Lo mejor de tu plan… es ponerlo en acción.
Imagina que durante 30 años ahorras el dinero suficiente para comprarte un Ferrari, un avión o un yate. Piensa todo lo que durante todo ese tiempo investigaste y aprendiste sobre autos, aviones o barcos, imagina que a lo largo de este tiempo te preparaste día tras día para aprender a navegar, volar o conducir y hasta el traje de piloto o capitán que conseguiste para ti.
Imagínate que pasaste 30 años preparándote para realizar tu sueño y el momento ha llegado al fin; entonces corres a comprarlo, lo tienes en tu poder y ahora que es momento de echarlo a volar y ya con el traje de piloto puesto lo dejas estacionado en su hangar. Y así, con el pretexto de mejorar sus alas, sus interiores, su motor o hasta tu traje de piloto, dejas que pasen otros tantos años más.
¿Ridículo? Sí. Y sin embargo eso es justo lo que hacemos todos los días cuando nos la pasamos soñando y planeando, ideando y soñando un poco más.
Creamos planes, los delineamos e incluso detallamos rutas críticas de cada paso que debemos tomar. Precisamos el qué, el cómo, el dónde y el cuándo. Delineamos planes dignos del mejor estratega, y entonces, justo cuando es momento de implementarlos…volvemos a planear.
Disfrazamos nuestro miedo a la acción de “redefinición” y así como dice el dicho: “afinamos nuestro instrumento durante todo el invierno, lo volvemos a afinar en primavera, verano, otoño también, hasta que llega el siguiente invierno y nunca tocamos nuestra canción”.
No importa si se trata de un proyecto en el trabajo, un plan de carrera o un proyecto personal; contínuamente ponemos como pretexto que no es el mejor momento para arrancar y ejecutar nuestro plan. Pensamos que aún tenemos que esperar a que las circunstancias sean más favorecedoras, a que haya más gente interesada, a que las cosas “pinten mejor”.
Y lo cierto es que jamás habrá un momento ideal, este concepto es solo la triste excusa que frecuentemente usamos para esconder nuestro temor.
Porque el mejor momento para comenzar con tus planes es hoy.
Seguro enfrentarás sinsabores y algunos momentos de mucha frustración, habrá incluso etapas en las que deberás reajustar alguna parte de tu plan, pero nada de esto es pretexto para dejarlo de ejecutar.
Si creaste un plan es porque tienes un objetivo al que quieres llegar, porque tienes una meta clara que alcanzar y porque te crees capaz de lograrlo. Demuestra entonces que tienes lo que se necesita para hacerlo y comienza ya a implementar tu plan porque una cosa es muy cierta: Nada sabe mejor que poner tu plan en acción.
¿Lo recuerdan?
¿Lo recuerdan? Esa sensación cuando éramos niños y estábamos a punto de vivir algo nuevo. Lo sentíamos cada año escolar que comenzaba, cada navidad esperando a Santa Clause o cada noche de verano en la que dormir resultaba imposible ante la víspera del viaje de vacaciones que al día siguiente emprenderíamos con nuestra familia. Lo sentimos durante años y años, en distintas etapas de nuestra vida, al pasar a secundaria o al graduarnos de la Universidad o cuando por fin conseguimos nuestro primer trabajo formal.
Pero el ser humano es rutinario por naturaleza y después de un rato el olor a nuevo de esos días se va perdiendo ante la repetición casi automática de aquellas actividades del día a día que en un inicio pensamos que nunca nos hartarían.
Entonces tratamos de suplir lo aburrido de nuestra cotidianeidad con placebos alternativos que en muy poco tiempo terminan por gastar su novedad. Compramos alguna prenda de moda, un viaje de fin de semana o nos mudamos de casa, incluso algunos de país.
Pero olvidamos que no importa cuántos cambios hagamos, siempre habrá la misma constante en todo lo que hagamos: nosotros mismos.
Y así cada vez que “cambiamos” algo en nuestra vida, al poco tiempo volvemos a sentir que nos falta esa emoción de hacer lo que queremos hacer; y todo porque entre tantos cambios y cambios, perdemos de vista que lo que en realidad tenemos que cambiar es nuestra actitud.
Dejar atrás aquello que no nos gusta hacer pero que creemos que no tenemos otra opción más que hacerlo, perder el miedo a arriesgarnos a hacer lo que en el fondo sabemos que más queremos y mejor sabemos hacer. Vernos al espejo y decirnos a nosotros mismos que merecemos darnos la oportunidad de dar un giro real a nuestra vida, tomar la iniciativa y volver a sentir esa profunda emoción que esta noche, después de tantos años, no nos dejará dormir otra vez.
¿Lo recuerdan? ¿Y qué esperan para vivirlo otra vez?
El hábito de agradecer.
¿Qué tan agradecido eres?
Y no me refiero nada más a si aprecias o no todo lo bueno que tienes en la vida.
Por supuesto esto es clave, he descubierto y comprobado en los últimos años, para ser más feliz.
El simple hecho de contar todos los días todas las razones por las que debes estar agradecido, te hace, con el tiempo, darte cuenta de lo realmente afortunado que eres y eso en sí, simplemente te hace sentir mucho mejor.
Agradecer cada día al despertar que tenemos un día más para hacer lo mejor que podamos para nuestra vida y la de los demás, agradecer que gozamos de buena salud, agradecer que nuestra familia está sana y segura, agradecer que estamos rodeados de amigos y seres queridos, agradecer que tenemos que levantarnos temprano para ir a trabajar, agradecer que tenemos un hogar, agradecer que estamos vivos, sencillamente nos hace estar mejor.
¿Pero saben que otra forma de agradecimiento nos ayuda a sentirnos mejor también? Cuando le damos las gracias a alguien por lo que hizo por nosotros, cuando le dejamos saber lo mucho que apreciamos su presencia en nuestra vida y el impacto tan grande que en realidad tiene en esta por todo lo que hace, su ayuda, sus lecciones, su apoyo y comprensión.
Decir gracias no es indicación de una buena educación es, más bien, símbolo de un gran corazón.
Dar las gracias es gratis y sin embargo cuando esa palabra sale desde el corazón, vale mucho más que cualquier reconocimiento material.
Dar las gracias con sinceridad es más un hábito personal que una costumbre social, pues se trata de apreciar de verdad lo que hacen los demás. Y como todo hábito, a ser agradecido se aprende, se practica y se adopta como una manera de vivir.
Así que no queda más que preguntarnos cuántas veces damos las gracias de verdad y cuanto más lo habremos de hacer a partir de hoy.
De modo que a todos ustedes por compartir en DLC, gracias, grazie, thank you, merci, danke, obrigado, arigato, spacibo, salamat.
Y el carrusel sigue girando…
Esto sucedió hace algunos años ya: 5 profesionales de la mercadotecnia digital nos encontrábamos reunidos en un obscuro y escondido rincón del área de exhibición del festival creativo que estaba por comenzar; y mientras Dani, Zemog, Calleja y yo, liderados por Miguel Carlderón, calificábamos lo mejor de los pocos trabajos digitales que habían sido inscritos, el resto de los jurados trabajaban en grandes habitaciones calificando a lo mejor de la publicidad.
Dos años más tarde, me encontraba en una reunión a la que asistieron distintos participantes importantes de la industria de la mercadotecnia y la comunicación. Algunos trabajaban desde hacía ya tiempo en medios digitales y otros teníamos tan solo algunos años haciéndolo, pues veníamos del mundo de la mercadotecnia “tradicional”. Y sin embargo, todos nos conocíamos ya. Ya con la mayoría había tenido la oportunidad de colaborar, solo que esta vez algo se notaba diferente: el carrusel de la industria había girado nuevamente y, como sucede casi casi en ciclos perfectamente definidos, todos habíamos cambiado de lugar; quienes trabajaban para la empresa A ahora lo hacían para la C y los que estábamos en la organización B, ya trabajábamos para la A.
Todos viejos conocidos, haciendo cosas “nuevas”, pero prácticamente ni un solo rostro nuevo alrededor.
Y así, casi al mismo tiempo algunas caras nuevas comenzaron a surgir; empresas y operaciones independientes, desarrolladores de sitios y tecnología empezaron a ofrecer los servicios de marketing interactivo que las grandes agencias y anunciantes por tanto tiempo habían ignorado ya.Gente brillante, excelente para desarrollar y producir más no para hacer mercadotecnia y publicidad.
Pasó el tiempo y pude ver como la rueda giraba otra vez y como muchos de esos viejos y ahora también nuevos amigos intercambiaban una vez más su lugar.
Durante un par de años la industria giró y giró, casi como si quisiera que la fuerza centrífuga de sus giros la hiciera crecer, olvidando que justo como cuando hacemos girar un removedor en leche, lo único que crece es la ilusión de las burbujas de aire y nada más.
Cada vez más de esos amigos iban cayendo en la opresiva persecución de la cuota anual o trimestral.
Excelentes directores creativos ahora parecían directores de finanzas, los desarrolladores que tanto comenzaron a aportar ahora comenzaban solo a querer cobrar. Y así también, quienes tanto promovían y navegaban con la bandera de la formación, la dejaban tirada por perseguir su bono anual.
Y por unos años funcionó. La industria creció. Tan solo un par de puntos porcentuales que inflaron las burbujas, pero creció.
Y hoy el carrusel está nuevamente a punto de girar. No conozco una sola organización, anunciante, medio o agencia que no tenga grandes objetivos de crecimiento en el corto, mediano y largo plazo y que no estén teniendo problemas reclutando el talento que requieren para hacerlo.
Reclutarlo digo porque prácticamente nadie quiso darle el peso debido a la formación de su personal actual. Todos se ocuparon de vender y cobrar y nunca de desarrollar. Tanto así que incluso hace poco alguien me replicó: “No me importa entrenar a nadie si no me compran a mi”.
Y ahora, que tanto medios como agencias y anunciantes requieren de un equipo mejor preparado para enfrentar la realidad del mercado actual nos damos cuenta de que nuestros equipos aún manejan los mismos paradigmas de hace años. Al grado que incluso algunos de quienes trabajan del lado de los medios “innovadores” trabajan bajo la caduca idea de que alguien tiene que perder para que ellos puedan ganar.
Y no se limita esto a los medios nada más. Muchas veces he escuchado ya a distintas agencias decir que no quieren entrenar a nadie pues no vaya a ser que la competencia se los vaya a llevar…
Así que el problema ahí está, el talento de la gente que se quiere preparar y entrenar también y solo hace falta de abramos los ojos y comencemos a desarrollar el talento de la la gente que durante años ha estado aquí esperando a que la queramos impulsar.

Haz algo diferente en tu plan de trabajo anual.
Un poco tarde en el año a decir verdad, pero lo estarás haciendo de cualquier manera.
Y si en tu empresa trabajan de manera similar con respecto a sus procesos de planeación, seguramente estarán revisando los reportes de ventas, los balances de resultados, los éxitos logrados y los que se quedan pendientes para el próximo año.
Y finalmente estarás definiendo los objetivos y métricas de éxito para el 2010.
Solo que este año puedes hacer algo diferente.
Este año en lugar de plantear un plan de negocios fríamente calculado para ver cuánto dinero puedes obtener de cada uno de tus clientes basado en proyecciones tan típicas como el tamaño de la industria, su crecimiento anual y por lo tanto qué porción del pastel que crees que te debe corresponder y hacer cálculos tan absurdos como:
“Si de la industria A, el valor de inversión total se divide en 70% xx y 30% YY y de YY el 50% es de ZZ, como yo soy Z entonces me tienen que dar 15% del total de la inversión de la industria.”
Para que luego de un tiempo plantees preguntas tan sin sentido como: “por qué el cliente no me quiere comprar, si me tiene que dar el 15% de su inversión?”, seguido por frases tan absurdas como “es que seguro no entiende mi producto” o peor aún “el cliente es un verdadero idiota porque no acepta que mí producto es el mejor de todos y no lo quiere comprar”.
Pensar así es venir de un modo de escasez, carencia y egoísmo. Y de eso, ya hay mucho en el mundo.
Este año tu planteamiento puede ser mucho más enriquecedor. Este año puedes mejor plantearte que vas a hacer para entender mejor las necesidades de tu industria, de tus clientes y de tus socios también. Puedes responderte qué es lo que vas a hacer para que asegurarte de darles tú, una mucho mejor solución. Cómo harás para agregar un verdadero valor a la vida de los demás; y por supuesto que ingresos tendrás para poder sostener tu operación de manera rentable, pero no para enriquecer a unos cuantos nada más, sino para mantener a tu organización viva, productiva, colaborativa y aportando a tu vida y a la de los demás.
Idealista, inocente? Sí, tal vez. Pero quizás es justo eso lo que hace mucha falta en el mundo hoy. Más idealistas e inocentes que en lugar de pensar en cómo consumir los recursos del de al lado, piensen en como juntos pueden crear más recursos para ellos y para los demás.

Apurándose a fallar una vez más.
Serios profesionales deseosos de que alguien más les de la fórmula secreta para lograr lo que quieren lograr.
Esperando, preguntando, esperando de nuevo y sin tener la más mínima intención de ellos intentar…y seguramente por muchos años más, así se van a quedar.
Y lo peor es que no existe una fórmula secreta para ganar.
La única manera para comenzar a ser exitoso es decidirse a intentar, a arriesgarse, quitarse el miedo, atreverse, esforzarse, estudiar y trabajar.
“Apurarse a fallar” como algunos grandes líderes como Seth Godin or Robin Sharma le llaman.
Vencer el miedo y hacer lo que otros no quieren intentar.

Parásitos vs colaboración
De acuerdo a la Real Academia de la lengua Española la palabra parásito define a «un organismo animal o vegetal que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y desgastándolo sin llegar a matarlo.»
También define a «una persona que vive a costa ajena.»
Y cosa increíble resulta que aún en esta época que muchos hemos calificado con la «era de la colaboración», aún veamos a algunos parásitos merodeando día con día por ahí.
Los vemos de distintas formas, todos los días. Desde el hombre sano de casi 40 años de edad que aún vive dependiendo de sus papás, hasta las empresas que absolutamente nada regresan a su comunidad. Lo vemos también en los empleados que deciden hacer una carrera anónima en la organización para la que trabajan y que cada día asisten a cumplir con el mínimo indispensable para seguir cobrando su salario sin tener que esforzarse ni un poco más y evitando ser visto ni para bien ni para mal; y lo vemos peor aún en el vendedor que solo está buscando la manera de, literalmente, arrebatarle el dinero a sus clientes, o en unos casos, hasta a sus compañeros de trabajo para cumplir con la cuota del mes.
En la biología, se cree que en algunos casos, este tipo de relación puede evolucionar, a lo largo de muchas generaciones de parásitos y hospedadores, a una simbiosis mutuamente beneficiosa.
Pero para mala suerte de los parásitos profesionales, esto no es así.
Trabajar con la cabeza agachada para que nadie allá arriba te vea y te dejen en paz, no funciona; siempre habrá quien claramente te puede ver.
Ser una empresa que solo quiere vender y cobrar tampoco funciona; más temprano que tarde la gente se da cuenta de esto y simplemente se aleja de ti.
Y tratar de sangrar a tus clientes y colegas como si fueran un barril sin fondo, funciona aún menos que lo anterior; siin duda alguna ese pozo muy pronto quedará seco.
Hoy no debemos pensar en solo sacar y sacar. Necesitamos poner.
Hoy no podemos más tratar de solo obtener algo de los demás.
Por el contrario, hoy más que nunca necesitamos aportar, necesitamos generar, necesitamos contribuir a la vida de los demás.
No se trata de impactar a millones y millones de personas, aunque si lo podemos hacer, no estaría nada mal.
En tanto, basta con que cada día que pasa toquemos la vida de una persona más para saber que por fin hemos empezado a aportar a la vida de los demás.
Así que te pregunto: ¿seguirás siendo un parásito o comenzarás a colaborar?
Es tu reflejo el que estás mirando.
Una de las cosas que más disfruto de mi trabajo al dar conferencias y talleres, es la oportunidad de aprender de los demás.
Verán, para algunos parecería que quienes estamos al frente hablándole al público somos los que estamos ahí para enseñar; pero en realidad, además de asistir para compartir lo poco que sabemos , estamos ahí también para aprender, para conocer otros puntos de vista, nuevas ideas y hasta para recordar algunas de las cosas que a veces parecemos olvidar.
Y este fue el caso de lo que sucedió el Sábado pasado durante mi participación en Merkado 2009 de AcaClub, en Acapulco. Justo al término de la charla, durante el espacio de preguntas y respuestas fue que uno de los asistentes, con su pregunta, me recordó que todo lo que hacemos en nuestra vida, absolutamente todo, deja una huella de quien somos; en otras palabras es un reflejo de nosotros.
Les cuento, esta persona, un estudiante de mercadotecnia, me hizo una pregunta que probablemente muchos se han hecho ya: “¿Qué pasa con tanto contenido “light” o “rápido” que puedo consultar y copiar sin problemas? ya no tengo que leer ni investigar para hace un trabajo, todo lo puedo bajar de Internet, no leo más libros sino los “reviews” de otros quienes sí leyeron el libro y lo que yo escribo son “tonterías” en Twitter y otras redes. ¿Qué van a hacer para evitar que la era de la conversación como tu le llamaste, no se convierta el año próximo en la era de Bob Esponja?”
Entonces, la primer respuesta que vino a mi mente y saltó de mi boca fue explicarle como hace quince años, cuando estudiaba yo la carrera de comunicación, la pregunta que se planteaba en ese entonces era que se debía hacer respecto al alto contenido bélico y erótico que se distribuía en los medios masivos; y la respuesta era tan pasiva como la acción que se proponía: “Apaga la tele o cámbiale de canal”. ¿Solucionaba el problema? No, pero por lo menos daba una salida fácil a quien lo necesitaba hacer.
Sin embargo, le dije al personaje en cuestión, hoy los medios interactivos nos permiten ser muchísimo más activos que los medios como la televisión. Hoy, no nos tenemos que conformar con un simple “aprieta el botón de off”. Hoy nosotros mismos podemos asegurarnos, no solo de consumir solo el contenido que creemos es de suficiente calidad para nosotros mismos y ser mucho más selectivos al respecto, sino que también podemos o debemos, mejor dicho, contribuir a la generación de contenido de gran valor, para nosotros y para los demás.
Hoy los medios digitales nos abren la puerta a una real conversación y a una auténtica interacción. Hoy uno no necesita de una gran editorial para ser un autor publicado, basta con decidirse a escribir y compartir a través de plataformas como Blogger o WordPress. Tampoco uno requiere de un canal de televisión para producir y distribuir sus videos, es suficiente armarse con una sencilla cámara de video y un canal de usuario en YouTube para compartir con millones de personas lo que hacemos. Y por supuesto, hoy no es indispensable contar con una estación de radio, simplemente podemos usar plataformas como Audacity o Shoutcast para crear nuestro propio podcast o un programa en vivo también.
Pero sobre todo, hoy no tenemos que consumir el contenido que solo unos deciden distribuir o imponer sobre los demás. Hoy podemos elegir lo que queremos ver, cuando lo queremos hacer y en donde lo preferimos consumir.
De modo que hoy no se vale quejarse de lo que hacen los demás. No es válido decir “¿Qué van a hacer los demás?” porque hoy más que nunca la responsabilidad y la capacidad de escoger, de colaborar y contribuir está en nuestras manos.
Así que la próxima vez que pienses que el único contenido que tienes hoy es el de Bob Esponja, recuera que lo que ves, es un reflejo de lo que tú mismo haz creado.

¿Por qué hacemos las cosas que hacemos?
¿Qué nos motiva? ¿Trabajamos por dinero o por seguridad o porque es lo que se supone que debemos hacer? ¿Por qué ayudamos a alguien? ¿Esperamos algo a cambio ó le debemos algo?
¿Existe gente que aún haga cosas por el gusto de hacerlas, por tener un propósito en la vida, por creer apasionadamente en un ideal o simplemente tan solo por el placer de ayudar?
Este fin de semana comprobé que sí, y para muestra un botón…o cuatro en esta ocasión.
Imaginemos esto…
Primero, una señora que en su rostro sonriente refleja sus más de 70 años, atendiendo una tienda de recuerdos y regalos en un hotel (una de estas tiendas en las que se supone todo lo que ahí se exhibe, se vende a un precio mucho mayor al de cualquier otra tienda). La señora voltea a amablemente saludar y atender a la mujer que acaba de entrar en busca de una bolsa sencilla donde poder llevar un par de botellas que, en un evento, a ella y a su esposo, les acaban de regalar. La tienda ofrece distintos modelos de bolsas o morrales artesanales que justo podrían cumplir con esa función. La tienda está vacía, de modo que una venta así de inesperada, no le caería nada mal. Pero entonces, en lugar de brincar como tigre sobre su presa, la señora se agacha a buscar algo debajo de su escritorio y sale con dos bolsas de papel con asas, en las que entrega la mercancía que vende y se las regala sin más ni más a la mujer que seguramente, por necesidad y falta de opciones, le hubiera comprado las otras bolsas en ese momento. Y no solo eso, sino que la señora toma las botellas y, como si hubiesen sido mercancía que ella vendió, las envuelve en papel periódico y cuidadosamente las guarda en las bolsas de papel, mientras sonríe como solo alguien con la conciencia limpia y llena de alegría, pueda sonreír.
Ahora imaginemos a una mesera en un restaurante a la 1:30 de la madrugada quien, cuando se lo pidieron, en lugar de decir un simple «lo siento no tenemos», fue en busca de su propia bolsa de mano y de ella sacó un gel anti-bacterial personal que compartió gustosa con su comensal, o un mesero que en vez de quedarse satisfecho con responder un «no se» se retira de la mesa para al rato regresar y decirte «Disculpe que no sabía, pero ya fui a preguntar y lo que usted busca está…»
Imaginemos también a un grupo de estudiantes que sin puntos extras que ganar, ni la promesa de aprobar una materia en especial y por supuesto sin ninguna compensación económica, toman la iniciativa de participar en la logística de un congreso local, donando su tiempo y su trabajo como si en verdad les fueran a pagar.
Y finalmente imaginen a un grupo de jóvenes profesionales que tienen un sueño, pero no un sueño cualquiera de hacer fortuna y generar fama con su carrera profesional como todos los demás, sino el sueño de hacer que su ciudad y su estado puedan generar mucho más de lo que hace hoy.
Y así, con nada más que ese sueño en mano, emprenden la aventura de crear un congreso sobre mercadotecnia y publicidad en una ciudad que se caracteriza por no darle mucha importancia a estos temas. Y no lo hacen porque a falta de competencia, pueden abrir un nicho rentable que les represente un gran negocio, pues al contrario ellos han tenido que poner de sus propios recursos para hacerlo. Lo hacen porque saben que es lo que tienen que hacer para impulsar a su ciudad y ayudarla a crecer.
Ninguno de los cuatro casos ganó más dinero por hacer lo que hicieron. Ninguno tendrá, por el momento, más clientes ni más ingresos por haber hecho un esfuerzo más allá de lo esperado, pero todos tienen la certeza de haber hecho lo correcto, de haber seguido a su propia voz; y cuentan con la satisfacción de haber dado algo más de sí; y con la certeza de que colaborar así es la clave para sobre salir.
Qué gran ejemplo me han dado. Gracias Oaxaca. Gracias Fusionados 2009. Gracias por la lección.
5 Grandes lecciones de una gran persona.
“Nos ganamos la vida con lo que recibimos, pero nos hacemos una vida con lo que damos”, decía Sir Winston Churchill.
Y la semana pasada pudimos conocer en persona a alguien que definitivamente ha hecho una ¡Enorme vida!
Vinton Cerf, conocido como uno de los co-inventores de Internet y su arquitectura y creador de los protocolos TCP/IP (para quienes no hayan escuchado estos últimos jamás, básicamente la razón por la que en estos momentos estén conectados leyendo este blog), estuvo de visita en la Ciudad de México la semana pasada, compartiendo sus puntos de vista, opiniones y por supuesto conocimiento con organizaciones gubernamentales, iniciativa privada, medios y estudiantes.
Y aunque sería interesantísimo resumir sus puntos de vista respecto al desarrollo del ecosistema de Internet en México, el mundo y hasta en el espacio (sí, este señor ya se encargó de desarrollar las conexiones del Internet interplanetario), he preferido dejar eso para otros medios que hacen un gran trabajo al hablar de eso y enfocarme a comentar 5 grandes lecciones de vida que Vinton Cerf con nosotros durante su visita y que son de absoluta importancia para el desarrollo de nuestra marca personal y profesional:
1. A pesar de todos tus logros, nunca olvides ser humilde y sencillo.
Si tuviese que elegir solo un rasgo que destacar de este señor, sería su sencillez y humildad.
Este señor, es un personaje que hace más de 40 años hizo historia. En las facultades de ingeniería, tecnologías de la información y sistemas lo estudian ya desde hace décadas y nuestros hijos lo estudiarán cuando lleven la materia de historia universal, junto con personajes como Alva Edisson, Graham Bell y otros más; y sin embargo se conduce con la simplicidad y gracia de un maestro que busca ayudar a sus estudiantes compartiéndoles lo que sabe.
2. Se consciente de tu entorno y mantente alerta a las oportunidades que la vida te trae.
¿Cuántas oportunidades no habremos dejado pasar ya por despreciar o minimizar nuestro trabajo? Vint nos compartió: “Fui muy afortunado por estar en el lugar correcto en el momento preciso y ser el programador del “Network Measurement Center en UCLA”, lo que lo llevo a ser, en tiempo, el creador del protocolo TCP/IP.
3. Aprende a tomar riesgos aun cuando creas que no podrás.
Seamos francos ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer algo porque estamos convencidos de que no va a funcionar? Vint nos cuenta como aprendió a “Tomar el camino más arriesgado y como este fue siempre el más interesante”.
4. Rodéate de gente que te rete a ser mejor, no te quedes con un simple “no se puede hacer algo” porque ya lo intentaste una vez y rodéate de las personas que te pueden impulsar a intentarlo una vez más.
5. Aprecia y agradece poder servir a los demás.
Esta fue, después de la sencillez con que se comporta, la lección más importante para mí.
Deja de quejarte porque tu trabajo no es lo que esperabas, porque es aburrido o muy difícil, porque tienes clientes malos que no te entienden o por las razones que quieras inventar.
La realidad es que todos, deberíamos estar agradecidos de poder servir a los demás y apreciar, como Vint Cerf, la oportunidad de hacerlo.
Quisiera poder resumir todo los puntos que Vint Cerf compartió con nosotros hace unos días, pero tal vez no le haría suficiente justicia, así que mejor los dejo con esta nueva conversación con Vinton Cerf, una gran persona agradecida por poder servir a los demás.
Date la oportunidad.
¿Cuántas cosas no dejamos de hacer todos los días por temor, por apatía, por costumbre, por prejuicios y que se yo que más?
¿A cuántas personas no habremos ya mal juzgado y de cuántas amistades no nos habremos perdido ya? ¿Cuántas oportunidades habremos de dejar pasar antes de atrevernos? ¿De cuántos sí nos habremos perdido por miedo a tener un no? ¿Con cuántas preguntas sin respuesta nos pensamos quedar?
Cada día que pasa es una nueva oportunidad para conectar, para aprender, para crecer, para ayudar; y sin embargo cada día dejamos pasar toda posibilidad. ¿Por qué?
Pensando en todo esto no pude evitar recordar el tema de la película The bucket list. ¿La recuerdan? Esa película en la que un envejecido y enfermo Jack Nicholson encuentra accidentalmente a quien llega a ser su más grande amigo, en un también viejo y más enfermo aún Morgan Freeman, con quien escribe una lista de cosas que ambos quieren hacer antes de que las enfermedades de cada uno acaben con sus vidas: viajar al Tibet, visitar el Tajmahal y besar a la mujer más bella que hayan conocido jamás.
Mi pregunta es ¿por qué tenemos que esperar a que una situación tan grave nos suceda para decidir hacer lo que tanto hemos querido hacer?
Tal vez alguien aquí me diga “bueno Efraín, es que cuando uno ver cerca la muerte su visión de vida cambia”.
Les respondo: lo dudo, es más estoy seguro de que no a todos, no siempre, una experiencia así los hace cambiar.
Hace un par de años en un viejo post de este blog comenté que yo estoy convencido de que eso casi no sucede. Una persona cambia su actitud ante la vida cuando está convencida de hacerlo, sino simplemente no lo hace. Me consta.
Yo mismo he vivido situaciones así, personalmente y con seres queridos también, y nada de eso me hizo cambiar mis viejas formas de actuar. ¿Qué fue entonces lo que me hizo cambiar lo que no me gustaba en mí? Decisión, convicción y visión de cómo quería vivir mi vida y nada más.
Entonces quizás alguien me diga: “… es que las circunstancias en las que cada quien vive siempre pueden ser una limitante para hacer lo que queremos, pero tal vez ahora que me cambie de trabajo o me mude, o me jubile…”
Y pienso: ¿De verdad quieren esperar 1, 2, 20 o 40 años más para comenzar a vivir su vida, porque por ahora solo tenemos que trabajar?
En su libro “The 4-hour work week” Tim Ferris nos habla de cómo tomó la iniciativa de integrar dos importantes conceptos – balance de vida y éxito profesional – en uno solo “Life Style Design”, con la premisa básica de que no es necesario esperar un evento que cambie nuestras vidas, ni esperar por décadas para tener el tiempo de hacer lo que queremos hacer de nuestras vidas; y comparte una serie de recomendaciones, pasos y recursos que podemos aprovechar para comenzar a actuar y vivir en la manera en la que queremos hacerlo hoy, y no cuando estemos retirados.
Más aún en su reciente libro “Trust Agents” Chris Brogan y Julien Smith retoman la idea de Tim y explican como la tecnología hoy nos permite, como lo nombran ellos en su libro, crear nuestro propio juego.
Ambas lecturas son realmente valiosas y altamente recomendables y, aunque para mí han sido realmente inspiradores, hoy no pretendo convencerles de hacer un cambio tan radical tan bien como estos tres autores lo pueden hacer.
Sin embargo sí quiero plantear una premisa tan importante como las anteriores, pero quizá es más fácil de implementar desde ya: Darse la oportunidad.
Darse la oportunidad de pensar, de pedir, de preguntar, de enseñar, de compartir y de buscar; regalarse la posibilidad de hacer algo más, de viajar, de aceptar ayuda y dar, de conocer gente y no calificar. Todos los días darse una oportunidad de vivir cada día un poco más como queremos vivir.
Como dice Robin Sharma, el más largo de los viajes comienza con el primer paso y cada gran logro está formado de pequeñas victorias que conquistamos paso a paso, día con día.
Así pues ¿Qué oportunidad se piensan dar hoy?

