un gran compromiso de nuestra parte, el compromiso de poner, en la mayoría de las ocasiones los intereses de nuestro socio por encima de los nuestros. Ser un gran socio significa que todo el tiempo estamos buscando que nuestro socio, sus socios y nosotros también, ganemos todos.
Ser un gran socio requiere no solamente que simpaticemos con nuestros clientes y les digamos que «entendemos su sentir», pero que seamos totalmente empáticos con ellos y sintamos sus retos como nuestros, que comprendamos sus objetivos, sus fortalezas, sus oportunidades, sus intereses, etc. y que con base en estos propongamos soluciones que apoyen el cumplimiento de sus metas, aún en las ocasiones en las que hacerlo no genere una ganancia económica inmediata para nosotros.
Porque a la larga, y a la no tan larga también, ser un gran socio tendrá muchos más beneficios para nuestro negocio que solo el cierre de una venta frecuente. Nos dará lealtad, afinidad, comprensión y embajadores de nuestra empresa también.

Miércoles, bueno Jueves, de Mekate! Una historia de Agencia
Nota: Para los que vienen leyendo este blog desde hace tiempo, recordarán que también publico en el Blog Mekate.com, donde principalmente discutimos temas más alineados con la industria de la Comunicación y la Publicidad.
Buen pues, he aquí la primera entrada que publiqué en Mekate.com este año que inicia.
Muy bien mis queridos y un poco abandonados amigos mekateros!
Ya ha pasado mucho tiempo desde que escribí mi última entrada en este blog, así que prometo hacer un esfuerzo para retomar el buen camino.
He de decir que en ocasiones, la principal razón por la que algunos bloggers dejamos de escribir temporalmente es, desde mi punto de vista, la falta de cosas realmente importantes y valiosas que decir.
Pero ahora tengo el material perfecto para compartir con ustedes muy, pero realmente muy interesantes, puntos de vista de 237 bloggers a nivel mundial quienes, a través de un enorme esfuerzo colaborativo, participamos como coautores del libro Age of Conversation 2: Why don’t the get it.
Así que a partir de hoy y periódicamente (conste que no dije qué periodicidad) estaré discutiendo con ustedes las opiniones que tengo sobre el pensamiento que tantas personas tan talentosas y experimentadas han compartido en este libro.
Ojo, esta nueva serie de entradas no pretende en ningún momento publicar por aquí el contenido del libro, sino tan solo compartir mi opinión, y la suya, al respecto.
Si quieren leer el libro (y créanme que bien vale la pena que lo hagan), pueden comprar el libro en Lulu.com, hay 3 versiones, pasta dura, de bolsillo y electrónico. Además, si lo compran estarán participando en una buena obra social, pues todos los ingresos generados por las ventas de este están siendo donadas Variety, International Children’s Charity.
Buen pues manos a la obra. Como habrán visto o deducido de las entradas que anteriormente he publicado tanto en Mekate.com como aquí en De lo cotidiano y lo no tanto, para mi uno de los rasgos más importantes en un profesional es su actitud de servicio y su capacidad de conectar, simpatizar y empatizar con sus clientes y colegas en general.
De modo que no resulta extraño que el primer tema que quiero compartir sea el capítulo de Cam Beck titulado “An Agency Story” (Una historia de Agencia) en la que Cam narra con mucho realismo una situación que muy frecuentemente sucede en las empresas (agencia en este caso), especialmente en las más grandes, más exitosas o más reconocidas. Cuando la gente que labora para estas se emborracha de éxito y por estar “ensimismados de si mismos” solo hablan de ellos y de porque creen que básicamente le estarían haciendo un favor al cliente por trabajar con el cuando en lugar de esto lo que deberían hacer es poner atención y escuchar las necesidades del cliente, que más frecuente que no, resultan ser muy diferentes a lo que creíamos que eran: “Gracias, eso está muy bien. Me ha convencido de que han alcanzado el pináculo de su industria. Y obviamente están orgullosos, y tienen toda la razón de estarlo. Agencias, no solo en los Estados Unidos, pero en el mundo entero, deberían estar celosos de los premios que ustedes han recibido. Pero mientras hablabas y presumías todos los reconocimientos que han obtenido, ignoraste completamente mis necesidades. Ni siquiera me preguntaste cuál es mi problema. Tan solo unas preguntas y propuestas de soluciones hubieran ayudado a elaborar tu caso..:” Cam Beck, Age of Conversation 2: why don’t they get it. Página 72.
Quiéres saber cual era el problema del empresario? No dejes de comprar Age of Convesation 2 y leerlo, recuerda, está en la página 72.
Y mientras obtienes el libro y lo lees, no olvides que no importa que tan grande, exitosa, famosa o rica sea tu empresa o la compañía para la que trabajas, a final de cuentas la gente no quiere trabajar solo con las personas u organizaciones que tienen más fama, poder o dinero; las personas quieren hacer negocios y trabajar con las personas con las que gusta interactuar y convivir. Y la mejor manera de que a la gente le guste interactuar contigo es empalizando y simpatizando con ellas, teniendo una actitud de servicio y de generación de valor, y la única manera de hacer esto es escuchando, poniendo atención, observando y no hablando por hablar.




