Monqui-Brainland
Seguro conoces esa sensación…
Comienzas pensando algo simple como el dead line que tienes ese día para entregar un trabajo y brincas a pensar que ese día no desayunaste más que un yogurt para beber porque no tuviste tiempo de cocinar… espera! cocinar? Pagaste el gas? El recibo lo dejaste ahí junto con la receta del doctor… receta? Pero tienes que hacer los análisis … pero los cubrirá el seguro médico? Seguro médico? Lo cargas a la tarjeta de crédito? Tarjeta de crédito? Ya la pagaste? Tienes que checar el saldo el línea… Pero ya que estás en línea, por qué no dar una vuelta por FaceBook a ver qué están haciendo tus amigos?… Uf fulanito volvió a cambiar su estatus a soltero… qué habrá pasado por sutanita? Sutanita? Le tengo que entregar el trabajo! El dead line se acerca… qué va a pensar de mi? … Pero no se ni por dónde empezar, podré cumplir? Nunca he hecho esto… que estrés con este trabajo y ni siquiera me pagan seguro médico… por cierto la tarjeta! Pero que hambre, ese yogurt no me lleno, más vale que pague el gas a tiempo, lo hago de paso al doctor, pero qué hora es? Se pasó el dead line de la entrega…
Cualquier parecido con la realidad NO es coincidencia.
“Monkey brain” le llaman algunos al comportamiento que tiene nuestra mente cuando no nos podemos concentrar o enfocar en algo en específico pues nuestro agitado cerebro brinca de un tema a otro sin reparo y sin poder concluir nada de lo que queremos hacer, tal como un chimpancé salta de un lugar a otro continuamente.
Y el problema es que en realidad no tenemos que lidiar con un solo “monkey brain” sino con muchos más. Tantos que casi podríamos crear personajes de pequeños simios, tipo Monquiquis o Cariño-Ositos (no se hagan, si tienen más de 25 años, saben quienes eran los Monquiquis) para representar a cada uno de estos “monos mentales” con los que podríamos hasta hacer una carícatura.
¿Se imaginan? Tendríamos en nuestra cabeza por lo menos a Miedito-Monqui, Ego-Monqui, Procrasti-Monqui, Monqui-Consentidor, Ambicio-Monqui. Chismo-Monqui y Envidi-Monqui, como los personajes centrales que con mayor frecuencia distraen nuestra atención y enfoque en lo que realmente es importante.
Y como en toda caricatura, siempre tendríamos al viejo y sabio chimpancé que cuente con una moraleja o lección que compartir con cada uno de estos “monquiqis mentales”
A Miedito-Monqui le diría que nunca sabrá que tan lejos puede llegar si no se atreve a dar ir tan solo un poco más lejos.
A Envidi-Monqui le enseñaría a no menospreciar sino celebrar y reconocer los logros de los demás.
A Procrasti-Monqui, le demostraría todo lo que pudiera avanzar si tan solo cerrara su sesión en Monqui-FaceBook (sí en Monqui-brainland, también tienen FB, de hecho si fuera país será el más grande de Monqui-brainland), si dejará de consultar su email cada 2 minutos y apagará el celular para tan solo concentrarse por una hora en la tarea que tiene enfrente.
A Ambicio-Monqui seguramente le daría una lección para que se diera cuenta de que nunca es suficiente hasta que descubrimos que sí lo es.
A Monqui-Consentidor le enseñaría la importancia de no sacrificar un beneficio a largo plazo a cambio de una recompensa instantánea e inmediata.
A Chismo-Monqui le diría que dejé de hablar de otros y nunca diga de ellos nada que no les diría cara a cara y mejor se enfoque en su trabajo. Porque perder el tiempo con chismes, más que hablar mal del otro, habla mal de ti.
Y a Ego-Monqui le demostraría el enorme peso que podría quitarse de encima con solo dejar de lado la imperante necesidad de demostrarse que tan valioso es, para mejor enfocarse en generar valor para si mismo y para su comunidad.
Y así el viejo y sabio chimpancé ayudaría a controlar a cada uno de los “monquiqis mentales” en nuestra cabeza…
¿Cuáles serían otros “monquiquis mentales” que habitan en su cabeza?
Un elefante y una lagartija – promoviendo el cambio sostenido.
Es un hecho, para realizar un cambio sostenido y profundo en una organización o en una persona, saber que el cambio es necesario y contar con distintos pedazos de información y conocimiento que soporten indiscutiblemente la idea del cambio, no es suficiente y necesitamos también sentir por qué es necesario cambiar.
Por eso es que tanto fumador, a pesar de contar con toda la inequívoca información sobre los fatales e irreversibles daños que les provoca (y a quienes les rodean) el cigarro, simplemente no dejan de fumar.
O porque algunas empresas, que incluso cuentan con reportes financieros, estudios y otras evidencias que demuestran la importancia de ajustar sus acciones, continúan avanzando en una dirección que evidentemente les está llevando a un sendero sin salida.
Y es que esto tiene que ver, de acuerdo a diversos estudios psicológicos y de neurociencia, con nuestro cerebro primitivo o reptílico. Es decir, esa parte emocional de nuestro cerebro que está programada, desde hace cientos de miles de años para asegurar la sobrevivencia de la especie y no exactamente para su evolución ni cambio; y que se enfoca en buscar , primero seguridad y después confort al satisfacer nuestras necesidades básicas. Fuera de esto, para nuestro “cerebro de lagartija” como bien lo llama Seth Godin, todo lo demás es una cereza en el pastel o una amenaza.
Y el cambio, es decir, dejar de hacer lo que es cómodo y familiar para nosotros y comenzar a aventurarnos en lo desconocido, es para nuestra mente primitiva, una amenaza, ante la cual nuestro lado emocional del cerebro, mejor representado por los hermanos Heath en su libro “Switch” como un elefante, corre precisamente hacia el lado contrario de a donde queremos ir.
A menos que… (de acuerdo a esta metodología) le hablemos al elefante… 
Dejándole ver como serían las cosas si lleváramos a cabo ese cambio.
Piensen en Howard Behar cuando promovió el cambio de maquinas de expresso manuales de doble grupo, a las máquinas automáticas que hoy conocemos en todos los Starbucks a los que vamos. El mismo, en su libro “It`s not about the coffee” cuenta sobre la resistencia que enfrentó en un inicio al proponer “industrializar” la preparación, hasta ese momento, tradicional de café y como tuvo que demostrar que no solo la calidad de la preparación sería la misma pero que además lograría tener a muchos más clientes contentos a la vez.
Aprovechando el sentido de orgullo de quienes ya lograron el cambio.
Nada provee mejores muestras de que sí se puede lograr un cambio que aquellos quienes ya pasaron por dicho proceso de cambio.
Y finalmente, reduciendo el reto del cambio en pequeños pasos que podamos dar con cierto nivel de control y certeza para ir logrando pequeñas pero rápidas victorias que ayudarán a generar mayor inercia de dicho proceso de cambio.
“El cambio es difícil al inicio y revoltoso en el medio pero nos deja mucho mejor al final” dice Robin Sharma. Así que permitirnos diluir el proceso en pequeños pero continuos escalones, puede marcar la diferencia, después de todo, como dicen por ahí: “El más grande de los viajes comienza con el primer paso”.
Correcto vs. popular
Ser popular es muy sencillo, basta con decir lo que otros quieren escuchar o hacer lo que, a otros, más le gustará. Pero hacer lo popular no siempre es lo mejor ni para ti ni para los demás.
Hacer lo correcto, por el contrario, no siempre resulta ser lo más popular.
Cuando dejas de ir todos los jueves a “tomar” con los amigos para dedicar un poco más de tiempo a trabajar, a estudiar, a entrenar… con tus amigos, pierdes popularidad.
Cuando decides explicarle a tu jefe que no estás de acuerdo con su visión porque piensas que está partiendo de una base equivocada o está cometiendo un error… con tu jefe no eres el más popular.
Cuando en una reunión prefieres callar o no escuchar la crítica que el resto de los ahí presentes hacen a espaldas de alguien que ahí no está… no eres el más popular.
Cuando no permites que un cliente abuse de tu posición como su proveedor y le exiges un trato de igual a igual… con ese cliente quizás, no serás más popular.
Cuando le exiges a tu equipo de trabajo que sean pacientes con sus clientes y antes de juzgarlos traten de escuchar y comprender su posición… con ellos seguramente no eres el más popular.
Cuando a recursos humanos le dices que no asistirás al “retiro” u “off-Site” que la empresa, en el fin de semana organizará, pues tienes que atender un evento aunque cotidiano, importante para tu familia… con ellos, entonces pierdes popularidad.
Cuando prefieres dejar de quejarte de lo mal que están las cosas, como lo hacen los demás, para comenzar a trabajar en lo que de alguna manera puedes aportar para mejorar… con ese grupo de personas que solo se lamentan, no serás el más popular.
Cuando dejas pasar ese «buen negocio» porque sabes que a alguien más le puede afectar… con quienes te lo propusieron, pierdes inmediatamente popularidad.
Cuando por fin te animas a cuestionar al estatus quo de algunos cuantos… con ese grupo no eres el más popular.
Cuando decides dejar de seguir el camino establecido por otros para dibujar tu propio mapa… con ellos tampoco eres popular.
Pero hacer lo correcto, jamás se ha tratado de ser popular.
Viernes de recos en DLC: mis 5 posts favoritos de la semana.
Julien Smith – In over your head – 100 Tips About Life, People, and Happiness
Leo Babauta – Zen Habits – Learning to Sit Alone, in a Quiet Empty Room
Seth Godin’s Blog – The problem with reassurance
Robin Sharma’s Blog – 35 Fast Tips to Make This Your Best Year Yet
Kneale Mann – OneMann’s blog – No one wants a boss
¿Cuáles fueron los suyos?
Role playing of life
Como padres, como hijos, como parejas, como hermanos, como amigos, como profesionales, como estudiantes, como mentores, como coaches, como aprendices, como líderes, como seguidores, como compañeros de trabajo, como jefes, como subordinados, como integrantes de un equipo, como parte de una familia, como miembros de una comunidad…
Todos tenemos múltiples roles que cumplir. Todos casi simultáneos, respondiendo a las enormes expectativas de los demás.
Pero ¿te imaginas al mejor de los actores, haciendo el papel del Hamlet, del Rey Claudio, Polonio y Horacio a la vez?
No importa que tan bueno sea ese actor, como dice Bill Cosby: “No conozco la clave del éxito, pero la del fracaso, sin duda, es querer ser todo para todos a la vez”.
Por fortuna, a pesar de lo que otros quieren hacernos creer, en realidad no todos los roles que tenemos, los debemos cumplir cabalmente todo el tiempo.
El peso que le damos a cada uno de nuestros roles puede cambiar constantemente dependiendo, por un lado de las circunstancias y situaciones especiales que requieren de nuestra atención especial, pero sobre todo, mucho más que de las circunstancias, deberían depender de nuestros propios objetivos y prioridades, es decir de nuestra agenda personal.
Año con año o tal vez para algunos mes a mes, aunque no lo recomiendo con una frecuencia menor a cada 3 meses, todos deberíamos hacer una revisión de nuestra agenda personal, evaluar si nuestras prioridades siguen siendo las mismas y como, hasta ahora, hemos avanzado hacía nuestras metas; preguntarnos ¿Siguen siendo mis prioridades y objetivos los mismos? ¿Requiero hacer un ajuste en la balanza de los roles que tengo que cumplir? ¿Cuáles son las áreas de mi vida que mayor atención requieren hoy?
Tal vez tengas hijos pequeños y requieras pasar mucho más tiempo con ellos, y tu rol de padre o madre toma mayor representación.
Quizás tus hijos ya se graduaron de la universidad, terminaste de pagar tu casa hace tiempo y tu rol de proveedor ya no es tan primordial como hace unos años.
Probablemente tu objetivo de vida te impulse a tomar un rol más preponderante como líder de opinión.
O quizás sigas viviendo con tus padres y tu rol de hij@ sea aún preponderante.
Sea como sea, los roles a los que mayor peso les des, impactarán directamente los niveles de satisfacción de todos los demás roles de tu vida, incluso a aquellos que hayas dejado, momentáneamente, atrás. Y por ende, tendrán un enorme impacto final en tu propio nivel de realización personal.
Por eso la enorme importancia de que seas tú quien decida cuáles serán los más importantes roles para ti en los próximos meses. Que definas claramente cuál es tu misión personal o de vida. Y así determines cuáles son las más grandes prioridades y roles en los que enfocarás tus esfuerzos y recursos.
Es decir cuál será tu agenda personal, cuál es tu plan de acción y no el de alguien más.
Congruencia: brújula de vida.
Peor aún, en la mayoría de las ocasiones, ni siquiera dándonos cuenta de qué tanto, en realidad, estamos siendo incongruentes con nosotros mismos.Los compromisos sociales y laborales, la incesante búsqueda de una estabilidad económica y sobre todo la imperiosa necesidad de aceptación y el miedo a no pertenecer, nublan constantemente nuestra visión y nos alejan rápida pero imperceptiblemente de aquellas cosas que más valoramos en la vida.
Entonces una dura y fría realidad nos golpea de frente: nos damos cuenta de lo mucho que nos hemos alejado de nosotros mismos, tanto que encontrarnos de vuelta parece casi imposible.
Un GPS personal.
Los exploradores experimentados, y los no tanto, siempre traen consigo un brújula que les permite mantener claro un norte hacía el cual dirigirse.
No importa cuanto avancen, constantemente revisan su brújula para asegurarse de seguir en la trayectoria correcta y saber qué tanto deben corregir su ruta para continuar con su camino.
Lo mismo, estoy convencido, tenemos que hacer frecuentemente con nuestra vida.
Solo que, en lugar de puntos cardinales, en nuestra brújula de congruencia debemos enlistar los principales valores con que queremos regir nuestra vida, es decir aquellas cosas que en verdad son importantes para nosotros y que serán un indicador inequívoco de éxito personal: unión familiar, excelente condición física, trabajar con un fuerte sentido de propósito haciendo lo que más te gusta hacer, libertad financiera, viajar y conocer nuevas culturas, etc.
El truco está, primero en definir esos valores, que dicho sea de paso, no son exactamente principios (los principios son la manera en que guiamos nuestras acciones al cuidar nuestros valores, por ejemplo honestidad, transparencia, simplicidad, humildad, etc.), sino aquellas cosas que más valoramos en nuestra vida; y entender claramente que significan para nosotros.
Una herramienta que, con frecuencia, utilizo con mis Coachees (clientes de coaching), para hacer esto, se llama Rueda de Vida. Consiste en dividir un círculo en 8 partes en las que asignamos un valor a cada octava parte. Y estos valores los determinamos a través de definir primero su misión personal, es decir qué es lo que quieren hacer de y con su vida. Cómo es que desean ser recordados en el futuro y cómo quieren vivir su vida.
Ya asignado un valor para cada parte, podemos calificar cada uno con una escala del 1 al 10, siendo el 10 la calificación más alta y el uno la más baja.
Ahora podemos ver en qué aspecto de nuestra vida estamos siendo menos congruentes y dónde necesitamos trabajar más para retomar el camino y estilo de vida con que queremos vivir.
Mi tema en 2012.
“A comenzar el año a dieta para bajar de peso… pero bueno la dieta la empezaré hasta después del día de reyes porque ahí viene la rosca…”
“Ahora sí, este año dejaré de fumar… pero bueno que sea en Febrero porque hay mucho que hacer a inicios del año…”
“Este año voy a trabajar con mucha dedicación… pero bueno espero a Marzo porque en México los primeros dos meses todo está parado…”
“Ahora sí, este año tengo todo el propósito de ahorrar mucho dinero… pero bueno que sea después de la cuesta de Enero…”
Son algunas de las más típicas frases que escuchamos desde los primeros días de cada nuevo año… curándonos en salud y ofreciendo, desde el inicio, los pretextos por los cuales no alcanzaremos ninguno de los “serios, firmes y formales” propósitos que con tanto bombo y platillo habíamos anunciado que haríamos…
Por eso, este año, mi lista de propósitos nuevamente es muy corta: CERO.
Y así, nuevamente empiezo el año sin listas inútiles de propósitos que a tan solo un mes de entrado el año comiencen a frustrar a cualquiera por la incapacidad de cumplirlos.
En lugar de esto, por quinta ocasión, arranco el año con la misma práctica que desde 2008 he tenido: Definiendo mi tema anual.
Es decir el concepto rector bajo el cual trabajaré y viviré en los próximos 366 días (es año bisiesto, no un typo).
Un tema anual, para quienes son nuevos en DLC, no es otra cosa que un camino “estratégico” que nos ayuda a mantener claro un norte para llegar a alcanzar aquellos objetivos y logros que queremos conseguir, y que nos ofrece la flexibilidad, en tiempo y espacio, necesaria para asegurarnos de hacer todo aquello que tenemos que hacer, sin necesidad de romper absurdas promesas.
Por ejemplo: si uno de tus objetivos es mejorar tu salud, en lugar de decir que tu propósito será hacer ejercicio todos los días, cuando en el fondo sabes no tienes el tiempo que eso requiere y que eres incapaz de levantarte más temprano para hacerte de ese tiempo, enfócate en adoptar distintas prácticas que en efecto te ayudarán a estar más saludable a lo largo del año: Reducir tan solo un poco el consumo de carbohidratos en lugar de ponerte a dieta, guardar el automóvil y caminar más, salir a dar una caminata de 20 minutos en la tarde, etc.
O si tu objetivo es tener un mejor trabajo, en vez de decir que buscarás un mejor puesto en otra empresa (en la que seguramente al pasar de los meses te sentirás igual de incómodo), comienza a identificar cuáles son las cosas que más te gustan hacer y que mejor sabes hacer, analiza si en tu posición o empresa actual tienes la oportunidad de hacer eso o identificar la organización ideal para ti o tal vez si lo mejor es que establezcas tu propia empresa, y define un plan para que poco a poco, día con día, comiences a hacer justo eso que quieres hacer.
Así pues, por quinto año consecutivo, he aquí mi tema para el 2012:
Continuidad, Constancia y Congruencia.
Continuidad y constancia para seguir construyendo y viviendo desde ahora mi proyecto de vida, seguir dibujando mi propio mapa y continuar trabajando haciendo lo que mejor se hacer, más disfruto haciendo y con lo que se que más valor puedo aportar a mi comunidad.
Seguir estudiando, creciendo y conociendo personas inspiradoras, dedicadas, honestas y con las mismas ganas de construir un mejor mundo donde vivir.
Continuar creando y construyendo, con enfoque y pasión, nuevas oportunidades, nuevas ideas y nuevas plataformas para mi, para mi familia, para mis amigos y para mi comunidad.
Y seguir apoyando y acompañando como Coach a tantas personas tan talentosas y brillantes como hasta ahora.
Y congruencia para recordar todos los días que cada decisión y cada acción que lleve a cabo tendrá una consecuencia con la que, de acuerdo o no, tendré que vivir y que, por lo tanto tendré que hacer un doble esfuerzo para tratar de tomar las mejores decisiones, guardando congruencia entre mis acciones, mis principios y mis valores.
Y de nuevo constancia para como, digo día a día, seguir compartiendo, seguir aprendiendo, seguir soñando, seguir tomando acción, mantenerme agradecido y curioso, ocupándome de mi mismo y seguir siendo feliz.
¿Y cuál va a ser tu tema para este 2012? Me encantaría que nos lo compartieras aquí, así que siguiendo la ya también tradición, taggearé a algunos amigos para que nos cuenten su tema para este año:
@lasmanadas, @engelfonseca, @saraeshken, @Danykill, @mmandujano, @Macrisjauregui, @OdetteRdz, @ftrevino, @gonzoogle, @lezorrillo, @RicardoAlducin, @jonathanalvarez, @rebecadallal, @raymkt, @wera_supernova, @jazminfajardo, @RomeoMarquez, @LaMazapancita, @RicardoZamora, @Amenazza, @marimar_g, @guruclef, @alfonsolg, @heberthernandez, @allan05, @ImSarai, @linaerg, @AngelicaGG, @gpbolde, @seumenicht, @PAVKA, @wolfmulder, @martinaceves, @p_mendicuti, @BONO_DG, @luserrano, @monyherrero, @ricardoblanco, @equevedo, @imarchant, @heberthernandez, @varu28
















