#DLC, De Lo Cotidiano algo EXTRAORDINARIO

JDP

En la industria en la que he desarrollado mi carrera profesional, el uso de los acrónimos es tan recurrido que resulta casi imposible tener una sola conversación o reunión de trabajo en que palabras como KPI (Key Performance Indicators), CTR (Click Through Rate), KBB (Key Brand Benefit), no sean mencionadas.

El mismo nombre de este blog: DLC, es la abreviación de  Desarrollo, Liderazgo y Colaboración; y de lo que  hasta hace poco más de un año era, en su título orginal: De Lo Cotidiano… y lo no tanto.

Así que me es muy  natural usar un acrónimo más para titular  al tema central de esta entrada: JDP.

JDP: Jamás Dejes de Preguntar.

No deja de sorprenderme la cantidad de oportunidades grandes y pequeñas que dejamos pasar o que dejamos de crear por el absurdo miedo a hablar.

Si estamos en una conferencia o en una clase y quien está al frente abre el espacio a preguntas y respuestas, el temor a quedar en ridículo, provoca que muy pocos tomen la iniciativa de aclarar esa duda adicional.

Si queremos invitar a una persona en particular a un evento especial, nos quedamos con las ganas por el miedo a recibir un no.

Permanecemos en el mismo puesto por años y años porque jamás nos atrevimos a preguntar qué más podíamos hacer para agregar más valor, para innovar, para crear.

Nos quedamos atorados en el asiento de en medio de la fila de tres que no se reclina, en el vuelo de 12 horas porque pensamos que molestaríamos a alguien al pedir un cambio.

Pero la realidad es que, más frecuente que no, la gente está mucho más dispuesta a ayudarnos de lo que pensamos. Eso claro, si tan solo sabemos hacer la pregunta correcta de la manera adecuada.

Dicho esto, saber hacer la pregunta correcta tiene su chiste y, desde mi punto de vista, requiere de por lo menos 4 puntos clave:

1)      Es clara y específica: no deja a la libre interpretación de la otra persona lo que estamos pidiendo, sino que puntualmente plantea qué es lo que queremos o necesitamos lograr. No preguntamos: “¿Me puede dar un mejor asiento?”, preguntamos “¿Me puede dar el asiento x que está junto al y?” porque ese es el que es mejor para nosotros.

2)      Es amable y cordial: preguntar o solicitar algo, nos pone del lado de quien pide, por lo que los delirios de grandeza, las exigencias inmediatas y los reclamos prepotentes, están totalmente fuera de la discusión. La soberbia solo lleva a un destino, y no es precisamente al que quieres llegar con tu pregunta o petición. Una sonrisa auténtica y una actitud amable te pueden llevar mucho más lejos que cualquier posición que creas tener.
No olvides que con el paso del tiempo la gente no recordará lo que le pediste, mucho menos el título que tenías cuando lo hiciste, pero jamás olvidarán como los hiciste sentir.

3)      Es gradecida, objetiva y comprensiva: tenemos que entender que a veces lo que pedimos no está totalmente en manos de la persona a quién lo estamos solicitando y que esta, a pesar de tener la mejor intención de ayudarnos, podrá tener o no ciertas limitantes y reglas que seguir. Así que tenemos que ser comprensivos, pero sobre todo agradecidos por el esfuerzo que, por ayudarnos, están haciendo.

4)      Es recíproca: “En el pedir está el dar” dicen por ahí, pero esta frase no solo se refiere a ser amables al pedir algo, sino a buscar la oportunidad de hacer algo por la otra persona también. Quid Pro Quo no es solo un burdo trueque en especie o intercambio de favores, eso sería no mejor ni peor que una común transacción. Quid Pro Quo es buscar crear valor para quienes crean valor para nosotros también.

En mi caso, seguir estas sugerencias y atreverme a preguntar me han ayudado en cosas tan variadas y tan simples o complejas como:

–          Conseguir upgrades a vuelos en clase ejecutiva.

–          Conocer personalmente a algunas de las personas que más admiro como Robin Sharma o John Batelle, y en algunos casos hasta entablar buenas amistades con algunos de ellos como Mitch Joel .

–          Desempeñarme profesionalmente en áreas distintas a mi carrera.

–          Ayudar a amigos y compañeros de trabajo a lograr sus objetivos y proyectos

Y todo por simplemente atreverme a preguntar.

¿Alguna pregunta?

De oportunidades y de gente.

Oportunidades. Todos quieren una.

¿Pero realmente qué hacen por contar con esta?

Después de mucho pensar y leer sobre el tema y conversar con más de uno al respecto, he llegado a la conclusión de que podríamos dividir a la gente en tres tipos, de acuerdo a su posición o etapa y visión ante las oportunidades.

Por un lado tenemos a quienes siempre están en espera de que la vida les regale en charola de plata esa gran oportunidad que cambiará su historia para siempre. Pero se quedan esperando por años, viendo la vida pasar porque ni siquiera saben qué clase de oportunidad están buscando. Son quienes en lugar de tomar la responsabilidad de entender quiénes son, como son, qué les interesa, cuáles son sus más grandes fortalezas y más críticas áreas que requieren desarrollar, cuáles son su principios, sus valores y su pasión; dejan en manos de otros lo que en su vida pueda o no suceder. Son como quienes rezan todas las noches pidiendo ganarse la lotería, pero jamás compran un boleto.

Por otro lado están esas personas que están listas para aprovechar al máximo todas y cada una de las oportunidades que se les presenten. Se conocen bien a sí mismos y tienen muy claro a dónde quieren llegar. Saben perfectamente qué les apasiona y hace sentir realizados y a como dé lugar buscan cumplir con su pasión en la vida, por lo tanto están siempre abiertos a abordar cualquier oportunidad, por mínima que sea, para cumplir con su pasión.
Pero esto no es suficiente. Esa incesante búsqueda por solamente satisfacer su pasión y hacer lo que para ellos(as) parece mejor, los guía por una vida de carencia, egoísmo y  compromisos cuartados, promesas rotas y brechas incompletas de las que saltan cada vez que una “mejor” o más innovadora oportunidad se presenta frente a ellos.

Y finalmente están quienes, como los anteriores, también entienden con claridad quiénes son y a dónde van, conocen sus principales fortalezas y saben de qué pié cojean también. Saben cuáles son sus más grandes pasiones y lo que mayor sentimiento de realización les da. Pero mucho más allá de querer aprovechar las oportunidades que se les presentan para satisfacer su pasión; aprovechan esta última para, junto con sus fortalezas, valores  y todos sus recursos, desarrollar un sentido de propósito en la vida y así poder crear nuevas oportunidades para los demás.
Entienden que no importa si se trata de gigantescos esfuerzos para cambiar al mundo o de pequeñas contribuciones a la vida de alguien más, lo importante es aprovechar y crear una nueva oportunidad. Crear una nueva y mejor historia que contar.

Sin duda, estos últimos, son a los que más oportunidades la vida les da.

Críticos y criticados.

La crítica. Definitivamente una de las más eficientes herramientas para empujarnos a  mejorar lo que hacemos o para herir, generalmente sin intención real de hacerlo, los sentimientos de otros.

“La retroalimentación es un regalo” dicen por ahí, pero para que así lo sea estoy convencido que tanto crítico como criticado tienen que saber dar y recibir dicha crítica.

El problema es que, a pesar de que a absolutamente a todos nos toca, en distintos momentos, estar de un lado y del otro, realmente muy pocos saben cómo dar una retroalimentación efectiva, positiva y productiva y unos tantos menos sabemos también recibir y aceptar una crítica sin sentirnos agredidos del todo.

Por supuesto, para nada me asumo un experto en el tema. Más frecuente que no, he cometido serios y a veces dolorosos errores tanto ofreciendo retroalimentación como recibiendo críticas que van directo al ego que no precisamente fue hecho para tolerar comentarios ácidos de parte de otros; y sin embargo, creo que podría enlistar algunos de los mejores consejos que o bien he recibido, he leído o he visto como ejemplo de otros sobre cómo dar y recibir críticas y retroalimentación.

Si eres quien recibe la crítica:

  • Toma de esta solo que te sea útil para mejorar, el resto descártalo y nada más. Como dice Tim Sanders en uno de sus libros “Las críticas son como los frutos a los que tienes que quitarle la cáscara que los rodea para poder llegar a lo rico de estos».
  • Recuerda que si decides hacer algo diferente que de una u otra manera te haga destacar, llamarás la atención de otros e inevitablemente estarás expuesto a ser criticado, así que engruesa tu piel, abre los ojos, agudiza tus oídos, prepara tu mente y suaviza tu corazón para saber escuchar y entender de la mejor forma lo que otros te tienen que decir.
  • Decide ser vulnerable. No por temor a ser criticado dejes de compartir. Muchísimo menos dejes de seguir tu propio camino. Dibuja tu mapa y ocúpate de lo tuyo.
  • Toma en cuenta de parte que quién viene la crítica. En muchas ocasiones la crítica viene de quienes solamente están buscando desahogar su propia frustración y no tienen nada personal en tu contra; en otras quienes te retroalimentan, aunque al hacerlo parezca lo contrario, en realidad solo quieren ver que hagas mejor las cosas, quieren verte exitoso y por ello debes estarles agradecido; y, por fortuna, en muy pocas ocasiones quienes te critican, por alguna razón que no podremos entender jamás, solo buscan un lugar donde sembrar su temor y coraje, a estos no les regales ni una milésima de tu atención.

Si eres quien critica:

  • Antes de hacerlo pregúntate a ti mismo si lo que estás por decir responde a un temor o frustración propia y en ese caso piensa mejor con quién tienes que compartir esa retroalimentación.
  • Pregúntate si es oportuno, relevante y constructivo lo que estás a punto de compartir. No esperes a que haya pasado la oportunidad de regalar de frente tu retroalimentación, para después decirlo abiertamente a todos los demás menos a quien se la debías de dar.
  • Define si eso que vas a criticar tú lo podrías hacer mejor. Si la respuesta es sí ¿Qué esperas para hacerlo? Deja de criticar y ponte a trabajar.
  • Jamás olvides que toda retroalimentación, si en verdad es de corazón y para mejorar, es mejor darla de frente, en privado y a tiempo. Hacerlo en un frío mensaje por Internet o a modo de chisme en una reunión, borra toda buena intención que originalmente hayas tenido. Hacerlo así, en un principio podría para algunos pocos sonar divertido y “envalentonado”, pero esa es solo la falsa sensación de valentía que el supuesto anonimato que crees tener provee.

NOTA: este post NO lleva dedicatoria personal a nadie. Si te sientes identificado o aludido, antes de sentirte criticado, pregúntate a ti mismo(a) por qué lo sientes así.

Creando tu juego.

Este post, más que ir con dedicatoria, lleva mi profundo agradecimiento a mi hoy amigo Chris Brogan quien hace un par de años me diera uno de los más importantes consejos que he recibido en mi carrera profesional: “Learn the game, learn the rules, learn to move around them and if it doesn’t work for you… build your own game”, “Aprende el juego, aprende las reglas y a moverte en ellas y eso no termina de funcionarte, crea tu propio juego”.

¡Gracias Chris!

Pasamos tanto tiempo adaptándonos al estatus quo de alguien más y aceptando de facto las reglas impuestas por otros que con frecuencia olvidamos el por qué lo estamos haciendo.
Por supuesto, todos debemos aprender a colaborar en uno y otro ecosistema y tenemos que saber adecuarnos a las normas y costumbres que en ese sistema se han establecido para poder llegar a la visión que en conjunto, líderes y colaboradores, han definido y decidido compartir. Eso está muy bien.
El problema es cuando la visión de esa organización deja de ser la visión de todos para convertirse en la visión de una sola persona o un pequeño grupo de gente que está buscando solo beneficiarse a sí mismo y ya no al resto del ecosistema.

Desde mi punto de vista, es entonces cuando precisamente tenemos que aprender a retar al status quo y aprender a modificar las reglas del juego para retomar la visión de todos.

A veces, sin embargo, cuidar el puesto, justificar el trabajo, conservar el pequeño silo de poder, etc. pueden ser motivadores muy fuertes para que los “guardianes del status quo” defiendan a capa y espada su estado ideal, no dando lugar ni a la más mínima sugerencia de cambio.

Entonces somos enfrentados con la necesidad de tomar una importante elección: Por un lado, aceptar al status quo y hacer lo que se nos dice, por el otro encontrar los “huecos” en las reglas e impulsar un cambio positivo y propositivo; o bien crear un completamente nuevo juego que refleje y reagrupe esa visión de grupo por la que originalmente decidimos formar parte del ecosistema, cosa que no resulta para nada sencilla, pues hacerlo es casi garantía de que molestaremos a una que otra persona en el proceso.

Pero, después de todo, estoy convencido de que el Status Quo solo fue creado para ser retado, cambiado y mejorado todo el tiempo, no importar realmente a quiénes incomodemos en el proceso.

Así que cuéntenme: ¿A quién han incomodado últimamente?

(Por cierto, pueden ver una entrevista que le hice a Chris aquí)

Los sueños se sí se cumplen… pero hay que trabajar en ellos.

Tengo que confesarlo. Siempre he sido muy afortunado en lo personal y en lo profesional también.
En lo que concierne a mi carrera profesional, he contado con la oportunidad colaborar con algunas de las más importantes empresas de marketing y comunicación a nivel global y he tenido el privilegio de aprender de los mejores profesionales de la mercadotecnia en México, en América Latina y en el mundo también. Y me siento profundamente agradecido por esto.Después de todo, recuerdo que desde la preparatoria, mi sueño era desarrollarme en este medio. Y sí, mi sueño se cumplió, pero no solo por fortuna sino por un enfoque claro, asumir riesgos, trabajar duro con pasión y dedicación.

Pero la cosa con los sueños es que siempre hay uno nuevo. Siempre hay un nuevo objetivo que lograr y una nueva meta a la cual llegar.

Hace unos años (4 ó 5 para ser más exacto) mi sueño se había convertido en poder incrementar el alcance de mi trabajo como publicista,  “mercadólogo digital” y conferenciante. Entonces una de las más importantes puertas en mi carrera profesional se abrió, mi hoy amigo Gonzálo Alonso,  me invitó a formar parte del equipo de Google en México, precisamente trabajando en la “evangelización” y entrenamiento en marketing digital para las agencias de publicidad, medios y comunicación en el país.

Dos años más tarde, mi sueño mutaba a poder continuar en el camino de la formación y el entrenamiento para ayudar a desarrollar el talento de los profesionales de esta industria que tanto me ha dado y la puerta se abría de nuevo, ahora para cambiar de equipo dentro de Google e integrarme al área de entrenamiento y capacitación; probablemente el más arriesgado movimiento que haya hecho hasta ahora en mi carrera. Desde un punto de vista el más atinado cambio y desde el otro, discutiblemente, el peor error de carrera que jamás haya cometido. Por un lado tenía la oportunidad de adquirir nuevas habilidades profesionales y desarrollar nuevas competencias que, sin duda, hoy me ayudan a continuar con mi sueño. Por el otro dejaba de lado toda la influencia con que contaba en el brazo comercial de este gigante de los medios digitales; riesgo difícil de asumir y privilegio menos fácil de abandonar, pero aún así dí un paso más hacia la realización de mi sueño.

Y como es común con los sueños ya se comenzaba a formar uno nuevo: la creación de una plataforma de colaboración de algunos de los más destacados profesionales de marketing y comunicación quienes, además de ser responsables de algunas de las más importantes campañas, marcas y medios digitales en México y Latino América, comparten también la vocación y la pasión de desarrollar el talento de la industria en nuestro país.
Entonces, compartiendo el sueño con mi socio y amigo Engel Fonseca, asumiendo el enorme riesgo que implicaba; escuchando, con dos granos de sal, a mas críticos de los que quisiera contar; y dispuesto a las largas horas de trabajo adicional que esto representaba, pero creyendo firmemente en este gran sueño; de la combinación de una red social de nicho, de un programa de radio por internet y de la pasión por compartir y aprender, nació Neurona Digital, S.C.

Entra entonces al juego, la sincronizidad.

Sincronizidad,  es la experiencia de dos o más eventos que aparentemente no están relacionados entre sí; que son poco probables de suceder a la vez; y que, sin embargo, al ocurrir, son vistas como si hubiesen sucedido intencionalmente juntas, explicaba en los años 20 el psicólogo Suizo Carl Jung.

“Synchronicity is the coming together of inner and outer events in a way that cannot be explained by cause and effect and that is meaningful to the observer”.  Carl Jung.

Lanzamos entonces esta nueva plataforma, que con el paso de unos meses pasó de la virtualidad y de los eventos en diferentes lugares, al “Click & Mortar” como un buen amigo y colaborador de Nuerona Digital, bien nos describió.

Aún recuerdo esa importante sesión que tuve con mi coach respecto a mis pasos a seguir, mi plan de acción y mis fechas límites para hacer que todo sucediera; y recuerdo también los consejos que amigos, algunos importantes figuras del medio, que en esos momentos dejaban la vida corporativa para convertirse en emprendedores, me compartieron.
No todo fue miel sobre hojuelas debo decir. Mi rol, ahora regional en Google, requería muchos más viajes de lo que es comprensiblemente disfrutable para una persona tan hogareña y familiar como yo,  además de que en más de una ocasión comentaron la necesidad de mudar mi rol a un sitio más cercano al hub de la región, es decir a Sao Paulo, Brasil.
Al no aceptar este movimiento mi rol perdía peso a pasos agigantados y la brecha entre el impacto que tenía mi trabajo como Neurona Digital en la industria y el que cada vez menos tenía mi trabajo dentro de Google, era cada a día mayor. Y la necesidad de una sana separación era para todos más que evidente.

He aquí la sincronizidad…

Fast forward a un año y medio después y ese día llegó. Justo un mes y medio antes de la fecha límite que en lo personal me había fijado. Uno propone y la vida dispone, dicen por ahí.
Y con todo el agradecimiento y enorme apreciación por todo lo aprendido y logrado en Google, llegó el momento de dejar esa empresa que, corriendo el riesgo de sonar más cursi de lo que me gustaría, siempre llevaré en el corazón; para dedicarme ahora a continuar construyendo este sueño hecho ya realidad.

Y es que como dije al principio, los sueños sí se cumplen, pero hay que trabajar con pasión, claridad y dedicación para hacerlos realidad; y estar dispuestos a asumir los riesgos que realizarlos puede implicar, porque definitivamente el mayor riesgo sería no arriesgarse a hacer nuestros sueños realidad.No por nada en mis Daily 8’s siempre incluyo: Keep dreaming & Take action / Sigue soñando y actúa. Porque nadie más que tú puede dedicarse a hacer tús propios sueños una realidad.

¿Y ustedes en qué están soñando hoy?

A pesar de tus críticos.

A pesar de tus críticos y sus semillas de duda, sigue adelante con tu plan. 

A pesar de los críticos y sus cinismo, sigue adelante con tus sueños.

A pesar de los críticos y su “mejor forma” de hacer las cosas, sigue adelante ejecutando tu plan de acción.

A pesar de los críticos y su opinión respecto a tus asociados, sigue adelante fortaleciendo tu relación con tus colaboradores.

A pesar de los críticos y su desconfianza, sigue adelante creyendo en ti.

A pesar de los críticos y sus juicios, manténte fiel a tus valores y principios.

A pesar de los críticos y sus “sugerencias”, sigue adelante con tú visión.

A pesar de los críticos y su agenda, sigue adelante con tu vocación.

Hacerse de críticos es muy sencillo. Basta hacer algo distinto, nuevo, diferente, en otro momento o con alguien más para que, casi al instante, tengamos un séquito de críticos observando e impacientemente esperando tener el más mínimo pretexto para poder obsequiarnos su crítica.

Pero a pesar de ellos, sigue adelante en tú camino pues al final, quien tendrá que vivir con las consecuencias de tus decisiones, con tus errores, logros y lecciones eres tú y nos tus críticos.

Live (at your best) and let live.

A veces empezar bien el día, resulta más difícil de lo que quisiéramos. Sobre todo cuando vemos como el mundo parece estar fuera de control… catástrofes naturales en un lado del mundo, absurdas guerras en otro, la violencia y el tráfico de drogas y de armas en el nuestro y, como si no les fuera suficiente, personas que solo mal gastan su energía y la de los demás peleando innecesaria y públicamente con otros individuos que, con buenas o no tan buenas intenciones (depende del punto de vista de cada quien y de conocer la historia completa) han provocado en sus detractores una sobre reacción y ganas de destruir lo que otros han creado.

Destruir el trabajo de otros es mucho más fácil que construir la propia obra de cada persona; y crear una artificial imagen de «moralidad», pisoteando el error de otros hasta el cansancio (o por lo menos el de quienes te siguen o leen) resulta también mucho más sencillo que tomar la iniciativa de crear algo positivo y propositivo que construya en favor de otros. Sin mencionar claro la cómoda posición de no hacer nada para solo criticar desde la seguridad de un teclado, en lugar de escoger la vulnerabilidad de crear algo.

Por supuesto el hacer grandes cambios en la sociedad y en el mundo no es para todos y no podemos esperar que el mundo esté lleno de Gandhis, Bransons, Mandelas y Sharmas.

Pero lo que sí es cierto es que cada quien puede, desde su pequeño cuadrito de mundo, tomar acciones para mejorar en mayor o menor medida, la vida de quienes habitan los otros cuadritos de mundo a su alrededor.

No es necesario hacer mucho, ni gastar dinero. Ni siquiera se requiere de mucha energía. Es más, en ocasiones, hacer nada es mucho mejor. Pero si quieres hacer algo positivo por alguien más, ¿por qué no empezar con pasos que pueden parecer pequeños para ti, pero que pueden ser realmente significativos para alguien más?

  1. Celebra el trabajo de alguien más. Hazles saber lo mucho que aprecias su esfuerzo y dedicación.
  2. Presta tu atención y empatía al amigo que tan solo busca desahogar  por un momento su frustración.
  3. Comparte con alguien más lo que sabes. Permíteles que se beneficien de tu experiencia, de tus aciertos y de tus equivocaciones y las lecciones que de estas has aprendido.
  4. Sonríe. Sonríe con sinceridad.
  5. Aprende algo nuevo. Asegúrate de que no se te vaya el día sin llevarte una lección más.
  6. Crea nuevas oportunidades para alguien más. Presenta a quienes pueden beneficiarse de esa nueva relación, aún si tu no tienes nada que ganar.
  7. Impulsa el trabajo de otros. Ayúdalos en la medida que puedas a cumplir sus objetivos y a llegar a la meta que quieren alcanzar.
  8. Se agradecido. Agradece profundamente todo lo bueno que tienes en tu vida y agradécelo con sinceridad.
  9. Desarrolla tu talento. Sueña, planea y vuelve a soñar como puedes explotar todas las destrezas, habilidades y fortalezas que tienes. Pero después ponte a trabajar. Acciona y ejecuta tu plan. Arriésgate, equivócate, tropiézate, levántate y vuelve a caminar.
  10. Respeta a los demás. Respeta sus ideas, sus preferencias, sus intereses, su origen, su historia y su trabajo. El que no coincidan del todo contigo, no necesariamente quiere decir que estén mal.

Escoge lo que quieras. Escoge no hacer nada si así lo prefieres. Pero no elijas destruir el trabajo de quienes sí han querido poner su granito de arena, aún cuando la manera en que lo estén haciendo no sea la que mejor te parece a tí. En ese caso, ocúpate de ti mismo y, como dicen por ahí… «live and let live».

10 años

¿Se imaginan a Roger Federer sin entrenar por lo menos 6 horas al día durante tantos años de carrera deportiva?

¿Pueden ver a Stephen Covey sin «afilar su sierra» día con día durante tantas décadas?

¿Pueden imaginar a Karla Wheelock sin prepararse diariamente para escalar su siguiente cima?

Definitivamente todos ellos tienen un enorme talento nato para hacer lo que los ha hecho tan exitosos. Pero más allá de ese talento, su más grande fortaleza radica en entender que su talento no es suficiente y que para llegar a donde han querido llegar es necesario ejecutar y trabajar mucho; muchísimo más que todos los demás.

No estoy seguro si es una moda o el síntoma de una enfermedad de nuestra época, pero cada vez es mayor la cantidad de personas que pretenden generar una artificial y casi espontánea buena reputación solo en base a su talento y no en base a su trabajo, esfuerzo y generación de un real valor para alguien más.

Por supuesto no pretendo, con esto, decir que no deban aprovechar y usar sus más grandes fortalezas para crear y desarrollar su carrera, pero definitivamente no pueden esperar que tan solo estas les lleven al éxito que creen de facto merecer.

«10 años al menos es lo que toma tener un éxito de la noche a la mañana» escuché decir alguna vez a Seth Godin, refiriéndose a la absoluta importancia de trabajar intensamente, con pasión, entrega y disciplina en la ejecución y realización de tus planes.
10 años de esfuerzo y trabajo para desarrollar, potencializar y pulir tus talentos y entonces, después de eso 10 años, seguirán otros 10 años y 10 años más para mantenerte en donde quires estar.

Por supuesto está muy bien confiar en tus más grandes fortalezas y enfocarte en desarrollar y afilar tus más destacados talentos para crear y desarrollar tu carrera profesional, pero no importa que tan especiales sean estas, sino los aprovechas con disciplina, enfoque y trabajo,  más seguro que no, no llegarás muy lejos.

¿Eres feliz?

Así que, después de tantos años, obtuviste el puesto que siempre creíste merecer. Ahora ¿Eres feliz?

Por fin pudiste hacerte de la casa que durante tanto tiempo habías soñado. ¿Eres feliz?

Ya lograste comprar ese coche de lujo que tanto ansiabas conducir. ¿Eres feliz?

Te dieron ese diploma o título con el que estabas convencido que serías una persona mucho más importante de lo que eras. ¿Eres feliz?

Con que ahora sí has podido hacer ese gran viaje que desde hace tantos años estabas planeando. ¿Eres feliz?

No soy ningún experto en felicidad y, más frecuente que no, me hago la misma pregunta: ¿eres feliz?
Pero me parece que Jennifer Aaker y Andy Smith, co-autores de The Dragonfly effect tienen un punto importante cuando, en la introducción de su libro mencionan que “lo que tipicamente crees que te hará feliz, no lo hace: una casa, un mejor sueldo, etc.” y que “La gente más feliz es la que ha dejado de buscar la felicidad, para buscar un propósito y un impacto positivo y sustentable, en su lugar”.

Interanste planteamiento sobre el cual vale la pena pensar.

Y en tanto, tú ¿eres feliz?

¿Algún otro consejo que me quieran compartir?

  • Ten claro cuales son tus prioridades en la vida: la familia, la salud, el bienestar.
  • No tengas un plan de carrera. Ten un plan de vida. Define que quieres de la vida y como quieres vivirla.
  • No caigas en la tentación de la escalera corporativa, los grandes sueldos y los títulos nobiliarios. Si solo te enfocas en estos, tarde o temprano seguro que los obtendrás, pero tan solo lo harás para luego descubrir que, a pesar de todo lo que haz logrado, estás haciendo exactamente aquello que no te hace feliz.
  • No busques trabajo, más bien encuentra un motor económico que te ayude a construir la vida que quieres vivir, haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer.
  • Jamás ignores o digas que no a un abrazo, a una caricia o a un beso de tus seres más amados. Después de todo, cuando todo termine ellos son quienes estarán a tu lado.
  • Manten tu vida simple y sencilla. Tener lujos está bien pero jamás deben serte necesarios para vivir. Conoce y define bien tus necesidades para vivir bien y todas las noches poder dormir.
  • Cuida tu salud y mantente en buena condición física, la necesitarás para seguir luchando y para disfrutar tus logros también.
  • Mantente siempre fiel a tus principios y valores, estos simplemente no son negociables o intercambiables.
  • Conoce tus fortalezas y tus áreas de oportunidad; y enfócate sobre todo a mejorar las primeras.
  • Se autentica y profundamente agradecido con la vida y con quienes te rodean.
  • Rodéate de quienes te inspiran a esforzarte para ser mejor. Si crees que eres el que más sabe o más puede en la habitación donde estás, seguramente no te encuentras en donde deberías estar.
  • Estudia, lee, escucha música, conoce gente nueva y aprende de ellos.
  • Viaja y conoce otras maneras de ver la vida. 
  • Aprende a descansar y a recrear.
  • Pasa tiempo contigo mismo y aprende de la soledad.
  • Házte de un coach y de un mentor. El mentor te compartirá todo lo que sabe y te mostrará su camino. El coach te acompañará y apoyará en el recorrido de tú propio camino.
  • Asume tu responsabilidad. Habla menos, ejecuta más.
  • Se siempre humilde, honrado, amable, considerado y honesto con los demás.
  • Da de ti, de tu tiempo, de tu experiencia y conocimiento y haz muchos más favores de los que puedes pedir.
  • No solo busques aprovechar cada oportunidad que se presenta ante ti, crea oportunidades para los demás también.

Son solo algunas de las cosas que me recuerdo a mi mismo cada vez que me encuentro preguntándome que debo hacer para continuar construyendo la vida que quiero vivir.

Y ustedes ¿Qué otros consejos me quisieran compartir?

Equivocarse está bien, no hacerlo, no.

¿Cuándo fue la última vez que se equivocaron? ¿Cuáles fueron las consecuencias de su error? ¿Qué aprendieron entonces y cómo aplicaron su lección?

¿Cuándo fue la última vez que criticaron a alguien por el error que cometieron o peor aún lo juzgaron y condenaron, haciéndolo que “pague” por su equivocación?

Equivocarse está bien. Hacerlo muchas veces y con frecuencia ¡está muy bien! Quiere decir que seguimos intentando, que estamos aprendiendo y cada vez más acercándonos a aquello que queremos lograr.

Cometer exactamente el mismo error una y otra y otra vez, no está bien. Tenemos que aprender a reconocer con humildad cuando nos hemos equivocado y abrirnos a aprender la lección que ese difícil momento nos da.

Jamás cometer un error, está simplemente mal.  Presumir que nunca te has equivocado es confesar que nunca te has arriesgado a hacer algo nuevo y que ni siquiera lo has querido intentar.

Y criticar y condenar a quienes se equivocan una y otra vez, mientras observan seguros y cómodamente detrás de un escritorio es mucho, muchísimo, peor.

Así que si en algún momento sentimos las ganas de criticar a alguien en nuestro trabajo, en nuestra familia o en nuestro círculo social, por el error que cometieron, tomémonos un momento para preguntarnos ¿Y últimamente en qué me he equivocado yo?

 

Nuestra carrera y la sostenibilidad.

Sustentabilidad. Una palabra muy en boga últimante y un concepto que le ha estado dando muchas vueltas a mi cabeza en los últimos meses.

Hoy no resulta extraño escuchar la palabra “sustentabilidad” en todo tipo de plática, desde una conferencia en la que el tema central es la responsabilidad social y las práctica sostenibles de la empresa, hasta en charlas en la mesa de al lado donde hablan de las prácticas ecológicas que cada quien tiene en su casa mientras, quienes platican, beben café en un vaso de papel reciclado.
Vaya, hasta un cursos sobre energía personal sustentable, tuve oportunidad de tomar hace poco más de un mes, en el que el concepto rector es la buena administración de nuestra energía personal como recurso auto-sustentable.

Sin embargo, hasta ahora, no he escuchado a muchos hablar sobre la sostenibilidad de nuestro desarrollo profesional y personal.

Carreras profesionales y vidas sustentables.

“No me importa todo eso que dicen del coaching, ni del balance de vida con el trabajo, mucho menos del “work smart” y que puedas hacer bien tu trabajo en menos horas, lo cierto es que, en esta organización, la gente que más crece es la gente que trabaja más horas y hace más cosas”, me respondía el “country manager” para México, de una muy importante empresa global, ante mi aseveración sobre la enorme importancia de apreciar y reconocer el esfuerzo de los integrantes de una organización y del crucial respeto que hay que tener por su vida personal, sus intereses particulares y desarrollo personal.

De acuerdo a varias definiciones, el término sustentabilidad se refiere al equilibrio que hay entre una especie con los recursos del entorno al cual pertenece. En otras palabras, la sustentabilidad, trata de satisfacer las necesidades de la actual generación pero sin que por esto se vean sacrificadas las capacidades futuras de las siguientes generaciones.

Pero si seguimos el camino que esta persona sugiere y solo trabajamos largas horas, haciendo más y más para satisfacer nuestras necesidades de desarrollo profesional y las de la empresa para la que laboramos ¿no estaríamos, precisamente, descuidando totalmente las necesidades del resto del ecosistema social al que pertenecemos? ¿en verdad es sostenible esa manera de trabajar?

Es entendible y deseable querer desarrollar una sólida y éxitosa carrera profesional llena de ascensos meteóricos y la acumulación de incrementos salariales; es totalmente necesario que todos busquemos la mejor forma de cubrir las necesidades económicas, de seguridad y estabilidad de nuestras familias; y es absolútamente importante que todos seamos agradecidos y leales a la organización para la que trabajamos. Pero ¿hasta qué punto tenemos o podemos llegar sin sacrificar otros aspectos de nuestra vida y de la de los demás?

Y no solo me refiero a cuidar el tiempo de descanso y distracción, como muchos, equivocadamente, creen que es tener un balance entre lo personal y lo laboral, sino a un equilibrio básico que, como personas, tenemos que cuidar para desarrollarnos, sí en lo profesional, sí en lo personal, pero también en lo familiar, en lo social, en nuestra comunidad y en lo cultural.

¿Dónde está el equilibrio? ¿Hasta dónde podemos llegar, sin que el viejo modelo industrial en el que alguien tiene que perder para que otros puedan ganar, termine por romper el poco balance que queda? ¿Cuántos profesionales con crisis nerviosas o agotamiento por estrés, cuánto talento desperdiciado y sin desarrollar, cuántas más familias con hijos descuidados y desatendidos tenemos que tener a cambio de una oficina ejecutiva más?

Y con esto, para nada pretendo decir que no debemos trabajar ni que debamos hacerlo con menor tesón, por el contrario, siempre debemos hacerlo con dedicación y pasión, pero esa misma dosis de pasión, de enfoque y dedicación la debemos de inyectar a los otros aspectos de nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro cuidado personal, a nuestra cultura y a nuestra comunidad.
Porque ¿por qué habría que sacrificar uno o varios aspectos de nuestra vida por uno solo nada más? ¿Sería eso sostenible? La respuesta, creo que yo, es para cada quien algo muy personal.