#DLC, De Lo Cotidiano algo EXTRAORDINARIO

¿Que clase de memoria quieres dejar de ti y de tú pais en los demás?

Lo acepto, nuestra sociedad tiene muchos vicios, nuestras costumbres a veces pueden parecer raras y definitivamente nuestros gobernantes dejan, en todos sus niveles, mucho que desear.

Pero también hay que reconocer que tenemos muchas más cosas positivas que negativas como cultura y como sociedad.

Ahora lo más importante será que aprendamos a reconocerlo, pero sobre todo a celebrar las cosas positivas de nuestro país y nuestra región.

Desarrollando nuestro potencial enfocándonos en lo positivo.

De acuerdo a los expertos, la mejor manera de entrenar y desarrollar el potencial de una persona es enfocándose en sus grandes fortalezas y desarrollándolas cada vez más a la vez que buscamos alejarnos de sus
debilidades. En otras palabras, enfocarnos en lo positivo, nos ayuda a sacar lo mejor de esa persona.

Entonces, ¿por qué no aplicar la misma visión respecto a nuestro pais?

He tenido la fortuna de pasar la mayor parte de mi carrera profesional trabajando con equipos globales y multiculturales, y si una diferencia he notado entre los miembros de los equipos con quienes he colaborado
en las últimos 15 años es que mientras que la mayoría de los latinos típicamente tienden a satirizar y criticar a nuestra sociedad cuando platican con algún extranjero con frases clásicas como: «manejaré como
chilango», «al fin que los latinos siempre llegamos tarde», o justificando actitudes y malos hábitos diciendo «soy latino, soy fiestero y ruidoso e informal»; otras sociedades, como las orientales, cuando comparten cosas sobre su país o su ciudad, por lo general tienden a hablar de lo positivo, de sus valores y del orgullo que sienten por su pais y su comunidad.

No, no esto ciego y tampoco quiero ignorar los grandes vicios y retos que enfrenta nuestro pais. Tampoco pretendo vivir en una burbuja o aislado de los problemas de nuestra sociedad. Pero es precisamente por
esto que no solo quiero hablar de lo malo y con cinismo burlarme de lo que ni siquiera nos tomamos el tiempo de intentar arreglar.

En lugar de esto prefiero destacar todo lo bueno de nuestro país, nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestras costumbres. Compartir lo importante que es para nosotros la familia, lo hospitalarios y amistosos que somos; platicar sobre nuestra alegría y gran capacidad para hacer amigos. Presumir lo duro que trabajamos y nuestro enorme sentido de solidaridad, y como es que siempre pedimos las cosas por favor y damos las gracias después.
Y claro siempre predicando con el ejemplo y demostrando que no solo es este un discurso que aprendimos de memoria, sino la realidad que queremos vivir.

Así que la próxima vez que convivas con personas de otro país en tu trabajo, durante tus vacaciones, en un evento o cualquiera que sea el contexto, antes de comenzar a despotricar sobre tu tierra, tómate un par
de segundos para pensar: ¿quiero que me recuerden por lo mal que le va a mi pais y me asocien con todos esos vicios y problemas, o quiero dejar una huella positiva en la memoria de estas personas?

No se ustedes, pero yo prefiero mil veces compartir lo orgulloso que me siento de mi gente y de mi pais.

Photo credit: Esparta

7 nuevas cosas que por la mañana puedes practicar

¿Han tenido uno de esos días en los que hubieran preferido quedarse en la cama?

¿Conocen o son la típica persona que dice no ser «un morning person»?

Desde que despiertan están de mal humor, salen peleados con la mitad de las personas con las que viven; son víctimas del tráfico que cada mañana los atrapa por más de una hora y, cuando por fin llegan a su oficina, después de por lo menos una media hora de retraso, están tan enojados que sucumben ante la más mínima provocación y cazan la pelea con quien menos deben de hacerlo, transcurriendo así la mañana, el día y las semanas; no solo desgastando así su imagen profesional, sino erosionando también su espíritu, provocando que cada día les resulte aún más difícil comenzar.
La manera en la que comenzamos cada uno de nuestros días, es definitivamente determinante sobre la forma en la que viviremos cada uno de estos y, por consiguiente, también tiene un impacto por demás importante en la manera que la que nos comportamos y relacionamos con los demás y como dejamos nuestra huella o marca personal.

Por eso, y porque creo que es indispensable que cada día nos demos la oportunidad de empezar mejor, quise compartir 7 cosas que se que podemos hacer diferentes al arrancar cada nuevo día:

1- En lugar de quejarnos por tener que levantarnos temprano para ir a trabajar, demos las gracias por la oportunidad de vivir un día más y
por todo lo que ese día podremos disfrutar. Ser agradecidos en todo momento cambia totalmente la manera en que percibimos la vida y nos ayuda a identificar y apreciar todo lo bueno que tenemos cada día.
2- En lugar de tomar nuestra Black Berry, I-phone o lo que sea que usemos, para ver los emails de pendientes y presiones que ya nos han
enviado o ver las noticias amarillistas del día, leamos algo que nos agregue valor, algo que nos enseñe algo nuevo o algo inspirador.
Leer algo inspirador no solo puede levantarnos el ánimo, pero también enseñarnos los que otros en el pasado han hecho para resolver los problemas por los que a penas hoy nosotros estamos pasando.

3- En lugar de apretar el botón de snooze de nuestro despertador 6 u 8 veces cada 5 minutos hasta que no tenemos otra opción más que despertar, ganémosle la batalla a la cama y aprovechemos esa media hora para caminar y meditar un rato, pasar media hora así, procurando nuestro cuerpo y nuestra mente, es mucho más productivo que pasarla dormitando entre alarmas.
4- En lugar de salir con el estómago vacío y adolorido con gastritis, tomémonos unos minutos para preparar nuestro desayuno y el de nuestra
familia y hagamos un espacio para sentarnos a la mesa con ellos. Pasar este  tiempo con ellos a final de cuentas rendirá muchos más frutos que
cualquier junta mañanera, así que, de ser posible, agenda tus reuniones de trabajo para después de las 10am, y date y a los demás tiempo de empezar tu día con lo que importa de verdad.
5- Si te es posible, y va de acuerdo a las políticas de tu trabajo, en lugar de salir a las 7:30am a hacer una hora u hora y media transportándote hasta tu
trabajo, acuerda llegar a las 10am, sal de tu casa a las 9:30 y la hora ganada, aprovéchala para trabajar desde casa. O aún mejor, busca
poder trabajar desde casa un día a la semana. No creerías lo mucho que puede crecer tu productividad poniendo esto en práctica aunque sea un solo día a la semana y nada más.
6- Al manejar o transportarte a tu trabajo, en lugar de escuchar las noticias amarillistas y angustiantes o avisos inútiles sobre el embotellamiento en el que ya estás, mejor escucha un programa que te haga reir o música que haga cantar. Creemelo mucho mejor que llegar amargado a la oficina, es llegar silbando o tarareando una canción acompañada de una gran sonrisa que compartir con los demás. Y de las noticias importantes, de todas maneras te vas a enterar.
7- Al llegar a tu oficina, en lugar de pasar como fantasma inadvertido hasta tu escritorio, asegúrate de detenerte a saludar a la gente con
quien convives todos los días, conócelos un poco más, pregúntales como están, te sorprenderías de todo lo que puedes aprender de ellos tan solo tomándote unos
minutos para convivir.

Y así podríamos seguir buscando más y más formas de arrancar en grande cada uno de nuestros días, ademas de como cerrarlo igual, pero ese será cosa de otro
post.

¿Y tú que cosa especial haces diferente cada mañana al despertar?

Cuidado con tu Gremlin personal

¿Recuerdan a los Gremlins? ¿Esas pequeñas y destructoras criaturas que en tan solo una noche logran desquiciar a toda una pequeña ciudad usando el miedo como su mejor arma?

¿Cuándo fue la última vez que vieron un Gremlin? Definitivamente no fue en 1990 cuando se estrenó la segunda entrega de esa película.

Lo más probable es que lo hayan visto esta semana, incluso hoy mismo. Tal vez no vieron una enana criatura verde con dientes afilados y orejas de murciélago, pero vieron algo mucho peor: su propio rostro en el espejo.

Así es, todos tenemos a nuestro propio, único, exclusivo y siempre servicial Gremlin, dedicado 24/7/365 a destruir y descontrolar cualquier proyecto de vida que queramos realizar.

Además, nuestro exclusivo Gremlin particular, no  necesita comer después de la media noche para cambiar y ni una sola gota de agua es necesaria para que se multiplique por cien; nuestro ego se encarga de eso y más.

Pero al igual que en la película, afortunadamente existen algunas acciones que podemos practicar día con día para poner a nuestro Gremlin personal a raya, quieto y en su lugar:

1) Cuidado con lo que consumes. Y no me refiero a lo que comas después de la media noche, aunque tampoco es muy recomendable que comas tan tarde. Más bien estoy hablando de la información que permitimos que entre a nuestra mente todos los días.
Ya en muchas ocasiones he hablado de la manera tan dosificada en que en lo personal veo, escucho o leo las tan lamentables noticias que circulan todos los días. De modo que ahora, con solo una pregunta, me referiré a todo lo demás: ¿cómo no queremos escuchar tanta tragedia en las noticias si nosotros mismos enseñamos a nuestros hijos que asaltar, robar, golpear y hasta matar es normal y hasta heroico? ¿Qué no lo hacemos? Nada más chequen los video juegos que tienen en su casa, no hace falta que ni los vean, solo lean sus títulos; o vean las series o incluso caricaturas que ponemos en la TV donde un Capo de las drogras, un asesino en serie y un defraudador son ahora los héroes…
¿Cómo queremos mantener a nuestro Gremlin personal en paz si todos los días lo alimentamos de tragedia y caos?

Mejor cultivemos mejores hábitos y sembremos un mejor contenido en nuestra mente y la de nuestros hijos. Y no, no les estoy vendiendo el viejo discurso que ataca a los medios y a las marcas por lo que generan y transmiten; ellos están en todo su derecho de hacer lo que quieran con sus recursos y productos, pero ¿saben algo? Ustedes también. La decisión esta de su lado de la cancha, de la misma manera que pueden también elegir controlar los pensamientos que quieren que pasen por su mente.

2) No te salpiques. No solo los gremlins se multiplican al mojarse, también los miedos y los rencores lo hacen. Piénsalo bien, el efecto domino siempre se hace presente cuando el coraje y el enojo te hacen perder el control: dices cosas hirientes, actúas de mala fe, buscas retribución, reaccionas impulsivamente, en fin. La cosa es que por supuesto tu situación solo se pone peor. Es tu Gremlin personal en su máxima expresión.
Cómo decía un viejo amigo: «No escupas para arriba porque inevitablemente te salpicas».

3) Usa tu luz. En la película, la luz era la mejor arma para luchar contra los gremlins, en la vida real también.
En mi parecer todos tenemos dentro una luz que compartir con los demás, y por luz me refiero no solo a un tema energético, sino a la capacidad que todos tenemos de iluminarle el día a alguien más. Quiero decir, no se necesita ser un «iluminado», un chamán o un Yogi para compartir y darle un poco de luz a los demás. Basta con que cada día hagamos algo simple, sencillo y desinteresado por alguien más, puede tratarse de un ser querido, un amigo, un compañero de trabajo o un desconocido total. No importa a quien, todos necesitamos saber que no estamos solos y que las personas, en efecto, aún nos preocupamos por el bien estar de los demás. Tampoco se requiere de esfuerzos desmedidos, sacrificados o masificados, aunque si tienes la capacidad de ayudar a muchos a la vez, no estaría de más; acciones sencillas como detener la puerta del elevador 5 segundos más para otra persona que va a subir, escribir de nuestro puño y letra una nota de agradecimiento o apreciación, regalar nuestro tiempo en una sincera charla de corazón a corazón y sin juicios, pueden bastar.

En fin, este es un hecho que cada quien, por si mismo, tiene que comprobar: Entre más compartimos y hacemos algo por los demás, mejor y más en paz nos sentimos con nosotros mismos; y nuestro Gremlin personal, se transforma en un apacible, alegre y apretujable bola de pelos que hasta queremos cuidar.

5 pasos que aprender y recordar.

Soy humano, demasiado de hecho y como tal suelo cometer muchos errores, sobre todo cuando alguna emoción fuerte está involucrada.

También, como humano, entiendo que aún hay muchísimas cosas que debo aprender a dominar, y no hablo solo de habilidades y trucos nuevos que pueden ayudarme adelantar rápidamente los pasos requeridos para mi carrera, sino habillidades básicas para poder mejorar en mi vida personal, como por ejemplo 5 simples acciones que hacer o dejar de hacer al enojarme:

  1. Callar: Lo primero que queremos hacer cuando estamos discutiendo con alguien y la conversación sube de tono y vamos sintiendo que el coraje crece como burbuja en nuestro estómago, es querer responder. No importa qué, lo que sea con tal de ganar la discusión para así demostrar que nosotros tenemos la razón. Pero en realidad lo que sucede es que más frecuente que no, lo único que logramos es empeorar, a veces gravemente la situación, pues el velo del enojo que cae sobre nuestra ya nublada mente nos hurta la razón dejándonos solos para decir cualquier idiotez de la que seguramente nos arrepentiremos incluso desde el momento que esas palabras abandonan nuestros labios.
  2. No reaccionar: a veces, el enojo es tanto que más que hablar queremos reaccionar, hacer algo para liberar tanto coraje y energía negativa que estamos acumulando en nuestro cuerpo; y seamos francos, cuantos de ustedes no han dado el más que ocasional portazo, golpe, almuadazo, patada, aventón o lo que sea que hayan hecho para descargar la rabia que se les había juntado. La verdad es que pocos se sienten cómodos admitiendo que enojados pueden perder el control y hacer rabietas dignas de TAZ o de un niño de 4 años mejor dicho. El problema es que tarde o temprano, nuestras rabietas pudieran lastimar a algún tercero o a nosotros mismos también dejando un pésimo ejemplo e imagen para nuestros hijos y familiares. Después de todo ¿Quién quiere ser recordado como un ogro escandaloso, violento y gritón?
  3. Respirar: Creo que aquí está la clave de todo. Darnos tiempo para respirar. No permitir que el enojo altere nuestro ritmo de respiración. Cuando lo hacemos, dejamos de respirar calmada y plácidamente y lo comenzamos a hacer en rápidas y cortas inhalaciones y exhalaciones que naturalmente acelaran nuestro organismo haciéndolo sentir que está en un momento de peligro, lo que cual favorece que no podamos controlar nuestra reacción.
  4. Escuchar: ya que estamos dándonos el tiempo de respirar con calma y romper con la agitación, aprovechemos el momento para escuchar a la otra persona que nos está hablando. Tratemos de entender, quiero decir verdaderamente comprender lo que nos está diciendo. Talvez hasta descubramos que no había ningún motivo por el cual enojarse desde un principio o, por lo menos, veamos que puede haber un acuerdo común para llegar a una solución sin necesidad de destrozarte el estómago.
  5. Pensar: No solo antes de hablar o para controlar tu reacción, pero también pensar después de la discusión. Meditar al respecto y tratar de identificar qué de todo fue lo que encendió tu enojo, qué sentiste y por qué, entender si ese sentimiento está ligado con otros más, comprender si en verdad es un tema por el que valga la pena tanta pasión o si bien es cualquier cosa que puedes dejar pasar en lugar de enojarte porque creías que, de acuerdo a tus conductas aprendidas a lo largo de la vida, enojarse era la correcta reacción.

Y ustedes ¿cómo manejan su enojo?

¿Recuerdan a Voltron?

¿Recuerdan  a Voltron? Si tienen más 25 años probablemente sí y si son mayores de esto probablemente esta comparación les haga sentido; ahora, si tienen más de 45 años y veían todavía a Voltron, quizás sean un tanto más geek de lo normal 🙂

Voltron, para quienes no lo recuerdan o no lo conocieron era una caricatura sobre un grupo de ¿Soldados? ¿Agentes? ¿super héroes? Qué se yo!…El caso es que era un grupo de personas que conducían naves en forma de león, mismos que en el momento más crítico de su batalla, se unían en una sola unidad que formaba a un gigantesco y poderoso robot llamado….exacto! Voltron.

El líder del grupo colocaba su león en… sí sí, lo adivinaron! en la cabeza y torso de Voltron, mientras que los otros vehículos formaban las piernas y pies y los brazos y manos.

Entonces, en movimientos perfectamente bien coordinados que seguían al pié de la letra las instrucciones giradas por la cabeza del robot y potencializadas por el torso de Voltron, cada extremidad o unidad hacía su parte, logrando así… síp lo adivinaron de nuevo… ganar la batalla.

Por supuesto cada integrante del equipo era el mejor en su especialidad y nadie más podría conducir mejor que ellos su propio vehículo, en eso cada quien brillaba a lo grande.

Y claro, como toda estrella, cada uno quería lucir por sí solo y demostrar lo buenos que eran, y así se enfrentaban a sus “enemigos” hasta que, por hacerlos solos y descoordinadamente, comenzaban a perder.

Entonces el líder del grupo llamaba a todos los integrantes a unirse y formar a Voltron una vez más.

¿Pero se imaginan si en media batalla el brazo izquierdo decide ir a la derecha y el brazo derecho a la izquierda, mientras que la pierna izquierda quiere ir hacia adelante y la derecha hacia atrás; y la cabeza no define cuál es el movimiento que hay que hacer?

Seguramente entre discusiones, jalones, estirones y empujones, Voltron se…si! Lo adivinaste de nuevo! Estás muy agudo el día de hoy! …voltron se separaría y su gran poder quedaría aún más débil que antes de que sus diferentes partes se unieran.
Y una vez separados, el ego y la soberbia de varios les impediría darse cuenta de lo importante que es volverse a agrupar , y se ocuparían solo de culpar a los otros por no escucharlos a ellos.

Voltron quedaría inutilizado, no tendría capacidad para hacer ni el más mínimo de los esfuerzos y lentamente dejaría de exisitir.

“¿Pero de qué estás hablando Efraín? ¿En verdad nos estás contando una caricatura?” Algunos se estarán preguntando, pero…

¿A poco no es justo esto lo que vemos que pasa con más frecuencia que no en todas las organizaciones?

Empleados que creen ser los poseedores de la verdad absoluta predicando día con día que ellos saben justo lo que su organización necesita para ser mejor, actuando por separado tratando de lucir más que su equipo, mientras los catalizadores de la empresa, los gerentes y directores de las diferentes áreas, quienes pueden potencializar las habilidades de sus equipos, permanecer inmóviles sin tomar decisión alguna  para no arriesgar quedar mal ante la cabeza que no termina de tomar la decisión del camino que hay que seguir.

¿Lo ven? Pies y brazos queriendo ir en distintas direcciones y torso y cabeza sin tomar una decisión.

Visto así, sí que resulta ser mucho más importante que recordar tan solo una caricatura ¿no?

Reconoce, entiende y actúa.

En el organismo humano, cuando algo anda mal, el dolor que sentimos es la señal de aviso de que algo a lo que tenemos que ponerle atención, no está bien.

Entonces, si el dolor es tan solo una tolerable molestia, actuamos con la típica actitud desentendida que tanto nos caracteriza e ignoramos las señales. Simplemente decidimos darle prioridad a otras cosas, típicamente mucho más triviales que nuestra propia salud.

Y así, si el dolor no se vuelve más intenso, dejamos que ese pequeño malestar, se vuelva parte de nuestra cotidianeidad, convirtiéndose en un enemigo silencioso que poco a poco, sin darnos cuenta va desgastando nuestro organismo hasta que ese diminuto e ignorado problema se convierte en una seria condición que amenaza nuestra salud o hasta nuestra vida tal vez.

Lo mismo sucede en las organizaciones. El dolor en este caso no es un rayo intenso y agudo en el estómago u otro lugar; más bien se presenta en la forma de uno o varios clientes quejándose del pobre servicio que están recibiendo o en el cambiante y descendente desempeño de los integrantes de la empresa.

A veces, cuando se trata solo de un empleado y estamos envueltos en el remolino de lo urgente, preferimos hacernos de la vista gorda y dejar que esa persona continúe haciendo mal su trabajo, engañándonos y pensando que solo se arreglará o que su actitud no afectará a los demás. En otras, preferimos incluso encubrir sus problemas con tal de continuar “avanzando” hacia nuestros objetivos.
Llegamos al extremo de engañarnos a nosotros mismos haciéndonos pensar que podemos ignorar la situación, en lugar de tomar decisiones y acciones importantes al respecto.

Y así el tiempo avanza y la situación solo hace lo natural: empeorar.

Entonces, llega la crisis: Clientes abandonando nuestros servicios y empleados destacados renunciando o peor aún adoptando una actitud similar.
Y solo en ese momento, cuando la cuota del trimestre se ve amenazada y alguien más arriba en la organización pregunta que está pasando, es que por fin tomamos acción.

A veces, si tenemos suerte, contamos con los recursos y las personas que nos pueden ayudar y aún no es demasiado tarde, logramos resolver el problema y recuperar nuestra salud o la de la organización. Otras, tristemente la única acción que queda es la de la extirpación.
Es decir, terminamos liquidando al sujeto quien provocara la crisis, explicándole lo mal que hizo su trabajo, a pesar de haberle dado buenas evaluaciones por meses y meses; y como su pobre desempeño, ese que ignoramos y hasta promovimos durante tantos meses, afectó tanto a la empresa.

Extirpamos el problema. ¿O no? Porque ¿De qué sirve quitar el elemento dañado, sin que nosotros cambiemos de actitud y volvamos a olvidar que hasta la gripa más simple puede provocar una gran neumonía terminal?

¿Lo recuerdan?

¿Lo recuerdan? Esa sensación cuando éramos niños y estábamos a punto de vivir algo nuevo. Lo sentíamos cada año escolar que comenzaba, cada navidad esperando a Santa Clause o cada noche de verano en la que dormir resultaba imposible ante la víspera del viaje de vacaciones que al día siguiente emprenderíamos con nuestra familia. Lo sentimos durante años y años, en distintas etapas de nuestra vida, al pasar a secundaria o al graduarnos de la Universidad o cuando por fin conseguimos nuestro primer trabajo formal.

Pero el ser humano es rutinario por naturaleza y después de un rato el olor a nuevo de esos días se va perdiendo ante la repetición casi automática de aquellas actividades del día a día que en un inicio pensamos que nunca nos hartarían.

Entonces tratamos de suplir lo aburrido de nuestra cotidianeidad con placebos alternativos que en muy poco tiempo terminan por gastar su novedad. Compramos alguna prenda de moda, un viaje de fin de semana o nos mudamos de casa, incluso algunos de país.

Pero olvidamos que no importa cuántos cambios hagamos, siempre habrá la misma constante en todo lo que hagamos: nosotros mismos.
Y así cada vez que “cambiamos” algo en nuestra vida, al poco tiempo volvemos a sentir que nos falta esa emoción de hacer lo que queremos hacer; y todo porque entre tantos cambios y cambios, perdemos de vista que lo que en realidad tenemos que cambiar es nuestra actitud.
Dejar atrás aquello que no nos gusta hacer pero que creemos que no tenemos otra opción más que hacerlo, perder el miedo a arriesgarnos a hacer lo que en el fondo sabemos que más queremos y mejor sabemos hacer. Vernos al espejo y decirnos a nosotros mismos que merecemos darnos la oportunidad de dar un giro real a nuestra vida, tomar la iniciativa y volver a sentir esa profunda emoción que esta noche, después de tantos años, no nos dejará dormir otra vez.

¿Lo recuerdan? ¿Y qué esperan para vivirlo otra vez?

El hábito de agradecer.

¿Qué tan agradecido eres?

Y no me refiero nada más a si aprecias o no todo lo bueno que tienes en la vida.

Por supuesto esto es clave, he descubierto y comprobado en los últimos años, para ser más feliz.
El simple hecho de contar todos los días todas las razones por las que debes estar agradecido, te hace, con el tiempo, darte cuenta de lo realmente afortunado que eres y eso en sí, simplemente te hace sentir mucho mejor.
Agradecer cada día al despertar que tenemos un día más para hacer lo mejor que podamos para nuestra vida y la de los demás, agradecer que gozamos de buena salud, agradecer que nuestra familia está sana y segura, agradecer que estamos rodeados de amigos y seres queridos,  agradecer que tenemos que levantarnos temprano para ir a trabajar, agradecer que tenemos un hogar, agradecer que estamos vivos, sencillamente nos hace estar mejor.

¿Pero saben que otra forma de agradecimiento nos ayuda a sentirnos mejor también? Cuando le damos las gracias a alguien por lo que hizo por nosotros, cuando le dejamos saber lo mucho que apreciamos su presencia en nuestra vida y el impacto tan grande que en realidad tiene en esta por todo lo que hace, su ayuda, sus lecciones, su apoyo y comprensión.

Decir gracias no es indicación de una buena educación es, más bien, símbolo de un gran corazón.

Dar las gracias es gratis y sin embargo cuando esa palabra sale desde el corazón, vale mucho más que cualquier reconocimiento material.

Dar las gracias con sinceridad es más un hábito personal que una costumbre social, pues se trata de apreciar de verdad lo que hacen los demás. Y como todo hábito,  a ser agradecido se aprende, se practica y se adopta como una manera de vivir.

Así que no queda más que preguntarnos cuántas veces damos las gracias de verdad y cuanto más lo habremos de hacer a partir de hoy.

De modo que a todos ustedes por compartir en DLC, gracias, grazie, thank you, merci, danke, obrigado, arigato, spacibo, salamat.

Y el carrusel sigue girando…

Hace una semana mi colega y amigo Dani Granatta escribió en su columna de Merca2.0 la historia de Marco, Rafahu, Heidi y Guillermo, y al leerla recordé diferentes momentos que junto con Dani y otros amigos de la industria Digital he pasado trabajando, empujando e intentando aportar a la industria del marketing digital un poco más…


Esto sucedió hace algunos años ya: 5 profesionales de la mercadotecnia digital nos encontrábamos reunidos en un obscuro y escondido rincón del área de exhibición del festival creativo que estaba por comenzar; y mientras Dani, Zemog, Calleja y yo, liderados por Miguel Carlderón, calificábamos lo mejor de los pocos trabajos digitales que habían sido inscritos, el resto de los jurados trabajaban en grandes habitaciones calificando a lo mejor de la publicidad.


Dos años más tarde, me encontraba en una reunión a la que asistieron distintos participantes importantes de la industria de la mercadotecnia y la comunicación. Algunos trabajaban desde hacía ya tiempo en medios digitales y otros teníamos tan solo algunos años haciéndolo, pues veníamos del mundo de la mercadotecnia “tradicional”. Y sin embargo, todos nos conocíamos ya. Ya con la mayoría había tenido la oportunidad de colaborar, solo que esta vez algo se notaba diferente: el carrusel de la industria había girado nuevamente y, como sucede casi casi en ciclos perfectamente definidos, todos habíamos cambiado de lugar; quienes trabajaban para la empresa A ahora lo hacían para la C y los que estábamos en la organización B, ya trabajábamos para la A.

Todos viejos conocidos, haciendo cosas “nuevas”, pero prácticamente ni un solo rostro nuevo alrededor.


Y así, casi al mismo tiempo algunas caras nuevas comenzaron a surgir; empresas y operaciones independientes, desarrolladores de sitios y tecnología empezaron a ofrecer los servicios de marketing interactivo que las grandes agencias y anunciantes por tanto tiempo habían ignorado ya.Gente brillante, excelente para desarrollar y producir más no para hacer mercadotecnia y publicidad.


Pasó el tiempo y pude ver como la rueda giraba otra vez y como muchos de esos viejos y ahora también nuevos amigos intercambiaban una vez más su lugar.

Durante un par de años la industria giró y giró, casi como si quisiera que la fuerza centrífuga de sus giros la hiciera crecer, olvidando que justo como cuando hacemos girar un removedor en leche, lo único que crece es la ilusión de las burbujas de aire y nada más.


Cada vez más de esos amigos iban cayendo en la opresiva persecución de la cuota anual o trimestral.
Excelentes directores creativos ahora parecían directores de finanzas, los desarrolladores que tanto comenzaron a aportar ahora comenzaban solo a querer cobrar. Y así también, quienes tanto promovían y navegaban con la bandera de la formación, la dejaban tirada por perseguir su bono anual.


Y por unos años funcionó. La industria creció. Tan solo un par de puntos porcentuales que inflaron las burbujas, pero creció.


Y hoy el carrusel está nuevamente a punto de girar. No conozco una sola organización, anunciante, medio o agencia que no tenga grandes objetivos de crecimiento en el corto, mediano y largo plazo y que no estén teniendo problemas reclutando el talento que requieren para hacerlo.


Reclutarlo digo porque prácticamente nadie quiso darle el peso debido a la formación de su personal actual. Todos se ocuparon de vender y cobrar y nunca de desarrollar. Tanto así que incluso hace poco alguien me replicó: “No me importa entrenar a nadie si no me compran a mi”.


Y ahora, que tanto medios como agencias y anunciantes requieren de un equipo mejor preparado para enfrentar la realidad del mercado actual nos damos cuenta de que nuestros equipos aún manejan los mismos paradigmas de hace años. Al grado que incluso algunos de quienes trabajan del lado de los medios “innovadores” trabajan bajo la caduca idea de que alguien tiene que perder para que ellos puedan ganar.

Y no se limita esto a los medios nada más. Muchas veces he escuchado ya a distintas agencias decir que no quieren entrenar a nadie pues no vaya a ser que la competencia se los vaya a llevar…


Así que el problema ahí está, el talento de la gente que se quiere preparar y entrenar también y solo hace falta de abramos los ojos y comencemos a desarrollar el talento de la la gente que durante años ha estado aquí esperando a que la queramos impulsar.



Picture credit: Mazingerin

Haz algo diferente en tu plan de trabajo anual.

Si eres como la mayoría de los empresarios y profesionales de las ventas y la mercadotecnia en México, seguramente estarás trabajando en estos días en tu plan de negocio para el 2010.

Un poco tarde en el año a decir verdad, pero lo estarás haciendo de cualquier manera.

Y si en tu empresa trabajan de manera similar con respecto a sus procesos de planeación, seguramente estarán revisando los reportes de ventas, los balances de resultados, los éxitos logrados y los que se quedan pendientes para el próximo año.

Y finalmente estarás definiendo los objetivos y métricas de éxito para el 2010.

Solo que este año puedes hacer algo diferente.

Este año en lugar de plantear un plan de negocios fríamente calculado para ver cuánto dinero puedes obtener de cada uno de tus clientes basado en proyecciones tan típicas como el tamaño de la industria, su crecimiento anual y por lo tanto qué porción del pastel que crees que te debe corresponder y hacer cálculos tan absurdos como:

“Si de la industria A, el valor de inversión total se divide en 70% xx y 30% YY y de YY el 50% es de ZZ, como yo soy Z entonces me tienen que dar 15% del total de la inversión de la industria.”

Para que luego de un tiempo plantees preguntas tan sin sentido como: “por qué el cliente no me quiere comprar, si me tiene que dar el 15% de su inversión?”, seguido por frases tan absurdas como “es que seguro no entiende mi producto” o peor aún “el cliente es un verdadero idiota porque no acepta que mí producto es el mejor de todos y no lo quiere comprar”.

Pensar así es venir de un modo de escasez, carencia y egoísmo. Y de eso, ya hay mucho en el mundo.

Este año tu planteamiento puede ser mucho más enriquecedor. Este año puedes mejor plantearte que vas a hacer para entender mejor las necesidades de tu industria, de tus clientes y de tus socios también. Puedes responderte qué es lo que vas a hacer para que asegurarte de darles tú, una mucho mejor solución. Cómo harás para agregar un verdadero valor a la vida de los demás; y por supuesto que ingresos tendrás para poder sostener tu operación de manera rentable, pero no para enriquecer a unos cuantos nada más, sino para mantener a tu organización viva, productiva, colaborativa y aportando a tu vida y a la de los demás.

Idealista, inocente? Sí, tal vez. Pero quizás es justo eso lo que hace mucha falta en el mundo hoy. Más idealistas e inocentes que en lugar de pensar en cómo consumir los recursos del de al lado, piensen en como juntos pueden crear más recursos para ellos y para los demás.

¿Por qué hacemos las cosas que hacemos?

¿Qué nos motiva? ¿Trabajamos por dinero o por seguridad o porque es lo que se supone que debemos hacer? ¿Por qué ayudamos a alguien? ¿Esperamos algo a cambio ó le debemos algo?

¿Existe gente que aún haga cosas por el gusto de hacerlas, por tener un propósito en la vida, por creer apasionadamente en un ideal o simplemente tan solo por el placer de ayudar?

Este fin de semana comprobé que sí, y para muestra un botón…o cuatro en esta ocasión.

Imaginemos esto…

Primero, una señora que en su rostro sonriente refleja sus más de 70 años, atendiendo una tienda de recuerdos y regalos en un hotel (una de estas tiendas en las que se supone todo lo que ahí se exhibe, se vende a un precio mucho mayor al de cualquier otra tienda). La señora voltea a amablemente saludar y atender a la mujer que acaba de entrar en busca de una bolsa sencilla donde poder llevar un par de botellas que, en un evento, a ella y a su esposo, les acaban de regalar. La tienda ofrece distintos modelos de bolsas o morrales artesanales que justo podrían cumplir con esa función. La tienda está vacía, de modo que una venta así de inesperada, no le caería nada mal. Pero entonces, en lugar de brincar como tigre sobre su presa, la señora se agacha a buscar algo debajo de su escritorio y sale con dos bolsas de papel con asas, en las que entrega la mercancía que vende y se las regala sin más ni más a la mujer que seguramente, por necesidad y falta de opciones, le hubiera comprado las otras bolsas en ese momento. Y no solo eso, sino que la señora toma las botellas y, como si hubiesen sido mercancía que ella vendió, las envuelve en papel periódico y cuidadosamente las guarda en las bolsas de papel, mientras sonríe como solo alguien con la conciencia limpia y llena de alegría, pueda sonreír.

Ahora imaginemos a una mesera en un restaurante a la 1:30 de la madrugada quien, cuando se lo pidieron, en lugar de decir un simple «lo siento no tenemos», fue en busca de su propia bolsa de mano y de ella sacó un gel anti-bacterial personal que compartió gustosa con su comensal, o un mesero que en vez de quedarse satisfecho con responder un «no se» se retira de la mesa para al rato regresar y decirte «Disculpe que no sabía, pero ya fui a preguntar y lo que usted busca está…»

Imaginemos también a un grupo de estudiantes que sin puntos extras que ganar, ni la promesa de aprobar una materia en especial y por supuesto sin ninguna compensación económica, toman la iniciativa de participar en la logística de un congreso local, donando su tiempo y su trabajo como si en verdad les fueran a pagar.

Y finalmente imaginen a un grupo de jóvenes profesionales que tienen un sueño, pero no un sueño cualquiera de hacer fortuna y generar fama con su carrera profesional como todos los demás, sino el sueño de hacer que su ciudad y su estado puedan generar mucho más de lo que hace hoy.
Y así, con nada más que ese sueño en mano, emprenden la aventura de crear un congreso sobre mercadotecnia y publicidad en una ciudad que se caracteriza por no darle mucha importancia a estos temas. Y no lo hacen porque a falta de competencia, pueden abrir un nicho rentable que les represente un gran negocio, pues al contrario ellos han tenido que poner de sus propios recursos para hacerlo. Lo hacen porque saben que es lo que tienen que hacer para impulsar a su ciudad y ayudarla a crecer.

Ninguno de los cuatro casos ganó más dinero por hacer lo que hicieron. Ninguno tendrá, por el momento, más clientes ni más ingresos por haber hecho un esfuerzo más allá de lo esperado, pero todos tienen la certeza de haber hecho lo correcto, de haber seguido a su propia voz; y cuentan con la satisfacción de haber dado algo más de sí; y con la certeza de que colaborar así es la clave para sobre salir.

Qué gran ejemplo me han dado. Gracias Oaxaca. Gracias Fusionados 2009. Gracias por la lección.

5 Grandes lecciones de una gran persona.

“Nos ganamos la vida con lo que recibimos, pero nos hacemos una vida con lo que damos”, decía Sir Winston Churchill.

Y la semana pasada pudimos conocer en persona a alguien que definitivamente ha hecho una ¡Enorme vida!

Vinton Cerf, conocido como uno de los co-inventores de Internet y su arquitectura y creador de los protocolos TCP/IP (para quienes no hayan escuchado estos últimos jamás, básicamente la razón por la que en estos momentos estén conectados leyendo este blog), estuvo de visita en la Ciudad de México la semana pasada, compartiendo sus puntos de vista, opiniones y por supuesto conocimiento con organizaciones gubernamentales, iniciativa privada, medios y estudiantes.

Y aunque sería interesantísimo resumir sus puntos de vista respecto al desarrollo del ecosistema de Internet en México, el mundo y hasta en el espacio (sí, este señor ya se encargó de desarrollar las conexiones del Internet interplanetario), he preferido dejar eso para otros medios que hacen un gran trabajo al hablar de eso y enfocarme a comentar 5 grandes lecciones de vida que Vinton Cerf con nosotros durante su visita y que son de absoluta importancia para el desarrollo de nuestra marca personal y profesional:

1. A pesar de todos tus logros, nunca olvides ser humilde y sencillo.
Si tuviese que elegir solo un rasgo que destacar de este señor, sería su sencillez y humildad.
Este señor, es un personaje que hace más de 40 años hizo historia. En las facultades de ingeniería, tecnologías de la información y sistemas lo estudian ya desde hace décadas y nuestros hijos lo estudiarán cuando lleven la materia de historia universal, junto con personajes como Alva Edisson, Graham Bell y otros más; y sin embargo se conduce con la simplicidad y gracia de un maestro que busca ayudar a sus estudiantes compartiéndoles lo que sabe.

2. Se consciente de tu entorno y mantente alerta a las oportunidades que la vida te trae.
¿Cuántas oportunidades no habremos dejado pasar ya por despreciar o minimizar nuestro trabajo? Vint nos compartió: “Fui muy afortunado por estar en el lugar correcto en el momento preciso y ser el programador del “Network Measurement Center en UCLA”, lo que lo llevo a ser, en tiempo, el creador del protocolo TCP/IP.

3. Aprende a tomar riesgos aun cuando creas que no podrás.
Seamos francos ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo porque estamos convencidos de que no va a funcionar? Vint nos cuenta como aprendió a “Tomar el camino más arriesgado y como este fue siempre el más interesante”.

4. Rodéate de gente que te rete a ser mejor, no te quedes con un simple “no se puede hacer algo” porque ya lo intentaste una vez y rodéate de las personas que te pueden impulsar a intentarlo una vez más.

5. Aprecia y agradece poder servir a los demás.
Esta fue, después de la sencillez con que se comporta, la lección más importante para mí.
Deja de quejarte porque tu trabajo no es lo que esperabas, porque es aburrido o muy difícil, porque tienes clientes malos que no te entienden o por las razones que quieras inventar.
La realidad es que todos, deberíamos estar agradecidos de poder servir a los demás y apreciar, como Vint Cerf, la oportunidad de hacerlo.

Quisiera poder resumir todo los puntos que Vint Cerf compartió con nosotros hace unos días, pero tal vez no le haría suficiente justicia, así que mejor los dejo con esta nueva conversación con Vinton Cerf, una gran persona agradecida por poder servir a los demás.